Por: Maria Mater Unionis, SSVM

Fairbanks, 10 de octubre de 2023

Querida Familia Religiosa,

Yo me había hecho el propósito de escribir crónicas sobre los apostolados que tuvimos aquí en Alaska durante el verano antes de que nevase por primera vez. Bueno, la primera nieve cayó en Fairbanks el 3 de octubre, así que mi propósito no se cumplió.

Hace mucho tiempo, pero creo que vale la pena contarlo, realizamos un “día en familia” el 2 de enero de 2023 para celebrar el Año Nuevo y la Solemnidad de la Madre de Dios. Durante el tiempo de navidad tuvimos la ayuda de dos hermanas más, Intercesor y Gracia.

La idea era pasar un día de recreación y tener algunos momentos de oración. Muchas de esas familias ya se habían hecho muy cercanas a nosotros y estaban muy contentas con la idea de pasar un día todos juntos.

El mayor desafío era encontrar un lugar que pudiera reunir a todo el mundo confortablemente. No hay muchas opciones de lugares así cerca nuestro, así que al final alquilamos por un día el campamento de los scouts, que queda más o menos a una hora de las parroquias.

Nosotras, las hermanas, preparamos toda la comida antes y con la ayuda de algunos voluntarios que llegaron más temprano organizamos todo cuanto pudimos. Una de las primeras preocupaciones era hacer un camino en algún monte para que los niños pudieran deslizarse por la nieve. Entre el diácono Chuck y Dominic, uno de los jóvenes, lo lograron; pero fue muy difícil, varias veces se quedaron atrapados en la nieve con sus motos. Pero al final todo salió muy bien. Con el camino hecho, los niños, contentos, podían transitar con sus trineos.

Las familias empezaron a llegar alrededor de las 10hrs. Inmediatamente los niños se pusieron sus abrigos y salieron corriendo al encuentro de la nieve con los brazos abiertos. Y así pasamos toda la mañana: la mayoría de los papás en el comedor charlando y los niños y jóvenes aventureros bajando y subiendo los montes nevados. Para los niños nacidos en Alaska nunca hace demasiado frío para estar fuera, y el correr de las horas no es un problema para ellos.

El almuerzo empezó a las 13hrs y tuvimos juegos en el comedor para toda la familia: papás, mamás, abuelitos, niños, jóvenes, y todos participaron.

Después de los juegos todos salimos afuera otra vez. Ese día, por milagro, hacían alrededor de -10oC, un día considerado muy agradable para estar afuera, teniendo en cuenta que semanas antes habían llegado a -30oC y -40oC.

Algunos niños volvieron a deslizarse con los trineos, mientras el diácono genialmente con su moto de nieve enganchaba los trineos de los niños y los llevaba hasta el lago congelado, donde nos reunimos para pescar. Indescriptible la alegría de los niños…

En el lago, las hermanas veíamos cómo los niños sabían manejar todo: desde cómo hacer el hueco en el hielo, hasta cómo matar al pez recién salido del agua. Una y otra vez nos asombrábamos de estar todos caminando sobre un lago congelado; pero para los alaskeños era lo más normal, ya que ese es su mundo.

Los papás y los jóvenes se ocupaban de hacer los huecos, y como eso llevaba tiempo, los niños más pequeños hacían fila para pescar; mientras los otros niños estaban mirando, para ver el espectáculo del pez recién salido del agua, luchando en vano por salvar su vida.

Y cuando finalmente pescaban algo, todos los niños salían corriendo al encuentro del pez y saltaban de alegría por su amigo que lo había pescado. No sé cómo describir la sonrisa pura en el rosto de los niños; aquí se percibe que hay cosas que no se pueden transmitir al escribir.

Difícil fue sacarlos de alrededor de esos huecos y llevarlos de vuelta al comedor, donde tendríamos el rosario y la Santa Misa celebrada por el padre Gerardus, IVE.

Elegimos como tema para ese día, aquellas palabras de San Juan Pablo II pronunciadas el 30 de noviembre de 1986 en su visita a Australia: «Como va la familia, así va la nación, y así va todo el mundo en el que vivimos». Es un consuelo escribir sobre ese día en familia en Alaska y pensar en esa homilía de San Juan Pablo II, ya que aquí contamos con muchísimas familias numerosas, que se esfuerzan por educar a sus hijos en la fe católica y fomentar las vocaciones en sus hogares.

Más de una vez, al ver a tantísimos niños, pensé que la salvación de Estados Unidos partirá de Alaska. Y lo decía el Padre Segundo: «Una de las señales infalibles de que Dios quiere bendecir abundantemente a una familia es la vocación de uno de sus miembros a la vida religiosa, y una de las señales de que una familia es prácticamente católica es la floración de uno o varios de sus miembros al estado religioso»[1]. Que Dios escuche las oraciones de esos papás y conceda muchas y santas vocaciones.

Una y otra vez las familias nos agradecieron por ese día diciéndonos que durante años habían deseado tener un día así, y les aseguramos que días como esos no faltarían en los próximos meses.

Otra vez entre el cielo y la nieve,
Maria Mater Unionis

[1] Crónicas Akulurakeñas, pág. 115.