Por: P. Diego Cano, IVE

Ushetu, Kahama, Tanzania, 4 enero de 2023

Me hubiera gustado escribirles esta crónica antes de que se termine el año 2022, pero ha sido imposible, especialmente por la cantidad de actividades con los niños. Mi deseo era saludarlos antes de fin de año, pero sobre todo agradecerles a todos los que nos han ayudado con las actividades navideñas con los niños, los campamentos y los regalos de navidad.

Hemos terminado el 31 de diciembre con el cuarto campamento, pues tuvimos dos campamentos de varones antes de la navidad, y otros dos para niñas, entre navidad y año nuevo. Entre todos los campamentos hemos tenido en total 1.140 niños con nosotros, por cinco días. Estas actividades siempre son muy cansadoras, por la cantidad de niños, y por ser tan pocos nosotros para asistirlos. Demanda mucha entrega y sacrificio. De manera especial a las hermanas, pues las niñas siempre son mucho más numerosas que los varones. Este año fueron 830 niñas, y el campamento de Kangeme el más numeroso, con 473 participantes.

Como novedad respecto a los campamentos del año pasado, es que se hicieron por primera vez dos en la parroquia de Kangeme. En el 2021 todavía trasladábamos a todos los niños desde Kangeme hacia Ushetu, lo cual significaba un gran despliegue de transporte. Al poder realizarlos en dos lugares, se aumentó el número, y se nos hizo más fácil el transporte. Como les conté en la crónica anterior, gracias a que se construyó un Salón de Usos Múltiples, los hemos podido alojar perfectamente. Lo que nos costó un poco fue el asunto de los baños, pues sólo se cuenta con cuatro letrinas… que en el campamento de niñas debían ser suficientes para más de 480 personas. Este año debemos ponernos en campaña de construir nuevos baños para los campamentos de fin de año.

Pero podemos decir que aún con estas pequeñas dificultades, los campamentos fueron una gran gracia. Lo veíamos en los rostros felices de todos ellos, sobre todo el día de la clausura, cuando se entregaban los premios. ¡Son tan sinceros y espontáneos para expresar su alegría! Gracias a las donaciones que pudimos recaudar en los meses anteriores a los campamentos, se pudo darles buena comida en los días de campamento, con dos comidas de fiesta. También se les entregaron regalos a todos: remeras, rosarios golosinas y útiles escolares. También se dieron premios por equipos, para los ganadores de las competencias. Y se otorgaron pelotas para las aldeas que habían tenido más cantidad de participantes. Además se entregaron premios a las virtudes, a los niños más estacados. Y como si todo esto fuera poco, también enviamos caramelos y chupetines a todas las aldeas de la misión, para que les den a los niños en la noche buena y en la misa de navidad. ¡Mil gracias a todos ustedes por vuestra ayuda!!!

Quería contarles una sencilla anécdota que me alegró mucho. Fue como si Dios hubiera enviado un ángel en medio de los campamentos. Entre tanto trajinar, con tanto trabajo desde las compras, la comida, las cocineras, la misa y las confesiones, los juegos y los premios… y mil imponderables que van surgiendo, Dios tuvo una delicadeza. En el campamento de niñas de Kangeme, en la cena del segundo día se les hizo la comida de fiesta, por ser el día de los Santos Inocentes. Yo recogí mi plato con comida y una gaseosa (había para todos), y me senté al costado de la iglesia, donde había luz. Algunas niñas se fueron sentado cerca, pero siempre son muy tímidas para conversar con alguien mayor, y más si es un varón, pues así es la cultura de aquí. Sin embargo, como ya nos conocen de hace tiempo, esta barrera no es tan fuerte. Así fue que vino una niña pequeña, de ocho años, según ella me dijo, y de quien no recuerdo el nombre ahora. Espontáneamente comienza a hablar, comentándome a mí, pero también a otras que estaban cerca suyo: “En este campamento no hay como extrañar la casa… Jugamos, rezamos, subimos a la montaña, comemos comida de fiesta… Yo espero toda la semana poder venir a la iglesia el domingo, a rezar y a jugar en el oratorio”. Y así siguió con cosas por el estilo, comentadas por sus amigas, y reafirmadas por algunas de ellas. La breve conversación se vio interrumpida por el sonido del silbato que las llamó a todas a formarse en sus equipos, y comenzar a gritar los nombres de sus patronos. Se perdió ese “ángel” en esa marea de 473 niñas.

Pero de mi parte… ¿cómo no pensar y repensar esas palabras tan sencillas y tan sinceras de una niña de ocho años a la que acababa de saludar? Dios nos la mandaba para que los padres y las hermanas veamos el valor de tanto trabajo. Algunas niñas venían el último día antes de comenzar su viaje de regreso, a agradecer nuevamente, a pesar de ya haberlo hecho una y mil veces cada vez que les entregábamos un regalo.

Pensamos que estos días serán siempre un gran recuerdo en sus almas. Muchos de ellos son de familias paganas, y por lo tanto, los días navideños los pasan con nosotros en los campamentos. En estos días tienen oportunidad de confesarse, pues los sacerdotes nos sentamos varias horas al confesionario. La gran mayoría de ellas comulga en cada misa del campamento (calculamos más de 4.000 comuniones en esos días). Y se realizan festejos y regalos con motivo de la navidad.

Cuando terminan esos días de campamentos, sumados a la gran cantidad de misas que hay que realizar en diversos puntos de las parroquias, y con novena del Divino Niño, y dos pesebres vivientes… no podemos más que dar gracias a Dios, y descansar un par de días para volver a este gratificante trabajo misionero.

Gracias por sus oraciones, para que no dejemos ver el valor de las almas, que justifica todo nuestro esfuerzo, trabajo y cansancio.
¡Firmes en la brecha!

¡Feliz Navidad y bendecido Año Nuevo!

P. Diego Cano, IVE