“No se puede ser apóstol sin ser creativo; y sin ser creativo no se puede ser misionero. Porque está implícito en las claras palabras de Jesucristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16,15) y “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21)[1]
Por gracia de Dios creo que pudimos poner en práctica este elemento no negociable de nuestro carisma en la Santa Misión que se llevó a cabo en una de las aldeas pertenecientes a la parroquia de nuestros padres en la costa de Vanimo aquí en Papua Nueva Guinea, la aldea tiene el nombre de “Fichin”.

Componíamos el grupo misionero el padre Felipe Preciado IVE, tres Servidoras, una postulante y 12 misioneros laicos quienes nos lanzamos a la aventura desde el primer día ya que pudimos vencer el primer obstáculo que se nos presentó.
Con motivo de las abundantes lluvias, que son comunes en este tiempo aquí en Vanimo, uno de los puentes que debíamos cruzar para llegar al lugar de la misión se vio bloqueado por un gran tronco que había sido arrastrado por el agua lo cual impedía el paso de los vehículos, así que decidimos cruzarlo a pie, la corriente estaba bastante crecida, pero con cuidado se podía cruzar, el tema era transportar todo el material necesario para los días de misión, teniendo en cuenta que es un lugar donde no hay luz eléctrica, ni agua corriente, ni se cuenta con camas para poder descansar, etc., etc., por lo que se imaginaran todo lo que llevábamos, gracias a Dios, con la ayuda de los misioneros laicos y de la gente del lugar pudimos cruzar todas las cosas y dar comienzo a la santa Misión como lo habíamos programado la tarde del día viernes 17 de diciembre.
Viendo a mis hermanas aventurase cruzar el río pensaba que, así como una madre natural vencería cualquier obstáculo para ir al encuentro de su hijo necesitado, así la religiosa debe poner su mayor ahínco en vencer los obstáculos que se le presentan para ir al encuentro de los hijos espirituales que Dios le encomienda para ser por ella alimentados con la palabra de Dios, fortalecidos por la gracia y los sacramentos, alentados por sus consejos y alegrados por su compañía.
Comenzamos la misión con una procesión en honor a la Santísima Virgen de Fátima, con una imagen de la misma traída desde Portugal, para visitar las familias de la parroquia y que providencialmente le correspondía visitar la aldea que misionaríamos, así que podemos decir que la Virgen fue la principal misionera.
Cuando preparábamos la misión, conociendo la sencillez de nuestra gente y pensando en cómo obtener el mayor fruto, se nos ocurrió la idea de agregar al acto misional una representación que sirviera de introducción al tema que se predicaría ese día.

Tomamos como modelo “Las pastorelas” mejicanas, donde los personajes principales son los pastores que enviados por el ángel emprenden el camino para adorar al Niño Jesús, pero se ven distraídos o impedidos por el diablo quien se les va representando de diferentes maneras y con distintos argumentos para tratar de impedir que lleguen a Belén.
Esto fue un éxito total, ya que la gente captaba muy bien el tema y aun los niños pudieron memorizar citas bíblicas mencionadas en la pastorela. Participaron en la representación de las mismas los misioneros laicos, hermanas y hasta el mismo predicador.
Estando tan cerca de la Navidad pudimos hacer que cada niño preparara con cajas de cartón y cartulina su propio pesebre, ya que aquí nadie cuenta con el honor de tener un pesebre en su casa, sólo pueden apreciarlo y rezar frente a él en la iglesia o capilla.
A los niños les encantó la idea y trabajaron con mucho entusiasmo para preparar el suyo. Viéndolos como se esforzaban en el trabajo me venían a la mente las palabras del Señor: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, te doy gracias porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se lo has revelado a los sencillos” (Mt 11,25)
El último día de la misión los niños se presentaron muy orgullosos con sus pesebres al sacerdote para que los bendijera y así poder junto con sus familias adorar al Niño Jesús la noche de Navidad.


Cada misión popular deja en el alma del misionero la alegría santa de ser instrumentos en manos de Dios, y las ansias de trabajar por llegar a ser un cáliz lleno de nuestro Señor Jesucristo, que derrama en los demás su superabundancia.
¡Ave María y adelante!
Hna. María del Sagrario
Misionera en el continente Azul
[1] Carlos Miguel Buela, Ars participandi, IVE Press 2018, p. 445.





