Por: M. María del Cielo, SSVM

 

Las palabras del Arcángel Gabriel a María en la Basílica de la Anunciación el pasado 25 de marzo resonaron con una fuerza especial este año. La Santa Misa tuvo lugar en la Iglesia superior que guarda como en un cofre parte de la Casa de María, el lugar Santo sobre el cual el cielo se rasgó…y el Verbo de Dios se hizo carne, en el seno purísimo de María. 

La Santa Misa fue presidida por Mons. Pierbattista Pizzaballa, Patriarca de Jerusalén y concelebrada por algunos obispos, como Mons. Rafic, obispo auxiliar de Nazaret, y muchos sacerdotes de la Diócesis, entre quienes estaban los sacerdotes del IVE en Tierra Santa. 

Un grupo grande de Servidoras de distintas comunidades también nos hicimos presentes, pero este año nos acompañaban diez peregrinas del primer grupo de hermanas de nuestro Instituto que hizo sus votos perpetuos.

El Patriarca se refirió en su homilía a las palabras de esperanza del Arcángel San Gabriel a María: «Y he aquí que concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande… y su reino no tendrá fin». (Lucas 1,31-33).

Por su gran importancia, desearía citarla en su totalidad, pero para no alargarnos mucho, los remito al link de la página del Patriarcado Latino de Jerusalén, donde la pueden encontrar en distintos idiomas1.

Para comprender mejor sus palabras, quisiera explicar el contexto actual en Tierra Santa. En las últimas semanas se han dado varios ataques a Iglesias y comunidades religiosas en Jerusalén como en Nazaret, mediante los cuales han buscado intimidar la presencia cristiana con amenazas y violencia directa de parte de algunos grupos fundamentalistas. 

Por otro lado, es público el proyecto de ley presentado por dos legisladores ultra ortodoxos el pasado mes de Enero2, que “no solo convierte en delito una simple conversación personal acerca de Jesús con otra persona sino que también haría ilegal que “alguien solicite a una persona, directamente, digitalmente, por correo o en línea, para convertir su religión”.3

Ante estos hechos, el mensaje del Patriarca resonó con especial fuerza, como el Pastor que advierte el peligro que amenaza su rebaño, lo protege, lo guía con Su voz clara y decidida, sin medias tintas, y lo lleva hacia pastos tranquilos, animándonos a renovar la fe en Jesucristo, Único Señor.

El nombre Jesús – dijo Mons. Pizzaballa – significa «Dios salva». Según el ángel Gabriel, Jesús será un Salvador, será grande y su Reino será eterno. Es una afirmación importante y esperanzadora, pero parece muy alejada de nuestra experiencia. Parece difícil creer, cuando miramos lo que ocurre a nuestro alrededor, que Jesús gobierna este mundo nuestro, que el mundo ha sido salvado.

Si observamos nuestra realidad en Tierra Santa, parece que no sólo Cristo no gobierna, sino que además es objeto de burla y rechazo. Lo hemos visto repetidamente en Jerusalén durante las últimas semanas. Lo vemos incluso en algunos de los proyectos de ley que, sabiendo que no serán aprobados, muestran un rechazo flagrante del Reino de Cristo y del cristianismo.

Fuera de nuestro contexto, la lista de conflictos crece hasta tal punto que como decía el Patriarca: “es fácil creer que el mundo no está realmente salvado después de todo, que el reino de Cristo no ha florecido realmente en la vida de las personas. ¿Dónde está el Reino? ¿Cómo podemos creer las palabras del ángel: «Y su reino no tendrá fin» ¿Dónde está la intervención de Dios, dónde vemos su acción en el mundo?

[…]Los acontecimientos que hemos vivido y que vivimos hoy, ya sean personales o sociales, y quizá incluso algún pensamiento teológico, nos hablan de un Dios que respeta la libertad, que se «encoge» para dejar espacio al hombre, que sufre con sus criaturas, que comparte su dolor, que camina por las sendas del amor y no por las del poder. Todo esto es cierto, muy cierto. Pero estas consideraciones corren el riesgo de detenerse en un aspecto y reducir el amor de Dios a un simple sentimiento de cercanía, que lo comparte todo pero no salva nada. Hoy, aquí en Nazaret, se nos revela que, en Jesús, «Dios salva».

Más adelante afirmaba: “Hoy nos corresponde a todos, preguntarnos hasta qué punto es activa nuestra fe. ¿Hemos dejado en manos de otros el deseo y el compromiso de cambiar y salvar el mundo? ¿No corremos a veces el riesgo de hacer de la fe una compañía sentimental o, en el mejor de los casos, una mera interpretación de la realidad? La fe es una fuerza de cambio. No sólo queremos amar este mundo, queremos salvarlo. Para un cristiano, amar significa salvar, incluso a costa de la propia vida… Así es como Cristo reina sobre el mundo, según las palabras del ángel: a través de la pasión y el amor de los creyentes, a través de la Iglesia que, a pesar de todo, es todavía hoy la que sigue anunciando y ofreciendo la salvación a la humanidad”.

Y concluía: “Sabemos que nos esperan tiempos difíciles, – dijo – pero no tengamos miedo. Nadie puede separarnos del amor de Cristo (cf. Rm 8, 35), nadie puede apagar nuestro deseo de cambiar y salvar el mundo, nadie puede privarnos del sueño de otro modo de vida, nadie puede sofocar en nosotros la certeza de la salvación que nos ha llegado y que es más fuerte que cualquier realidad contraria”.

 

CORONACIÓN DEL NIÑO JESÚS Y SAN JOSÉ

Despues de la Santa Misa Mons. Pizzaballa rezó en el ángelus: 

ET VERBUM HIC FACTUM EST – EL VERBO AQUÍ SE HIZO CARNE.

Una y otra vez volvía a nuestras mentes la palabra “HIC”. Allí mismo, en la que fuera una humilde aldea, que pasaba desapercibida para el Imperio Romano se llevó a cabo el Milagro más grande, jamás visto en la historia, que el Hijo de Dios se hiciera Hombre en el seno purísimo de una Virgen eligiéndola como Madre y Corredentora. 

¡Cuántos recuerdos y oraciones para nuestra Amada Congregación al rezar ese HIC! 

Nuestro Fundador, nuestros Superiores, nuestras hermanas, nuestros hermanos sacerdotes, misioneros y contemplativos, la Tercera Orden…tantas almas encomendadas a nuestros apostolados, algunos tan arduos y sacrificados! Especialmente va el recuerdo de las hermanas y padres de Gaza y Siria, que son parte de nuestra Provincia y viven tantas veces situaciones de caridad heroica. Allí pedimos y nos unimos a todos.

Al finalizar el Ángelus, junto con los padres del IVE nos dirigimos a la Basílica inferior y nos dispusimos alrededor del Altar, delante de la Gruta de la Anunciación, que es parte de la Casa de María. 

El motivo de la coronación de la imagen de San José y el Niño, perteneciente a la Casa Provincial de las SSVM en Belén, era principalmente agradecer tantos beneficios recibidos en estos 35 años de nuestro Instituto; para pedirle por nuestra Familia Religiosa, especialmente las vocaciones locales y más misioneras para nuestra Provincia.

No detallamos aquí los inconvenientes que hubo para que las coronas llegaran el 19 de marzo, pero después de todo, fue providencial que llegaran para el 25, como si San José hubiera querido que esta ceremonia se hiciera en la Casa de María, donde comenzó el misterio que le da sentido a su corona, precisamente el haber sido Casto Esposo de la Virgen, elegido por el Padre Celestial para ser Padre de Su hijo en esta Tierra y fiel custodio del misterio de la Encarnación. 

Allí ante la corte celestial y los numerosos peregrinos que bajaban a rezar a la Gruta, reconocimos la suprema realeza de Cristo, teniendo presente en nuestras mentes y corazones las palabras del Arcángel Gabriel enfatizadas por el Patriarca en su homilía: “Su reino no tendrá fin”. 

¿De qué temer entonces, como si no fuéramos hijas del Padre Todopoderoso y Esposas de Su Hijo por nuestra consagración? ¿Quién nos separará del amor de Cristo, acaso no es el Espíritu Santo quien nos asiste con sus dones? ¿Quién se atreverá…si somos cosa y posesión de nuestra Madre Santísima, ante quien los mismos demonios tiemblan? 

Esa doble coronación fue un verdadero signo de reconocimiento de que creemos firmemente que el Reino de Cristo no tendrá fin y que todo lo que El acepta en su Providencia siempre será para nosotras, el mayor bien, por lo tanto en todo momento gozamos de esta verdad y en ella descansamos confiadas. 

Después de la ceremonia, llevada a cabo por el Padre Carlos Ferrero, provincial del IVE; todos juntos mirando hacia la Gruta, renovamos como Familia Religiosa nuestros votos profesados, pidiendo la gracia de ser incondicionales de la Trinidad, abrazados inextricablemente a la gracia, fieles a los cuatro votos, triunfadores en la Misa y con lenguas de fuego para vivir y predicar la Ley Nueva del amor instaurada por Jesucristo.

La Solemnidad se concluyó con un almuerzo festivo, animado con cantos en diferentes idiomas, en el antiguo monasterio de las Clarisas donde S. Charles de Foucauld vivió tres años.

Por todas estas gracias y las que Dios ha derramado por medio de María en lo profundo de cada uno de nosotros, decimos hoy y siempre:

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Santísima y San José!  

¡Viva nuestra amada Congregación y viva la Misión!

Nos encomendamos a sus oraciones,

M. María del Cielo, SSVM

Misionera en Tierra Santa

 

[1] https://www.lpj.org/es/latin-patriarch/homily-for-the-solemnity-of-the-annunciation-2023.html0000000000000

[2] Cf. ©EnlaceJudío

[3] Finalmente el Primer Ministro de Israel declaró públicamente el 22/03/2023: “No promoveremos ninguna ley contra la comunidad cristiana”.