Por: María Alegría del Cielo, SSVM

Todo lo que digamos sobre la Santísima Virgen, todo lo que hagamos por ella, será siempre poco en comparación con lo que ella es y hace por nosotros. “De Maria nunquam satis!” Cuando queremos agradecerle, ella nos retribuye con más gracias, de modo que siempre estamos en deuda.

Fue en agradecimiento a la Virgen por los diez años de fundación en Luxemburgo que el 15 de octubre le ofrecimos un nuevo vestido. Lo hicimos para la imagen que está en la iglesia del Centro Espiritual que atiende nuestra Familia Religiosa, una imagen de la Virgen bajo la advocación de Maria Mater Iesu Consolatrix Afflictorum, la patrona del país.

La imagen original fue tallada en madera por un sacerdote jesuita, alrededor del año 1620, cuando la guerra y la peste asolaban el país. Primeramente había sido colocada en una capilla a la entrada de la ciudad, para que todos pudieran ir a rezarle a María, “Consoladora de los afligidos”. Pero luego de que fuera nombrada en 1666 patrona de la ciudad y en 1678 de todo el Gran Ducado de Luxemburgo, la imagen fue trasladada a la Catedral.

Pero la imagen que tenemos nosotros tiene también una historia digna de ser contada.

Las hermanas de Santa Elisabeth nos regalaron una estatua pequeña de la Consolatrix cuando llegamos al convento donde estamos ahora. Un día la imagen desapareció de la iglesia, y las contemplativas pensaron “la habrán sacado las vecinas, para hacer algo porque se acerca la fiesta”. Las “vecinas” eran las hermanas apostólicas, que vivían en la misma casa. El convento es muy grande, y las distintas comunidades vivimos en el mismo edificio, después de haber hecho algunas separaciones.

Resulta que las hermanas apostólicas pensaron lo mismo: “la habrán sacado las vecinas para hacer algún monumento…” Pero después de un par de días la cosa resultaba extraña, y entonces se dieron cuenta de que ninguna de las dos comunidades la tenía y de que alguien la había robado. Fueron a hacer la declaración a la policía, pero ya había pasado bastante tiempo como para que se pudiera hacer algo. Buscaron la imagen en los alrededores, pero nada.

Como la iglesia se había quedado sin imagen de la Virgen, las hermanas de Santa Elisabeht, muy generosamente, nos regalaron otra, más grande.

Pasaron los meses, y no hubo más noticias de la imagen perdida.

Hasta que, justo un año después del robo, el día anterior a la fiesta de la Virgen, Amelie, una señora que había venido a misa en la semana, la encontró en una bolsa junto a la puerta de entrada de la iglesia. ¡La habían devuelto! ¡La Virgen volvía para su fiesta!

Todos estaban muy asombrados por el hallazgo inesperado. Maisy, una señora que pertenece a la Tercera Orden y que es la encargada de vestir a la Virgen de la Catedral, estaba muy feliz sobre todo porque veía en ello un signo de que la Virgen estaba contenta con la presencia de nuestra Familia Religiosa en Luxemburgo, ya que había vuelto con nosotros.

Ahora había dos imágenes de la Virgen en vez de una. Entonces decidieron dejar la grande en la iglesia, y la pequeña, la que había sido robada y devuelta, fue puesta en una capillita, donde las hermanas apostólicas hacen la Adoración cada día.

Hay que destacar que la Consolatrix es muy querida por todos aquí, tanto que, gracias a esa devoción, Luxemburgo nunca fue un país protestante. Aún hoy, cuando el ateísmo es cada vez mayor, la fiesta de la Virgen, el cuarto sábado de Pascua, sigue siendo muy concurrida. Para esa fecha se realiza la Octava, que dura en realidad quince días: siete antes y siete después de la fiesta, y durante ese tiempo distintos grupos organizan peregrinaciones a la catedral. El día de la fiesta todos participan de la procesión. También la familia Gran ducal está siempre presente.

Cuando en el 2021 cumplimos diez años de la llegada a Luxemburgo, las dos comunidades de las Servidoras y la comunidad del IVE decidieron juntas regalarle, en agradecimiento, un nuevo vestido a la Virgen. Un vestido para la imagen grande, la de la iglesia.

Pocos días después Graciela, una señora española muy buena, que lleva a cabo un gran apostolado entre las familias de la ciudad, sin saber nada de la idea de hacer un manto a la Virgen, nos regaló su vestido de novia. Ella es mamá de ocho hijos, y junto con su esposo colabora en el proyecto “Amor Conyugal”, que organiza retiros para matrimonios y catequesis sobre la Teología del cuerpo, de Juan Pablo II. Además de ser un punto de referencia para muchos matrimonios, colabora en la atención de los inmigrantes más necesitados, y está presente allí donde haga falta una ayuda.

Su vestido de novia era un vestido de gran valor, de seda natural, sin teñir, cosido a mano. No lo había comprado, sino que se lo había regalado la modista, que la quería como una hija.

Graciela le había preguntado a su esposo y a sus hijas qué hacer con el vestido: si querían usarlo cuando ellas se casaran, o si querían dárnoslo a nosotros para que lo usáramos para hacer ornamentos para la iglesia. Y todos, unánimemente, respondieron que lo querían regalar a la iglesia. ¡Pueden imaginar su alegría cuando supo que iba a ser usado para hacerle un vestido a la Virgen!

Por diversos motivos el vestido no pudo estar listo ese año, y poco después la Madre Redentor, quien lo iba a hacer, fue destinada a Italia. Pero se llevó consigo la misión de hacer el manto, y con toda su comunidad terminó los últimos detalles y nos lo envió en agosto de este año.

Como el 10 de octubre era el aniversario de la proclamación de la Consolatrix como patrona de la ciudad, quisimos ofrecerle el nuevo vestido en un domingo cercano a esa fecha. Así, el domingo 15 de octubre se lo pusimos a la Virgen y el padre lo bendijo durante la Santa Misa.Graciela había viajado toda la noche para poder estar presente, porque en esos días se encontraba fuera del país. Estaba muy contenta de que el vestido hubiese estado listo ahora, ya que este año ella y su esposo Jan cumplieron treinta años de matrimonio. Cuando terminó la misa y se acercó a la imagen, notó que el vestido tenía bordado el escudo del Gran Ducado de Luxemburgo. Y esto la alegró mucho. Nos contó después que para ella había sido muy difícil tomar la decisión de quedarse con su familia en Luxemburgo, en vez de que fuera España la sede familiar. Pero el ver el escudo en el manto de la Consolatrix hecho con la tela de su vestido de novia era para ella una señal más de que era la Virgen quien la quería aquí.

Después de la misa muchos se acercaron a ver la imagen de cerca. Tanto los religiosos como las familias que frecuentan el centro espiritual estábamos muy contentos de ver tan linda a la Virgen. ¡Ella merece mucho más!

Queríamos hacerle un regalo a la Virgen, y ella misma se encargó de todos los detalles, para mostrarnos a todos su delicadeza maternal. Cuando vemos su providencia en esas pequeñeces, no podemos menos que crecer en confianza en ella. ¡Si nos quiere dar a Jesús, quiere llevarnos al Cielo!

La Virgen Consolatrix desde el pedestal del presbiterio consuela y fortalece a todos los que entran en nuestra iglesia. A ella le pedimos que proteja bajo su manto a nuestra Familia Religiosa y a todas las familias que asisten al Centro Espiritual, ¡que nos guarde a todos bajo su manto, muy cerca de su Hijo!

Hna. María Alegría del Cielo,

Monasterio Santa Hildegarda de Bingen, Luxemburgo