Durante el pasado mes de agosto pude visitar nuestras comunidades en Siria, una tierra asolada por la guerra y sus consecuencias, desde hace más de 11 años. Allí nuestra Familia Religiosa ha realizado y realiza una obra hermosísima, diría yo heroica. En esta crónica resalto algunos aspectos.

DAMASCO

Nuestras hermanas Maria Laudis Gloriae y Maria de las Maravillas de Jesús están presentes en la Nunciatura Apostólica en Damasco, capital de Siria, desde hace dos años. Prestan un servicio muy hermoso al Santo Padre, en la persona del Nuncio, el Cardenal Mario Zenari, quien ha estado presente en el país todo el tiempo de la guerra.

Con las hermanas pudimos peregrinar a los lugares donde estuvo el Apóstol San Pablo, donde fue su conversión y a la Casa de Ananías. Los Franciscanos tienen en el predio de su convento, una parte de la calle de aquella época que llevaba a una de las puertas de la ciudad y por donde según la tradición pasó San Pablo. Hoy se puede ver, justo debajo de una parte de esa calle, una gruta donde según la tradición estuvo él, apenas convertido.

Otra hermosa peregrinación fue a Malula, un pueblo en su mayoría cristiano donde se habla el arameo. Allí están los restos de Santa Tecla, discípula del Apóstol San Pablo, quien vivió y murió en una gruta, que hoy forma parte de un monasterio ortodoxo. Allí pudimos hablar con algunas de las religiosas que fueron secuestradas por el ISIS durante tres meses cuando ellos ocuparon el pueblo.

Pudimos ir también a la gran Mezquita que contiene los restos de San Juan Bautista y al Museo que custodia piezas arquelogicas muy importantes, ya que Siria tuvo un papel muy importante a lo largo de los siglos. Durante el imperio Romano, por ejemplo, constituyó la provincia más importante, con Antioquía como capital.

ALEPO

Hicimos el camino desde Damasco a Alepo, con la M. Ilije que me fue a recibir a Damasco. Nos llevó casi tres horas en taxi.

La comunidad de SSVM en Alepo está formada por la M. Maria Saiedat Ilij, la Hna. Mariam Mahabba y la Hna. María de los Dolores. Los padres del IVE, Hugo Alaniz y Enrique González también viven en la residencia del Obispo Latino, Mons. Abu Khazen, quien paternalmente nos ha acogido y nos apoya en todo.

Un obispo en Siria me decía, la presencia de religiosos, es ahora más urgente que nunca, porque la gente está perdiendo la esperanza. ¡Cuánta verdad pero cuánto dolor en esas palabras!

Aquella gente que sufrió bombardeos y la pérdida de algún ser querido como consecuencia de ello o de la falta de medios para la atención médica; aquellos que tuvieron que dejar todo en su ciudad de origen porque el ISIS u otros grupos fundamentalistas se han quedado con sus propiedades; aquellos que perdieron sus casas o fueron dañadas y no pueden arreglarlas; aquellos que perdieron sus trabajos en aquella Siria floreciente comercial y naturalmente rica, ya no ven una futura solución….

….Esa gente no sabe cómo seguir viviendo. Para muchos, es como si el mundo se hubiera olvidado de ellos, de sus hermanos que sufren en Siria.

Por eso es urgente la misión, ahora más que nunca, para que no decaigan esos corazones ante la presión del dolor y la pobreza; para que esa llama de fe que los ha mantenido vivos hasta ahora se convierta en antorcha que pueda iluminarlos y ser capaz de ser luz para el país. Quizá el mundo se olvidó de ellos, pero Dios no. Y es el Padre del Cielo el que hoy quiere obrar grandes cosas por medio de los sacerdotes y religiosos que trabajan en Siria.

Nuestra pequeña Familia Religiosa en Alepo, que por gracia de Dios ha querido estar presente aun en los momentos más dolorosos de la guerra, lleva adelante tres obras, por decirlo así: Las SSVM atienden  la residencia que tiene el Obispado a unas 40 jóvenes universitarias que vienen de ciudades fuera de Alepo y son de bajos recursos. Su principal apostolado es “ser su familia”, en el sentido más amplio de la palabra, ayudarlas, contenerlas y crear en dicha residencia un ambiente de alegría, responsabilidad y de verdadera caridad.

Los Padres del IVE tienen una obra similar para varones, en otra casa aledaña, que también pertenece al Obispado, muy cerca de la ciudad Universitaria y están preparando un centro estudiantil en las mismas dependencias, el cual acogerá a jóvenes que necesiten un lugar tranquilo y cómodo para estudiar, con electricidad, etc. No sólo se les dará un lugar físico sino que el proyecto es más ambicioso aún, ofrecerles un lugar donde buscar la Verdad.

En la Iglesia de la Anunciación, una capilla dependiente del Obispado, en una zona que estuvo en medio del conflicto, es hoy el centro principal de caridad donde el P. Hugo Alaniz ha armado una red de caridad y en la que, al mismo tiempo, le da trabajo a muchos jóvenes y familias. Allí ayudan en la catequesis las Hermanas Doroteas.

La mayor parte de los cristianos son de origen armeno. Todos habían huido…Nuestros sacerdotes regresaron a esa Iglesia que había sido tomada por los rebeldes y empezaron nuevamente de cero a construir, a estudiar las necesidades más urgentes para pedir ayuda, a rescatar los niños y jovenes para realizar con ellos diversas actividades que les devuelva la sonrisa perdida por 11 años de una inutil y cruel guerra. Lo admirable es que aquellos niños y jóvenes que sufrieron en carne propia el flagelo de la guerra, los bombardeos y explosiones, el peligro de quedar en medio de tiroteos, etc., son hoy la mano derecha de esta hermosa obra en la Iglesia de la Anunciación. Jóvenes curtidos por el dolor, tocados por la cruz que quieren ser luz en medio de tantas tinieblas. De ahí las diversas actividades que realizan con los niños y adolescentes, como oratorios, apoyo escolar, etc. Pude estar presente en el fin del oratorio estivo del mes de agosto, donde acudieron alrededor de 450 niños ….y dicen que las cifras van en aumento.

Los padres, religiosas y un grupo de jóvenes organizados por el P. Hugo, realizan sus visitas a enfermos, muchos de ellos ancianos que han quedado solos, en total unos 100. Se los asiste con comida y medicamentos, y sobre todo con la caridad espontánea que les demuestra que son muy amados por Dios. Detrás hay un grupo de señoras que cocinan diariamente y otros jóvenes que organizan mensualmente la medicación.

A muchas personas se los ha ayudado con microemprendimientos, una forma de darles dignidad, porque no quieren recibir dinero de arriba, sino la posibilidad de trabajar, que es el único derecho que no les arrebató la guerra; a otros jóvenes se les ayuda con el pago de sus estudios, a otros con lo necesario para que se casen y puedan quedarse en Siria; a muchas familias con el pago de los alquileres, lo cual se ha convertido en algo imposible de pagar con el pequeño sueldo que reciben.

Pero sobre todo esto, se los ayuda con la fortaleza de los sacramentos, con la asistencia espiritual, con los consejos oportunos, con la oración, con la alegría continua que alivia sus corazones destrozados. Por todo esto, nuestros misioneros son verdaderos testigos de Cristo, que dijo: “Venid a Mí todos los que estais agobiados y yo los aliviaré”.

Recorriendo la ciudad de Alepo con nuestros Padres y hermanas, o con algunos jóvenes cristianos que me contaban sus experiencias, pude ver los destrozos de la guerra. Tantas cosas que había escuchado de nuestros misioneros que vivieron tanto dolor e impotencia, ahora yo también lo podía ver y se me venía a la mente una sola idea: esto fue tocado por un mártir. ¡Cuántos habrán quedado debajo de los escombros que aun siguen allí y solo Dios sabe hasta cuando! ¡Cuántas lágrimas regaron ese suelo, cuánto dolor y al mismo tiempo cuánta fortaleza para mantenerse firmes en la fe, aun en medio del mayor riesgo como fue el asedio del ISIS a la ciudad de Alepo y de otras ciudades arrasadas que ya no existen!

Hoy se hace más urgente que nunca nuestra misión, una misión que de esperanza y por eso necesitamos redoblar las oraciones para que nuestros misioneros no decaigan ante las dificultades, sino que sean sea sal y luz; que sean portadores de la misericordia Divina, incondicionales de la Trinidad, como lo pedimos cada vez que renovamos nuestros votos religiosos. Que en ellos se cumpla lo que pedía el gran Apóstol Pablo: “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa” (Heb. 10,23).

Doy gracias a la Santísima Virgen por el hermoso ejemplo que recibí de nuestros sacerdotes y religiosas en Siria. Recemos para que esta misión crezca y de muchos frutos para la Gloria de Dios.

M. María del Cielo, SSVM

Misionera en Tierra Santa