Por: P. Diego Cano, IVE

Ushetu, Tanzania, 31 de marzo de 2022

PARTE I

Tuve la gracia de acompañar a nuestros dos primeros hermanos coadjutores que van por un tiempo a ayudar en el hogar de discapacitados de Alejandría que atienden nuestros religiosos en esa misión. Escribir cuando se está de viaje es un poco difícil, pero para no olvidar lo vivido y poder compartirlo con ustedes, prefiero hacerlo al menos recordando lo más importante de cada jornada, si bien deseo escribir otra crónica en particular de lo que significó la partida de nuestros primeros religiosos tanzanos a una misión fuera de su país.

Dia 1
El día de la llegada y el primer contacto con un lugar extraño, extrañísimo para nosotros. El frío, nueva experiencia. Y el mirar todo como si fuera una película… los rostros, las vestimentas, las calles. Del aeropuerto nos llevó el chófer de las hermanas hasta la casa de ellas en el Zeitoum. Allí viven cinco religiosas con un grupo de niñas que estudian, y otro grupo de niñas discapacitadas. Es admirable ver dónde viven, en medio de un barrio muy especial, con un verdadero estilo árabe, con calles estrechas, muchos edificios, mucha gente caminando por las calles. Luego de dejar la avenida, se debe andar muy despacio, esquivando pozos y gente. En medio de una “muralla” de edificios está la casa de las hermanas. Parece un oasis en el desierto, como todas nuestras casas en estos lugares. Un oasis de vida religiosa, donde reina la paz, junto al sagrario y la imagen de la Virgen. Me imagino que a todos nos sucede que experimentamos esa paz de puertas hacia adentro. Con las dificultades normales de la vida comunitaria y humana, pero donde se vive de verdad la vida religiosa, la caridad, que cubre la multitud de defectos y faltas.

Luego del almuerzo visitamos la casa y el hogar de las hermanas. Salimos rumbo a Alejandría con el P. Bruno Martínez. Nuevamente ver la locura de manejar en estas grandes ciudades, la cantidad de vehículos corriendo a gran velocidad, anchas autopistas. Fuera de El Cairo, se comienzan a ver cultivos, muchos que nunca han visto nuestros hermanos en directo, como olivares, naranjales, dátiles, ajos, etc. Llama la atención la innumerable sucesión de mezquitas a izquierda y derecha. A veces una casi al lado de la otra. A la caída del sol entramos en la casa del King Maryut (no sé cómo se escribe). Nos reciben allí el P. Pablo de Santo y el P. Luis Montes. Dejamos nuestras cosas, y vamos a saludar a los internos del hogar. En el camino vamos encontrando a los novicios, voluntarios, trabajadores. Al entrar en el salón del Hogar San Pío nos recibe el P. Sergio Martiarena, y los niños y adultos del hogar expresan su alegría con aplausos, gritos, saltos, abrazos… emocionante ver cómo los esperaban. Luego de caminar un poco, visitamos el resto de la casa, ya de noche. El frío nos invitaba a estar adentro, sobre todo a los extranjeros recién llegados, que no estábamos preparados para el frío. Nos trajeron camperas para todos… dos para cada uno.

Y habían preparado una cena de festejo, asado con pollo y carne, y con todo… realmente. Charlamos y nos reíamos de la mezcla que resulta ahora de idiomas y lenguas, tratando de comunicarnos en español, árabe, inglés, swahili, e italiano. Luego de la cena a dormir, tras una larga jornada, desde que salimos de Dar es Salaam.

Día 2
El primer día luego de un largo viaje. Ayer tuvimos muchas emociones, sobre todo para los hermanos, al llegar a un mundo totalmente nuevo, nueva lengua, cultura, clima. Comienzan la experiencia de ser misioneros en tierra extranjera: escuchar sin entender. Escuchar una lengua, y sólo oír sonidos, no palabras. Tratar de comunicarse como se pueda, y vivir la humillación del que no entiende, y el despojarse en cierto sentido, de la propia persona. En cuanto al clima, la experiencia del frío, pues estos días en Egipto continúan las bajas temperaturas. En mi caso, al menos uno recuerda inviernos pasados en otros lugares, pero para los hermanos tanzanos, primera vez sentir en el cuerpo el aire frío. Y en relación a la cultura, la cultura árabe, el islam, y todo lo que eso significa, que nos rodea por todos lados, que se escucha en tantos momentos al día los cantos de las mezquitas, el hecho de ser minoría cristiana, de que muchas cosas se piensan y se juzgan de diversa manera, y comenzarán de a poco a conocer.

Pero en medio de todo eso, queda el grato recuerdo de la alegre bienvenida que les proporcionaron los niños y adultos internos del hogar, abrazos y señales de mucho afecto. La cálida bienvenida de los religiosos, especialmente de los padres y hermanos, de los novicios y voluntarios que aquí trabajan. Las hermanas también los recibieron con gran alegría en la visita al hogar de ellas en el Zeitoum, donde pasamos un rato muy agradable recién llegados del aeropuerto.

Día 3
La experiencia de vivir en un lugar sumamente pobre y simple. Para nuestros hermanos tanzanos es una cosa muy grata ver que se vive “como en nuestras casas” en Tanzania. Con su diferencias, por cierto, pero con la marca de la pobreza y el sacrificio. Las casas simples y arregladas lo mejor posible, pero son casas antiguas. Las habitaciones, con el mismo estilo. Todo estaba muy bien preparado para recibirnos, con las camas listas, con todo lo necesario, y limpio. Pero la sencillez marca la vida en este lugar. Las puertas y ventanas, los postigos, las camas, mesas y muebles… todo denota pobreza y sacrificio. La vida sacrificada, y a la vez alegre, muy alegre. Las reuniones comunitarias, como la comida y las eutrapelias, también tienen la misma nota alegre que en todas nuestras casas, alegría, risas y bromas. Lo que hace la vida llevadera en cualquier lugar del mundo, donde hay hermanos y amigos. La unidad es espiritual, por la fe en Cristo, y por el espíritu de la Familia Religiosa.

 

PARTE II

Día 4
Podemos centrarnos hoy en lo que significa la vida de oración y el trabajo. El día comienza muy temprano, especialmente para quienes trabajan con los beneficiarios, con los discapacitados. Los religiosos hacen adoración al Santísimo y santa misa con rezo de laudes. Es el momento central del día, donde se debe tomar fuerzas para el trabajo, para perseverar, y para tratar a los enfermos con caridad… con caridad cristiana digo, es decir amándolos por amor a Cristo, amándolos como al mismo Cristo. En la misa y en la adoración tratan con Jesús Sacramentado, y lo atienden y consuelan en los otros “cristos” sufrientes.
Puedo percibir que esa alegría en medio de trabajos tan sacrificados sólo puede provenir de un espíritu lleno de Dios. La caridad no es un simple sentimiento, sino que son obras, y se expresa en los grandes sacrificios que hacen los religiosos, comenzando por el P. Sergio quien está siempre allí, trabajando, guiando, y supervisando todo. No pienso sólo en los días que allí estuve, sino en que muchos de ellos llevan meses, y años, trabajando sin esperar más retribución que la de Dios en el día del juicio. Los veo allí perseverando año tras año, y sólo se puede pensar en que es una obra estrictamente sobrenatural, sin mermar en nada la alegría que ilumina sus rostros, sino todo lo contrario.
Día 5
Tuve la oportunidad de ver otra faceta de la vida misionera, y muy característica de esta misión: el estudio de la lengua. El árabe es una de aquellas más difíciles, y un gran desafío al que se debe enfrentar el misionero. Pude ir a visitar a los padres Bruno y Juan Manuel que están en la escuela de árabe que pertenece a la familia religiosa. En es escuela estudian sacerdotes del IVE, hermanas Servidoras, y algunos religiosos de otras congregaciones. El estudio del árabe lleva mucho tiempo, se necesitan años. Es un gran acto de fe estudiar esta lengua, con el único objetivo de misionar, de predicar a Cristo de la mejor manera posible. Puedo imaginarme las noches espirituales que se deben cernir sobre las almas de estos misioneros en los primeros años. No entender, comenzar a hablar como niños, equivocarse y humillarse, cansarse de practicar sonidos que nunca usamos desde que vinimos a este mundo. A la vez, aprender a reírse de uno mismo, estar siempre aprendiendo, y salvo admirables excepciones, nunca llegar a hablarlo perfectamente. Pero todo con gran espíritu de fe, mirando ese gran mundo a evangelizar, y esas almas que esperan… tantos cristianos que necesitan también de los misioneros, y que los escuchan con gratitud cuando ven el esfuerzo por aprender la lengua, y conocer la cultura, y hacerse uno de ellos. También pude visitar la comunidad de las hermanas estudiantes de árabe, y compartir con ellas y los sacerdotes antes nombrados, un gratísimo momento de vida comunitaria, que es una de las cosas más valiosas en la misión.
Día 6
Un gran día, la Solemnidad de la Encarnación del Verbo, fiesta de la familia religiosa. No estaba en mis planes estar en Egipto para esta ocasión, pero era el plan de Dios, porque con tantas demoras para lograr la visa para los hermanos, no tuve oportunidad de volver antes, con el riesgo de que esta fiesta la viviera en medio del viaje, en un colectivo o en un avión. Pude gozar de ver a toda la familia reunida en una gran misión. En medio del mundo árabe, ante los ojos humanos no somos nada, somos insignificantes. Pero ese día, brillaba en ese mar inmenso de almas que desconoce a Cristo, la alegría en todos, los trabajos preparando la iglesia, los ornamentos, el comedor, la comida. La iglesia estaba llena de religiosos, religiosas, hermanos coadjutores, novicios y novicias, aspirantes, jóvenes estudiantes que viven con las hermanas, beneficiarios de nuestros hogares, varones y mujeres. La comunidad de sacerdotes, que junto a quienes estábamos de visita, llegamos a ser once en total. La santa misa rezada y cantada en árabe, y vivida por toda esa multitud. Así lo percibía, como una gran multitud, al juzgar por el modo en que rezaban y cantaban.
Nuestros dos hermanos renovaron sus votos religiosos, leyendo en swahili, y un gran silencio en todos los presentes, por la solemnidad del momento, pero me parece que también para “escuchar esta lengua extraña”. Al terminar la misa, comenzó la fiesta por fuera, el jolgorio, las risas, los aplausos y los cantos. La alegría era palpable. Cena y fogón, en medio de un gran vocerío, risas, cantos, música… lo miro ahora que ya pasó, y fue un momento tan alegre que me pareció un instante. Tal vez quede medio poética la expresión, pero para lo que no se puede expresar, es el mejor medio. Fue como un “pedacito” de cielo, o como mirar el cielo por el ojo de la cerradura.
Día 7
Comencé el regreso luego de despedirme de los sacerdotes, de los hermanos Emanuel y Antonio, y de todos los que andaban cerca. Algunas recomendaciones a los hermanos, para que estén firmes, que vivan bien esta experiencia, que sean buenos y trabajadores, pues son los primeros tanzanos allí, y deben dejar una buena impresión. Hay una responsabilidad en todos, pero sobre los primeros recaen aquellas palabras que le escucharon a Marcelo Morsella, “somos los primeros, tenemos que ser santos”. Por gracia de Dios todo se hace rápidamente, hay cantos de despedida medio en broma, que nos arrancan risas, y eso ayuda a que la despedida sea alegre, con ese toque propio de los misioneros.
Resumo el viaje de regreso. Tres horas en auto hasta El Cairo, seis horas de vuelo hasta Dar es Salaam, y regresar al acostumbrado calor y humedad de esa ciudad. A Dios gracias, después de experimentar el frío, al que ya nos vamos desacostumbrando. Un día de espera para encarar la jornada de 18 horas de viaje en bus hasta la ciudad de Kahama. Al día siguiente el P. Víctor me buscó en un vehículo de la misión, para recorrer la hora y media de camino de tierra hasta Ushetu.
Al fin en casa, termino esta líneas a las que no quiero agregar nada, pues ya se ha hecho muy largo. Y porque ya no caben más reflexiones, se resume todo en esto: un largo viaje, lleno de gracias y bendiciones, en donde siempre, siempre, se aprende del buen ejemplo de los hermanos en religión.
¡Firmes en la brecha!
¡Viva la misión Egipto y sus misioneros!
P. Diego Cano, IVE