Por: P. Tito Paredes, IVE

“Id a José” – Entronización y consagración a San José

Querida Familia religiosa, también aquí en nuestro noviciado, como alrededor del mundo en donde se encuentra un católico, resonó en nuestros oídos: “Ite ad Ioseph” “Id a José”, y sobre eso le queremos contar. Se lee en el decreto con el cual San José hace 150 años fue declarado Protector de la Iglesia: «Puesto que en estos tiempos tristísimos [en los que] la misma Iglesia es atacada por doquier por sus enemigos y se ve oprimida por tan graves calamidades que parece que los impíos hacen prevalecer sobre ella las puertas del infierno […] Nuestro Santísimo Papa Pío IX, conmovido por la luctuosa situación de estos tiempos, solemnemente lo declaró Patrono de la Iglesia Católica»[1]. Con el mismo sentir, su Santidad, el Papa Francisco, en este año Josefino nos exhorta a recurrir al Padre Nutricio del Verbo Encarnado[2]. Y cómo no hacerlo si hasta nuestra propia experiencia nos hace pensar que nuestra filial devoción al Ilustre Hijo de David fuera uno de los “no negociables”[3] o “elementos esenciales” adjuntos a nuestro Carisma.

Por todo lo que escribimos arriba es que en nuestro noviciado de Brasil, Santo Antonio de Sant´Anna Galvão, nos preparamos de un modo muy especial durante la semana previa a su fiesta el 1 de mayo. Lo hicimos con unas Jornadas Josefinas tituladas “Ite ad Ioseph”, dichas presentaciones fueron preparadas por los mismos novicios; en ellas se expuso la Exhortación Apostólica Redemptoris Custos de nuestro Padre Espiritual, en el primer día; en el segundo la Carta Apostólica Patris Cordis del Papa Francisco y su Mensaje para la 58° Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, San José: el sueño de la vocación; y finalmente sobre las prácticas de devoción al Glorioso Patriarca. En realidad, toda esta preparación fue en orden a disponernos mejor para la entronización de su imagen en nuestra capilla y posterior consagración personal y de nuestra comunidad al “Guardián de las vocaciones”. Su imagen mide un metro y medio, y es oriunda del estado de Minas Gerais, de la histórica ciudad São João del Rei, su belleza es singular ya que representa a San José, joven, viril y robusto guiando de la mano al Niño Dios, imagen perfecta de San José, “Custodio de las vocaciones”[4], como lo llamara su Santidad. Finalmente, el sábado 1 de mayo, tuvimos la gran fiesta de San José, en donde después de bendecir y entronizar su imagen, realizamos una procesión desde el Noviciado, hasta la Iglesia Divino Espíritu Santo, ya que el R.P. Carlos Gonçalves, su párroco también lo entronizó y le consagró su parroquia.

Posteriormente tuvimos la Santa Misa solemne precedida por el P. Carlos, los oficios fueron realizados por los novicios, al igual que los cantos. Después de la celebración del Santo Sacrificio, volvimos al noviciado para continuar con los festejos.

Gracias a Dios pudieron participar algunos padres y seminaristas de nuestro Seminario Mayor, como la comunidad de nuestros monjes, fue todo un honor, que hizo más especial todavía esa data tan marcante para cada uno de nosotros. Por la noche, como es nuestra praxis, tuvimos la adoración al Santísimo en donde pudimos hacer nuestra consagración personal y de nuestra comunidad al Esposo de la Madre de Dios. Posteriormente tuvimos la cena festiva y seguidamente un buen fogón al más estilo campamentero.

Decía San Pablo VI, que San José manifestó concretamente su paternidad «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa»[5]. Por eso jamás dudamos ni podemos dudar de su particular auxilio para todos los que queremos unirnos a Él y militar al servicio del “misterio sacrosanto de la Encarnación, que es “el misterio primero y fundamental de Jesucristo”[6], actualmente presente, y desde allí lanzarnos osadamente a restaurar todas las cosas en Cristo (Ef 1,10)”[7]. Y es por ese motivo que en este año jubilar le estamos rezando la treintena perpetua a fin de que se digne interceder por el aumento y perseverancia de la vocaciones, especialmente para nuestro Instituto porque como notaba San Juan Pablo Magno, la falta de sacerdotes es un problema fundamental de la Iglesia de nuestro tiempo, por eso ahora más que nunca debemos ir a San José; decía el santo misionero planetario: «Debe decirse que el problema de las vocaciones sacerdotales -y también de las religiosas, tanto masculinas como femeninas- es “el problema fundamental de la Iglesia”[8], “por el que tengo mucho interés de modo muy especial”[9], “que requiere mayor atención”[10], se trata de un “problema central”[11], “del futuro”[12], “vital”[13]»[14]. «“El problema de las vocaciones afecta a la vida misma de la Iglesia”[15]. El tema de las vocaciones “afecta a la Iglesia en una de sus notas fundamentales, que es la de su apostolicidad”[16]. “Escasez de clero quiere decir escasez de aquellos que celebran la Eucaristía”[17]»[18].

 

Querida familia religiosa demos gracias a Dios, a la santísima Virgen María y a su esposo, San José, por todos los beneficios que nos concede, y entre ellos por los 28 novicios, 1 postulante y varios que ya pidieron formalmente su ingreso (y que en estos días llegarán…); y al mismo tiempo pidamos por intercepción de San José, el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones, para la Iglesia y en especial para nuestro Instituto. Recuerden lo que escribió San Teresa de Ávila: «Solamente pido, por amor de Dios, que haga la prueba quien no me cree y verá, por experiencia, el gran bien que es el encomendarse a este glorioso Patriarca e tenerle devoción»[19].

 

¡Que viva la Virgen! y que ¡viva San José!

P. Tito A. Paredes, IVE

 

[1] Quemadmodum Deus.

[2] Cf. Patris corde, 1.

[3] Instituto del Verbo Encarnado. Curia Generalicia, Notas del V Capítulo general¸ Segni 2007, 15 pp. En la introducción del mismo se dice: «El presente documento recoge algunas anotaciones de los temas tratados durante el Quinto Capítulo General del Instituto, tenido en Segni (Italia) durante el mes de julio de 2007, y de las decisiones allí tomadas. No se trata de un documento oficial del Capítulo –para esto están las Actas, mucho más extensas, debidamente labradas y firmadas– sino de un documento del Gobierno General para uso de los miembros del Instituto. Su principal fuente son las mismas Actas del Capítulo» (p. 3).

[4] Francisco, Mensaje para la 58° Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, San José: el sueño de la vocación.

[5] San Pablo VI, Homilía (19 marzo 1966): Insegnamenti di Paolo VI, IV (1966), 110.

[6] Juan Pablo II, Alocución dominical (09/09/1981), 1; OR (13/09/1981), p. 1.

[7] Directorio de Espiritualidad, 1.

[8] Juan Pablo II, Homilía del Buen Pastor en la Basílica de San Pedro (10-5-1981); L’Osservatore Romano (17-5-1981) 19.

[9] Juan Pablo II, Homilía del Buen Pastor en la Basílica de San Pedro (10-5-1981); L’Osservatore Romano (17-5-1981) 19.

[10] Juan Pablo II, Diálogo del Papa con los Obispos en Lima, (15-5-1988); L’Osservatore Romano (5-6-1988) 21.

[11] Juan Pablo II, Diálogo del Papa con los Obispos en Lima, (15-5-1988); L’Osservatore Romano (5-6-1988) 21.

[12] Juan Pablo II, Diálogo del Papa con los Obispos en Lima, (15-5-1988); L’Osservatore Romano (5-6-1988) 21.

[13] Juan Pablo II, L’Osservatore Romano (12-3-1993) 6: «Es un problema vital, que todo cristiano que ame de verdad a la Iglesia debe llevar en su corazón».

[14] Directorio de vocaciones n. 79.

[15] Juan Pablo II, Mensaje al Congreso latinoamericano de vocaciones (2-2-1994); L’Osservatore Romano (27-4-1994) 8. Directorio de vocaciones n. 79.

[16] Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, nº 1060, 1.

[17]  Juan Pablo II, Diálogo del Papa con los Obispos en Lima, (15-5-1988); L’Osservatore Romano (5-6-1988) 21.

[18] Directorio de vocaciones n. 80-81.

[19] Santa Teresa de Jesús, Vida, VI, 6.