Por: P. Jesús Segura, IVE

 

El pasado mes de enero recibieron la sotana 6 novicios que están realizando su año de noviciado en Segni. Ahora visten ya, junto con los otros camaradas, su elegante traje negro, que les recuerda cada mañana, al besarlo y vestirlo, que su vida no es ya de este mundo, sino de Cristo, al que tienen que servir con pasión.

Y viéndolos tan contentos rondar por los pasillos del noviciado, con sus breviarios, con sus cuadernillos de apuntes de clases, entusiastas por el trabajo, premurosos por ser puntuales a la Misa y a la Adoración en la hermosa iglesia de San Pietro, atentos y absorbentes como esponjas de todo lo que se les explica, no es difícil darse cuenta que además de ser muy privilegiados por ser novicios, lo son también por estar en Segni.

La pequeña ciudad de Segni es como una pila bautismal para toda nuestra Familia Religiosa. Aquí fuimos aprobados, en la catedral, el 8 de mayo de 2004 con derecho diocesano, por medio de nuestro querido Mons. Erba, al que podemos visitar cuando queramos en Velletri, donde su cuerpo reposa. Esto es algo muy importante en nuestra historia porque con este acto magisterial de la aprobación, nuestra Madre, la Iglesia, reconoce la autenticidad del carisma que ha sido inspirado a nuestro fundador y recibimos la misión canónica de obrar nuestros apostolados en nombre de la Iglesia. Fue aquí en Segni donde recibimos el empujón maternal para volar, como el ave que empuja con el pico a sus polluelos para que tomen vuelo, para “ir por todo el mundo” y vivir lo que el Espíritu Santo espera y desea de nosotros.

Segni está cerca de Roma, cerca por tanto de la tumba de san Pedro y de san Pablo, cerca del Santo Padre. Podemos decir que estamos en el corazón de Italia y en el corazón de la cristiandad. En Segni disfrutamos cada día de un panorama envidiable incluso para la misma Roma. Muchos romanos vienen los fines de semana a respirar el aire fresco del Pianillo y de San Pietro, pues la altura de 668m y el imponente espectáculo de la Valle del Sacco son realmente una delicia. Por eso los Papas amaban Segni, que debería ser como una pequeña Castel Gandolfo de otras épocas. Nueve Papas vivieron aquí y fueron alojados en el edificio del Seminario episcopal. Segni goza de linaje papal, pues un Papa nació aquí y otros 4 fueron descendientes de la familia Conti, de Segni.

Segni es tierra de castaños, cerezos, almendros, olivos, árboles de manzana y pera, que llenan de verde y marrón este célebre cerro, que fue primera colonia romana, cuando en el VI a.C el último rey de Roma, Tarquinio, quiso traer sus tropas y llenarla de habitantes para que se convirtiera en un punto estratégico militar y de confianza para crecer y defenderse. Y Segni fue siempre fiel a Roma, sobre todo en momentos difíciles.

Segni es tierra de la Virgen Dolorosa, que con sus milagros ha protegido a sus hijos segninos. Con sus ojos de color castaño bañados en lágrimas mirando hacia la cruz, mira también a cada uno de sus novicios, que tienen que estar ahí, junto a su Hijo, en el madero.

Segni goza de la ayuda y protección de santos que fueron grandes personalidades, como lo fue el Papa san Vitaliano, que trabajó con esmero para mantener las paces con Bizancio y evitar el cisma, que difundió el gregoriano y tuvo espíritu misionero mandando sacerdotes a Inglaterra. Le sigue san Bruno, patrón, que fue elocuente teólogo, amante de la Escritura y de la contemplación, que sufrió persecución y defendió con insigne maestría la presencia real de Cristo en la Eucaristía contra Berengario ante Gregorio VII. Nos acompañan también san Pedro, san Esteban, santa Lucía, santa Anatolia, san Cayetano, que lo llaman “el santo de la Providencia”, por su ilimitada confianza en Dios y su entusiasmo ante las dificultades, que fue fundador y amó mucho a la Virgen. Nos custodia también san Clemente, desde su patronazgo en la diócesis de Velletri, a la que pertenecemos. Nos fortalece desde el cielo san Juan Pablo Magno, que nos quiso en Segni, y que cada mañana sonríe afable a los novicios desde el busto que bendijo el cardenal Sodano, nuestro ángel protector. Y como modelo y guía del noviciado gozamos del ejemplo y cura del beato Pier Giorgio, modelo de virtudes humanas, joven de oración, apasionado por la Eucaristía, los pobres y la naturaleza, que estimula a ser magnánimos, a mirar “verso l’alto”, hacia las alturas y montañas.

Lo mejor de Segni, después de la Dolorosa, son los segninos, aunque ellos digan lo contrario. Gente de buen corazón, piadosa, de tallo duro, como las piedras de las murallas, amantes de lo campestre y tradicional, celantes del amor familiar y de la buena educación, devotos de María. Muchos han notado como desde los inicios se ha dado una especial sintonía entre nuestra familia y las familias de Segni, que desde el comienzo se volcaron con afecto y caridad a darnos su ayuda y amistad. Entre todos, debemos muchísimo a don Bruno, que fue el que con abrazo más fuerte nos recibió, viendo en nuestra llegada un don especial de san Bruno, para Segni y para nosotros. Él ha sido y sigue siendo nuestro ángel custodio.

Todo esto es lo que goza un novicio que aquí se forma: rica historia, gente buena, aire puro, encanto natural y celestial. Y se podría uno preguntar: ¿no se van a encaprichar con tanto regalo los novicios? ¿No sería mejor menor afecto y mayor austeridad? En mi opinión la respuesta es que no. Lo primero porque es Dios el que nos ha querido aquí, y Él sabe mejor que nadie como tratar a sus novicios. Él se entiende bien de almas y de formar vocaciones. Y lo segundo porque el novicio tiene que aprender muchas cosas, como a ser generoso, disciplinado, amar la cruz, morir a sí, apuntar al magis, vencerse y todo lo que ya sabemos. Pero una cosa importante que tiene que aprender bien, es que todo es gracia y regalo de Dios. Y a esto tiene que ir acostumbrándose desde el comienzo, porque si no se aprende a recibir, se va a creer que lo que damos es cosa nuestra y de cosecha propia, y acabaremos por arruinar la obra, que no es nuestra, sino de Dios.

Confiamos a la reina de Segni, la Dolorosa, los novicios que han recibido la sotana y todos los demás, y le pedimos que sean pronto muchos, muchísimos más los que puedan dejarse regalar y puedan vivir el lujo de ser novicio en Segni.

 

P. Jesús Segura, IVE