Por: María de la Agonía del Jesús, SSVM

Queridos hermanos en el Verbo Encarnado:

Queremos hacerles partícipes de nuestra alegría por haber emprendido hace algunos meses un nuevo apostolado en la misión, y pedirles oraciones por esta pequeña obra que Dios realiza por medio de nosotras.

En la misión en Gerona (Cataluña), España, trabajamos en un Templo Expiatorio al Sagrado Corazón de Jesús, donde, por gracia de Dios, hemos comenzado hace algunos meses la Adoración Eucarística Perpetua. En este Templo se llevan a cabo diversos apostolados para jóvenes, matrimonios y un grupo de mujeres que rezan por sus hijos, y todos convergen en la adoración eucarística. Los jóvenes del grupo “Efettá” y “Hakuna” se congregan para hacer adoración ante el Santísimo, el grupo “Amor Conyugal” luego de tener un punto de formación, concluye sus actividades con la adoración eucarística; también está el grupo de los “Adoradores Nocturnos” que se reúnen los primeros viernes del mes, y el grupo de las “Madres Mónica” que imploran ante el Santísimo por sus hijos.

Nosotras veíamos que muchas de las familias que frecuentan el Templo tenían varios niños, pero faltaba una actividad para ellos. Entonces decidimos organizar el grupo de “Niños Adoradores”.

Este grupo está abierto a niños de dos a doce años, y nos ayudan a dirigirlos cuatro jóvenes de catorce años. Su finalidad es que los niños crezcan en amor a la Eucaristía y a la vez entiendan la estrecha relación de este culto con la reparación al Sagrado Corazón de Jesús. Porque sabemos que el culto al Corazón de Jesús es un camino excelente que nos lleva directamente a ese “contenido interior” que trasciende el símbolo del corazón como fuente de los sentimientos y afectos más profundos del Dios Humanado, queremos que comprendan, según su capacidad, lo que es el amor y la imitación de Jesucristo. Como decía en otras palabras el Papa Pío XII, el culto al corazón de Jesús lleva con más rapidez a las inteligencias al conocimiento interior de Cristo nuestro Señor e inclina más eficazmente las voluntades a amar con más vehemencia e imitarle con más exactitud[1].

Los niños tienen un deseo innato de conocer y reflexionar sobre las cosas más esenciales e importantes de la vida. Debido a esto, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía no es algo que esté demasiado lejos de su comprensión. Queremos que incluso los niños más pequeños perciban esencialmente lo que significa “adorar”, pues sabemos que no es una simple oración, ni una forma de devoción que también podamos dirigir a Nuestra Señora o a los Santos, sino que se debe solo a Dios. Para muchos niños, reconocer a Jesús en el pan eucarístico es casi natural. Sus mentes abiertas, libres de las mil constricciones que encadenan a los adultos y que les hacen sopesar hasta los gestos más simples, pueden abrazar este inmenso misterio con entusiasmo y plena confianza.

El grupo de los “Niños Adoradores” cumple la finalidad del templo Expiatorio al Sagrado Corazón de Jesús, puesto que la reparación más sublime se hace frente a la Eucaristía y su culmen se encuentra en el Sacrificio de la Santa Misa. Por el conocimiento del Corazón Eucarístico de Jesús conocemos el amor de Dios, porque el Corazón de Jesús es el símbolo de su amor que lo llevó a ofrecerse como víctima. Allí se manifiesta la profundidad insondable del misterio de su amor. Y es también en la Eucaristía donde Jesús recibe el mayor culto de adoración y reparación por los ultrajes con los que su Sagrado Corazón es ofendido.

Cuando llegan los niños, lo primero que hacemos es presentarnos ante el Santísimo con la debida reverencia, ulteriormente hacemos oración meditada (lectio divina) y oraciones vocales de reparación, intercalando algunos tiempos de silencio. Hemos dividido los niños más pequeños, de 2 a 5 años, del resto del grupo, para que sean guiados según otro procedimiento. Los niños más grandes, de 6 a 12 años, tienen un cuaderno personal en el que pueden hacer en ese tiempo propósitos, dibujos o reflexiones propias, la oración dura 30 minutos. Es envidiable ver con qué pureza salen de sus labios oraciones tan dulces que agradan a Dios.

Luego del tiempo de adoración, salimos a jugar y les damos algunos dulces; hacemos también la entrega de una imagen de la Virgen de Fátima al niño que ese día se destacó en alguna virtud, para que se la lleve por una semana a su casa. Es hermoso notar la alegría con que acogen a María entre sus manos, y como desean ser los elegidos por ella. Después retornamos al Santísimo para que los niños puedan rezar y dirigir el Santo Rosario.

 

Hay mucho por hacer y hay muy buen terreno para sembrar. A pesar de ser inquietos y distraídos, (como la mayoría de los niños) sus almas tan puras son la debilidad de Dios y seguramente Él oirá sus oraciones por la conversión de los pecadores y para reparar su Divino Corazón.

El Sagrado Corazón de Jesús nos dice: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré» (Mt 11, 28-30) ¿Y dónde nos espera el Señor para aliviarnos? En la Sagrada Eucaristía. La presencia viva y real del Corazón de Jesús se encuentra en el Santísimo Sacramento. En la Eucaristía late vivamente el Corazón de Jesús, por eso, en cada adoración eucarística, en cada visita al Santísimo, podremos reclinarnos sobre su pecho y como el discípulo amado descubrir los tesoros infinitos de gracia y bondad que tiene el Sagrado Corazón para cada uno de nosotros.

Los niños, los predilectos del Señor le adoran y reparan por los pecadores. Dios “de la boca de los niños de pecho ha sacado una alabanza” (Salmo 8), diciendo: ¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, y no te aman!

Hna. Ma. de la Agonía de Jesús

Misionera en Gerona, España

 

[1] Cfr. Haurietis Acquas, 4