Por: Hermanas de la Ciudad de la Caridad
Quince religiosas de cuatro comunidades dedicadas a las Obras de Misericordia, el pasado 9 y 10 de julio, pudimos realizar una peregrinación con el fin de encomendar a Nuestro Señor y la Virgen las intenciones y necesidades de nuestra Familia Religiosa. Comenzamos nuestra peregrinación partiendo el sábado 9 de julio, muy temprano, con destino a la pequeña Ciudad de Sampacho, al sur de Córdoba.
Ciertamente “Pequeña” es un modo de decir si consideramos que esta ciudad guarda un hermoso santuario dedicado a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolata. Aquí tuvimos la Santa Misa, celebrada por el P. Marcelo Cano.
El Santuario fue en su inicio la parroquia dedicada a los Ángeles custodios, pero al poco tiempo, en 1915, se cambia el nombre por “Nuestra Señora de la Consolata”. Esto se debe a la gran devoción que los fieles tributaban a la Virgen de la Consolata, imagen que en 1905 trae al pueblo el Padre Juan Cinotto, oriundo de Turín.
Sampacho, una ciudad agrícola, contaba con un gran número de inmigrantes italianos de Turín y el sacerdote, para que no fuera tan dura la lejanía de su tierra natal, quiso traer a su amada protectora: La Consolata. En 1906 se reza el primer triduo con la réplica del milagroso cuadro. Y el 25 de julio de 1911 llega y se bendice la imponente imagen mayor actual de 1.232 kilos y finalmente en 1915 el papa Benedicto XV nombra a La Consolata como patrona de Sampacho, sustituyendo así a Los Ángeles custodios.
Hoy es un hermoso Santuario que próximamente tendrá el título de Basílica Menor. Al contemplar la imagen de la Virgen, custodiada en un delicado camarín; el altar mayor decorado con mosaicos y frescos; los altares laterales, es todo ello un signo de un fino amor a Dios y a su Madre, y hacen patente aquella verdad que “para Dios es lo mejor”.
La fachada del templo tiene en latín la inscripción Pietas me fecit, que quiere decir, La piedad me hizo. Y es realmente así, este Santuario es fruto de la piedad de un sacerdote misionero y de su gente que supo darle a Dios y a su Santa Patrona, lo mejor.
En una de las ocasiones en que San Juan Pablo II visitó el Santuario de la Consolata en Turín, decía: “Aquí han venido las multitudes de los turineses a orar, a confiar sus penas, a implorar ayuda y protección, especialmente durante los períodos terribles de las guerras, y de los bombardeos, a pedir luz y consejo en las dificultades de la vida. Aquí muchos han obtenido consuelo y ánimo; por aquí han pasado pobres y ricos, humildes y poderosos, letrados y sencillos; los niños con su inocencia envidiable y los adultos con el peso de sus cruces; aquí muchos extraviados en las tinieblas de la duda o del pecado han encontrado luz y perdón. Desde aquí, en el nombre de la «Consolata», han partido misioneros intrépidos, sacerdotes y religiosos, religiosas y laicos, que han comenzado así serenos y animosos su vida de testimonio y de consagración”.
Estas palabras se cumplen al pie de la letra en este lugar. Se ve en la gente un gran amor y confianza en la Virgen y la sienten, así como “su Consoladora”. A Ella hemos encomendado nuestra Familia Religiosa y de Ella esperamos no ser “esquivos a la aventura misionera”.
La segunda meta de nuestra peregrinación fue el Santuario del Cristo de la Quebrada, en San Luis. El domingo 10 de julio visitamos al Santo Cristo y tuvimos la Santa Misa presidida por el P. Diego Cano. Luego rezamos el Santo Vía Crucis. Ante el Cristo de la Quebrada renovamos nuestra intención y súplica de ser fieles a la gracia fundacional.
Agradecemos a la Divina Providencia que nos permitió hacer esta peregrinación y de visitar los santuarios, lugares que tanto ayudan a renovar nuestro amor a Cristo y a la Virgen. Y también agradecemos a las hermanas de las Casas de Formación y voluntarias que, en esos días, tomaron nuestro lugar en las Obras de Misericordia.
Hermanas de la Ciudad de la Caridad
San Rafael





