Por: P. Diego Cano, IVE

Kangeme, Ushetu, Tanzania, 5 de noviembre de 2021

Estimados amigos. Estamos ya entrando en el tiempo de lluvias, y esto influye notablemente en el ánimo de todos, puesto que cambia el clima, se pone un poco más fresco, y cambia el paisaje, apareciendo el verde por todos lados y los campos cultivados.

Antes de ayer manejaba la camioneta en dirección a Mazirayo, y me regocijaba de ver el paisaje, y gran cantidad de gente en el campo, cultivando por grupos, en familia, trabajando todos con el azadón al ritmo. El viaje desde Ushetu a Mazirayo es de unos 38 km aproximadamente, y si bien en la zona de Ushetu casi que no ha llovido, al ir acercándome a destino se veía cada vez más verde, y como les decía, gente cultivando… y algunos ya sembrando. Las lluvias en esta parte de la parroquia de Kangeme ha sido más copiosa.

El viaje a Mazirayo era con el fin de visitar dos aldeas que hace mucho tiempo no íbamos, Nonwe y Kona Nne. Podemos decir que son las aldeas del extremo de la parroquia hacia el oeste. Ambas poblaciones limitan con la reserva forestal, y siempre en las conversaciones sale a colación el tema de los animales salvajes. Les pregunté en Nonwe si es verdad que a veces los animales impiden a los niños ir a la escuela temprano, y me decía que sí, que a veces hay grandes grupos de hienas, y alguna vez hace un tiempo los leones atacaron el ganado vacuno de la gente de la zona. Y de paso les cuento que hoy, viajando desde Ushetu a la parroquia de Kangeme para celebrar la misa de primer viernes de mes, apenas haber dejado atrás la escuela secundaria de Mweli, donde asisten muchos jóvenes, cuando clareaba el día y todavía no salía el sol, se cruzó delante del auto, muy cerquita, tal vez a unos 20 metros, una hiena enorme. De hecho me quedé mirando y admirado del gran tamaño, que me hizo dudar si era una hiena. Nunca había visto una así de grande, y con cola larga terminada en un mechón de color negro.

Volviendo al relato de la visita a Mazirayo, les cuento que al llegar al puesto misionero de allí, a la casa que hemos construido con el fin de estar un poco más cerca de esas aldeas, me encontré con un panorama parecido, o mejor dicho peor, que cuando llegué a Nyasa aquella vez que les contaba que me tuve que poner a sacar telarañas y polvo. Esta casa había quedado cerrada desde las misiones populares, y eso fue en junio. Las telas arañas cruzaban de la mesa a las sillas, y de las sillas a las ventanas. Comencé a abrir las ventanas y todo estaba cubierto con una buena capa de tierra, digo “buena” capa. Al ratito de comenzar la tarea llegó un joven que es uno de los líderes, y siempre está allí para ayudar. En un rato dejamos la casa habitable. Debimos sacar todas las cosas de la habitación donde siempre dormimos los padres, porque las ratas habían comido de todo, hasta las toallas y repasadores. Siempre tan atentos los fieles de esta aldea, al mediodía me trajeron la comida, y habían preparado carne de gacela, como saben que nos encanta a los misioneros. Estos son los lujos de la misión en lugares tan apartados.

Por la tarde fui a la aldea de Nonwe, donde me esperaban para la bendición de las semillas. También debía bendecir la construcción de una nueva capillita, que es provisoria, muy provisoria. Los ladrillos cocidos, pero pegados con barro. En las ventanas pusieron dinteles de madera para sostener las dos hileras de ladrillos superiores, y las maderas que han usado, como decimos en Argentina, están “miráme y no me toques”. Es decir, no sé si pasarán indemnes este tiempo de lluvias. Pero la idea es comenzar a construir la iglesia definitiva, con buenos materiales, con bloques de cemento y columnas de hierro y hormigón. Ellos mismos hicieron los cimientos, con un plano que les dibujé, en forma de cruz. Ya conseguí una donación para hacer todos los bloques de cemento, y Dios mediante la próxima semana comienzan a fabricarlos allí mismo con una máquina manual. Hay que seguir adelante pidiéndole a San José por los siguientes pasos a seguir. Estaban muy felices de recibir esa noticia, y comprometen sus oraciones para lograrlo.

Después de Nonwe regresé a la casa de Mazirayo para descansar a la noche. El sueño se vio interrumpido por las ratas que no se resignaban a que esa ya no era su casa. Gracias a unas trampas este asunto no llevó mucho tiempo, por suerte. Al día siguiente me esperaban en otra aldea, de las “extremas”, que se llama Kona Nne, es decir “Cuatro esquinas”. De esta aldea les he contado en otras crónicas, y no repito todo. Resumo que fue una aldea hace tiempo, luego estuvo cerrada varios años por falta de catequista y de cooperación de los fieles. Ahora tienen un nuevo catequista, jovencito, que va llevando muy bien su trabajo, con vocación. Aquí construyeron el año pasado una capilla de barro y techo de paja, como he contado en una crónica a la cual remito. Aquí actualmente la mayoría de los feligreses son niños. Los adultos llegan a una decena. La iglesia estaba llena, y sobre todo los niños y niñas dirigían los cantos. De esta capilla hay 25 niños para la primera comunión este año. Aquí celebré la misa, en una capilla totalmente de tierra: altar, paredes, pisos, y bancos. Pero realmente es muy acogedora, y aquí uno da gracias por ser misionero. Por la abertura de la puerta podía ver las colinas de enfrente, donde merodean animales salvajes. En esta aldea una vez me dieron de comer carne de jirafa. Allí, en esa pequeña capillita, estaba ante la mirada atentísima de niños y adultos, mientras les explicaba el sentido de la señal de la cruz, y el valor de los sacramentales, como la cruz, el rosario, las medallas, las estampas y el agua bendita. Teología de la más alta, para gente bien dispuesta. Mientras les explicaba, reinaba un silencio admirable en medio de un grupo tan grande de niños. Luego de la misa habían preparado comida para todos, y allí comimos siguiendo la costumbre africana, todos en grupos, los niños, las niñas, los adultos… una gran familia. Nos despedimos con gran alegría y con la esperanza de vernos pronto, para la celebración de las primeras comuniones del centro de Mazirayo, el domingo 14 de noviembre.

He dejado para el final, pero no por eso es menos importante, el contarles de la llegada de dos sacerdotes de la Congregación a Tanzania. Como el fin de estas crónicas es contarles a ustedes, pero también dejar escrito lo que va pasando en la misión, esto no puede quedar en el olvido. El domingo 31 de octubre llegó el P. Pablo de Santo, IVE, provincial de Egipto, para predicar Ejercicios Espirituales esta semana a los sacerdotes, y la próxima a las hermanas Servidoras. Después tendrá unos días para estar con nosotros en la misión y visitar algunas aldeas. El otro sacerdote es el P. Martin Connolly, IVE, que viene para quedarse por mucho tiempo, haciendo una experiencia misionera en África. Recibir visitas por estos lares, y después de casi dos años de pandemia… es una alegría inmensa. Les pido oraciones por ellos, y oraciones por los frutos de los Ejercicios.

Ahora sí me despido, y hasta la próxima.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE