Por: Maria Mater Unionis, SSVM

 

Fairbanks, 9 de noviembre de 2023

Querida Familia Religiosa,

Estamos en el comienzo de noviembre y el invierno ya se hace sentir. Los días se van poniendo más fríos y oscuros. Este va ser nuestro segundo invierno. Todos nos preguntan cómo pasamos el primer invierno, si fue difícil, si sufrimos mucho con el frío y la oscuridad, si nuestro cuerpo tuvo alguna reacción fuerte, etc.

Es respuesta unánime de las tres que estamos que ese primer invierno se nos pasó volando; y que, como religiosas, tenemos un horario a seguir que no cambia mucho, independientemente de si tenemos veinticuatro horas de oscuridad o de luz, por eso el invierno se nos hace menos pesado. Para muchos la depresión viene por el ocio durante el invierno. Es ley entre los alaskeños que hay que mantenerse activos durante esos meses; porque si uno se deja llevar por la excusa de que hace frío afuera y es mejor quedarse adentro de la casa sin hacer nada, todo lo que uno ve por la ventana es la nieve y la oscuridad sin fin y luego puede venir la depresión.

En las crónicas del P. Segundo se nota que él sabía mirar a Alaska tal como es, con sus bellezas y sus crueldades. Él, por otro lado, siempre exhortaba a los misioneros que escriban crónicas. Hablando del P. Yetté, que fue misionero durante veintisiete años en Alaska y que estaba a punto de escribir un libro y no lo hizo, dice: «Presupuso que el mundo esperaba oír bellas narraciones de campiñas heladas, cacerías heroicas, expediciones pesqueras, soles de medianoche, auroras boreales, idilios de conversiones y heroísmos sin precedentes; y como él iba a revelar hechos y dichos que eran el extremo opuesto a esos idilios, prefirió dejar al mundo adormecido en sus ensueños de rosa y poesía»[1].

El P. Segundo supo narrar sus andanzas y sucesos sin dejar de contar al mundo las rosas y poesías que adornan Alaska.

En esta crónica quiero hablar un poco de esas curiosidades alaskeñas.

Las auroras boreales

Fairbanks, Alaska, es considerado el mejor lugar del mundo para ver las auroras boreales o northern lights como también las llaman los americanos. Durante la temporada de auroras, que dura desde el 21 de agosto al 21 de abril, los turistas que vienen desde todas partes del mundo pueden ver las auroras con una media de cuatro de cada cinco noches despejadas. Y la razón es que estamos dentro de la región circular que rodea el Polo Norte llamada “óvalo auroral”, donde están concentradas las auroras boreales.

Los niños nos muestran fotos que sacaron desde la ventana de su habitación; los padres de familias las ven volviendo del trabajo; y nosotras, caminando muchas noches, nos las encontramos. Las fotos que siguen las sacamos una vez que estábamos en un parque caminando con una familia; miramos el cielo… y allí estaban ellas.

Y esa misma noche las vimos desde nuestro jardín en el fondo de la casa, alrededor de las 22hrs.

Los trineos

Otra pregunta muy común que nos hacen es si usamos trineos para ir de un lugar a otro. La respuesta es que no. Conocemos gente que tiene trineos y entrenan a los perros, pero no porque los usen como medio de transporte como antiguamente, sino que ahora es una cosa más bien turística o un “deporte”; ya que anualmente se hacen competencias desde una punta de Alaska a otra.

Un día nos invitó una familia que tiene muchos perros de trineos y pudimos pasar algunas horas en esa aventura. Tener trineos y cuidar a los perros hoy en día sale mucho más caro que tener coche propio y poner combustible.

Al ver a sus dueños caminar entre ellos, todos los perros empiezan a ladrar desesperadamente, con la esperanza de ser elegidos para esa salida. Nos contaron que hasta los -28oC, los perros pueden dormir afuera, dentro de las casitas individuales que se ven en las fotos.

Luego de elegir los perros, nos enseñaron cómo atarlos a los trineos. Fue un poco difícil, porque entre nuestros dedos que se congelaban y la poca experiencia que tenemos en ese campo…

Cuando todos los perros ya estaban atados, ladraban con más fuerza… y apenas empezaron a correr hicieron inmediatamente silencio.Fuimos en tres trineos con más o menos ocho perros en cada uno. En uno iban el P. Gerardus y el padre Jaime, en el otro Carissa (una niña de nuestra parroquia) y New Eve, y en el tercero la Madre Salvation y yo. Cada trineo contaba con un guía que conducía a los perros.

Durante el tiempo que estuve en el trineo, por supuesto no pude dejar de pensar en las horas interminables que el padre Llorente pasó así, con el frío cortándole la cara para visitar a las aldeas, las veces que se perdió en la tundra blanca y casi murió, sus bellas meditaciones hechas en esos momentos y toda la experiencia que adquirió con los perros.

 

El parque de hielo

Otra atracción del invierno son las esculturas de hielo. Durante los meses de enero y febrero, cuando todos los ríos y el mar están totalmente congelados, sacan bloques de hielo gigantes y los artistas de la ciudad pasan días y noches esculpiendo en el hielo.

Lo dejan para la exposición en un parque de la ciudad. Hay competencias según la cantidad de bloques de hielo que usaron, el tamaño y la hermosura. ¡Es un espectáculo congelado!

Además de las esculturas hacen también toboganes, mesas de ping pong y otros juegos para que disfruten los que por allí pasan.

Termino esta crónica sobre las “rosas y poesías” de Alaska con otra cita del heroico misionero polar: «Alaska, Alaska, país encantador y encantado ¿qué más? Aunque te falten flores y frutos, cielo azul y tiempo benigno, tienes en cambio tales prerrogativas que con razón te vanaglorias de ser el ideal que puede soñarse y el extremo de la hermosura que pueda desearse»[2].

Entre el cielo y la nieve,
Maria Mater Unionis, SSVM

 

[1] En el país de los eternos hielos, capítulo 17.

[2] Crónicas akulurakeñas, capítulo 16.