Por: M. María del Cielo, SSVM

«Le recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 7), nos cuenta el evangelista San Lucas acerca del nacimiento de Nuestro Señor.

El Hijo de Dios quiso nacer en un pesebre, lugar destinado al alimento de animales. Él, que años después se proclamaría “PAN DE VIDA”, quiso nacer en Belén, que significa “CASA DE PAN”. No en un palacio, sino en una cueva que, seguramente, San José habrá preparado con gran premura, pero seguía siendo una cueva.

Es así que el nacimiento del Mesías, «ALEGRÍA PARA TODO EL PUEBLO» (Lc 2, 10), como anunciaron los ángeles a los pastores, fue precedida por una noche oscura para María y José, que, sin tener casa propia en Belén para proteger el Misterio del Verbo Encarnado, experimentaron la humillación, buscando y pidiendo que alguien se compadeciera para darles un lugar, donde María pudiera dar a luz a su Hijo.

¡Cuáles habrán sido los pensamientos de José, cabeza de la Sagrada Familia! ¡Cuál habrá sido su diligencia para hacer un poco menos indigna aquella gruta, cuyas rocas, visibles aun hoy, serían los únicos testigos del nacimiento de Jesús de su Madre Virgen!

Santa Brígida, al visitar este lugar santo en Belén, tuvo una visión en la cual, después del parto milagroso, cuenta que la Virgen tomó al Niño, lo envolvió en pañales y lo recostó en el pesebre. A la Madre Virgen se le unió luego San José, que al escuchar el llanto del Niño se acercó a esta parte de la gruta, y arrodillado junto a María, adoraron entre lágrimas de gozo al Dios recién nacido, no recostado sobre púrpura y seda, sino sobre paja, para darle un poco de calor en aquella fría noche.

Pues bien, hoy, en Gaza, podemos decir que la Parroquia Sagrada Familia se ha convertido en un gran pesebre. Los cristianos se han refugiado allí porque sus casas no eran seguras, al inicio de la guerra, y con el correr de los días, la mayor parte se han quedado sin casa perdiendo todo lo que tenían. «No había sitio para ellos» …

Las hermanas de la Madre Teresa, con sus ancianos y niños discapacitados, también han tenido que huir de su casa arruinada recientemente por un bombardeo y son los nuevos integrantes de este “PESEBRE VIVIENTE”, acomodados en la misma iglesia y en algún otro lugar de la escuela que la rodea, en el predio de la Parroquia.

Nuestras religiosas, Pilar y Socorro, junto con el P. Iusef, miembros de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, han querido permanecer allí, deseando cumplir con nuestro carisma hasta las últimas consecuencias, teniendo muy presente el deseo de nuestro Fundador para sus misioneros, de IR ADONDE NADIE QUIERA IR. Por esta razón están allí, organizando este HUMILDE PESEBRE, buscando servir, alimentar y proteger a los casi setecientos cristianos refugiados desde hace dos meses. Quizá con una diligencia semejante a la de San José, y en silencio como él, han buscado hacer más confortable las noches de Gaza para esta gente que busca la paz y que ha optado por estar junto a Jesús Eucaristía, único tesoro que poseen en esta tierra.Seguramente no hay lugar en Tierra Santa, esta Navidad, donde se represente mejor el pesebre, por su pobreza y humildad, que la comunidad cristiana de Gaza.

En el patio interno de la Parroquia, a pocos metros de la iglesia, hace cuatro días se derramó sangre inocente, la de Nahida y su hija Samar. También en Belén y sus alrededores, a causa del nacimiento de Cristo, se derramó la sangre de los Niños Inocentes.

Dios quiso asociar a nuestras parroquianas a su cruz dolorosa, para hacerlas dignas de Él, para darles el descanso eterno junto a su Corazón, lejos ya de los bombardeos, del frío y las noches ensordecedoras de Gaza.Esta Navidad en Gaza será especial. Al mirar el cielo ya no se verán las luces de misiles sino la luz de Nahida y Samar, que, brillando cual estrellas junto al Sol que nace de lo Alto, Cristo, se unirán al pesebre viviente representado allí por sus familiares y amigos.

También nosotros nos uniremos a esa noche Santa, pidiendo al Niño Jesús que sea para ellos verdaderamente Príncipe de la Paz.

Que Nuestra Señora de Anjara, que en Jordania quiso mostrarse viviente frente a una hermana nuestra y derramar lágrimas de sangre, llorando por nosotros y con nosotros, nos conceda la paz y el fin de la guerra.

M. María del Cielo

Misionera en Tierra Santa