Como dice la Regla Monástica toda contemplativa del Instituto rezará por los grandes temas e intenciones de la Iglesia. Y continúa explicando que hay algunas intenciones que ningún mérito sino sólo la oración y la penitencia pueden obtener de Dios… Entonces para implorar lo que sólo Dios puede conceder, nuestros monasterios tienen asignada una intención particular de oración para la cual se prepararán debidamente con novenas, triduos u otras actividades culturales.[1]

En nuestro monasterio Ecce Homo en Holanda, tenemos dos de estas intenciones por las que rezamos de modo particular: por el respeto de la dignidad del hombre y en reparación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento. Son las dos de igual importancia y peso para nosotras. Ambas nos han sido confiadas para custodiarlas. Y las dos nos corresponden en un modo muy especial como hemos mencionado en una crónica previa: (https://institutodelverboencarnado.org/el-ecce-homo-y-la-dignidad-de-el-hombre-ultrajada/ ).

La intención de Reparación tiene su origen en este monasterio en el cual vivimos, junto a las Benedictinas del Santísimo Sacramento, quienes tienen como carisma la reparación por las ofensas cometidas contra Jesús en la Eucaristía. De ellas hemos heredado esta intención al heredar el monasterio que fue construido con este fin: ser un Monasterio reparador. Y así junto con ellas recordamos esta intención de muchas maneras: además de una liturgia y Misa solemnizada y particular cada jueves, tenemos como una larga fiesta la Octava del Corpus Christi hasta la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y también una fiesta de Reparación junto con las 40 horas de adoración que se celebran cada año en los días antes del miércoles de ceniza, correspondiendo al tiempo de carnaval, en reparación por todas las ofensas contra el Santísimo Sacramento, que se cometen justamente en esos días.

Teniendo nosotras estos momentos fuertes en los cuales celebramos la intención de Reparación, nos parecía también necesario algo que aumentara nuestro fervor y conocimiento de la otra intención confiada a nuestras oraciones. Entonces, este año nos propusimos rezar una novena por la dignidad del hombre. Buscando una fecha, nos pareció conveniente alguna fecha propia de San Juan Pablo II, el gran defensor de la dignidad humana en los tiempos modernos. Escogimos entonces el 4 de marzo, fecha en la cual el Papa promulgó su primera encíclica Redempor Hominis (1979), encíclica programática de su pontificado, y que nos ha sido indicada como encíclica adjunta a nuestra intención.

Empezamos el 24 de febrero nuestra primera novena pidiendo por el respeto de la dignidad del hombre. La novena se basaba en textos del Santo Padre Juan Pablo II, con una intención particular para cada día. Al preparar los textos de esta novena, nos dimos cuenta que los días no nos alcanzaban para abarcar la cantidad inmensa de peticiones contra las ofensas de la dignidad del hombre; consecuentemente, tuvimos que poner temas bastante generales para poder incluir todo lo que pone en peligro la dignidad humana. Pedimos:

  1. Por una nueva cultura de la Vida humana: Pidiendo el fin de homicidio, genocidio, aborto, eutanasia, suicidio voluntario.
  2. Por el respeto de la dignidad del cuerpo humano como templo de Dios: Pidiendo por el reconocimiento de la dignidad humana en cada etapa de su desarrollo y el abandono de manipulación, destrucción o clonación de la persona humana y contra la difusión de la ideología de género.
  3. Por la promoción del bien común: Pidiendo por el respecto del bien común que exige el bienestar social, lo necesario para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia.
  4. Por el respeto por la dignidad del trabajo humano, el respeto por el trabajador y para que cesen las condiciones laborales degradantes.
  5. Por el respeto a la persona humana en su integridad y por un reconocimiento cada vez mayor de la igualdad esencial entre los hombres: Pidiendo el fin de toda mutilación, tortura, detenciones arbitrarias, deportación, esclavitud y discriminación de cualquier tipo.
  6. Por los que han caído en la esclavitud del pecado. El pecado es el drama más grande de la dignidad perdida de Hijo de Dios. Sobre todo, pedimos por todos los que han caído en adicciones.
  7. El respeto de la auténtica libertad de la persona: Pidiendo por el respeto de los derechos más sagrados del hombre: la libertad de conciencia, libertad religiosa, de pensamiento, expresión y educación en todos los ámbitos.
  8. Para que todos los hombres descubran la imagen de Dios en el hombre.
  9. Para que el hombre comprenda el sentido del sufrimiento.

Algunos días más tarde pudimos invitar también a dos profesoras de bioética: Leontien Bakkermans y Elisa García, comprometidas en el trabajo y apostolado Pro Vida y de ética médica. Ellas nos hicieron una presentación muy clara y sintética de los atentados más actuales contra la dignidad humana, la situación actual de las leyes en Holanda, y las leyes que se quieren promover, junto con una valoración ética sobre cada cuestión.

Para nosotras estas conferencias fueron de mucho fruto, ya que nos ayudaron a comprender mejor la importancia de la intención de oración que nos fue confiada, aumentando también los deseos de ofrecer nuestras oraciones y sacrificios no solo para que Dios libre al mundo de los terribles efectos de la cultura de la muerte y de la ideología de género, sino muy singularmente por las personas que son sistemáticamente perseguidas por decir la verdad o por luchar por los derechos de la verdad.

En medio de esta novena tuvimos también la fiesta de la Reparación, ya que este año coincidieron las fechas de Carnaval con la Novena de la Dignidad del Hombre ¡Se nos juntaron las dos intenciones! Y es una unidad magnifica: ¿Quién nos muestra más la dignidad humana como Jesús Sacramentado? Cuando le adoramos en el Santísimo Sacramento tenemos ante nuestros ojos al Verbo hecho carne, hecho hombre, sacrificado por la redención del hombre y escondido bajo las especies del pan y del vino.

Damos gracias a Dios por poder realizar nuestra primera novena rezando por el respeto de la dignidad del hombre y por la gracia de acompañarla junto con nuestra otra intención de orar en reparación de las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento. Era una afirmación muy clara que Dios quería estas dos intenciones siempre unidas bajo un techo como un reflejo hermoso de nuestra Comunidad, dos órdenes religiosas viviendo en un monasterio. Es Cristo quien nos une y une estas intenciones como los granos de trigo unidos en la Hostia que se consagra y las gotas de Su Sangre derramadas todas en un sacrificio eficacísimo para llevar a cabo la salvación de los hombres.

Pedimos sus oraciones por los frutos continuos de la novena y la fiesta de Reparación.

En Cristo, Varón de Dolores, y su Madre Santísima,

Hna. Mary Mother of the Church

Monasterio Ecce Homo, Valkenburg – Países Bajos

[1] Regla Monástica, 134-135