Por: P. Diego Cano, IVE
Kangeme, Kahama, Tanzania

3 de enero de 2024

Es difícil ponerse a escribir, después de tanto tiempo, pues no sé por dónde empezar. Tal vez empiece contándoles que estamos en época de lluvias, y en este momento en que les escribo está cayendo un verdadero diluvio. Se puede decir que es el clima ideal para estar delante del teclado de la computadora. Es difícil comenzar, porque no sé por dónde ya que han pasado miles y miles de cosas en la misión en estos últimos meses. Regresé a la misión a fines de noviembre, y en estas apenas seis o siete semanas, hemos vivido muchas cosas, todas dignas de ser contadas. Sicológicamente, parece mucho más tiempo el que llevo aquí después de las vacaciones, porque las actividades se suceden sin descanso. Tal vez es esta la razón principal por la que no me he podido sentar a escribirles.

Me decido por comenzar a contarles de los campamentos de navidad, pues es lo más reciente, y además porque es un deber que les agradezca a todos los que nos ayudaron económicamente para poder realizarlos, pero también a todos los que ayudan rezando, y trabajando, como todas las hermanas de las Servidoras, y sacerdotes y hermanos del IVE, que en esos días se han dedicado con tanto esfuerzo a los niños de nuestra misión.

En primer lugar, hago el resumen de los campamentos, en cuanto a las cantidades, para que luego se den una idea de las cosas que les cuento. Realizamos cuatro campamentos, dos de niñas y dos de varones. Uno de varones y uno de niñas por cada parroquia que atendemos: Ushetu y Kangeme. Así entonces, en Ushetu estuvieron 169 varones y 429 niñas; y en Kangeme 272 varones, y 481 niñas. Cada campamento duró cinco días, y entonces tuvimos un total de 1.351 niños en campamentos. Dos campamentos antes de la navidad, y dos entre navidad y año nuevo.

Una de las cosas que se complica mucho es el transporte, pues hay dos sectores que en este tiempo de lluvias quedan incomunicados en cuanto a la logística se refiere. Este año, particularmente, ha llovido más que años anteriores, y los dos ríos han crecido mucho y ya no se pueden cruzar con vehículos grandes. Algunos pueden llegar a cruzar una motocicleta, pero también usando los botes hechos con corteza de árbol. Para que asistan tantos niños es clave facilitarles el transporte. Algunos de ellos vienen de aldeas que están a cuarenta kilómetros de la parroquia. Esta es una de las grandes ayudas que nos dan los que colaboran con los campamentos, para poder cargar combustible en todas nuestras camionetas, en el bus, y contratar camiones. Nuestros vehículos sufren todos estos trajines de ir y volver llevando niños, por caminos en muy mal estado, muy arruinados por las lluvias. Este año, al terminar el último campamento, se nos rompieron dos camionetas, y hasta el bus no quería arrancar. Pero gracias a Dios se pudieron llevar a todos los niños de los lugares lejanos a sus casas. Comprenderán que no buscamos a todos, sino solamente a los de más lejos. De las aldeas que están a diez o doce kilómetros, o menos, vienen caminando y se regresan por el mismo medio.

Al comenzar el primer campamento, el más numeroso de los cuatros, el de niñas en Kangeme, donde habían unas 480, todo iba muy bien, y nos habíamos preparado para poder recibirlas. En cuanto al lugar para dormir, usan un gran salón que hemos podido construir, más las aulas de la escuela Nuestra Señora de Luján, que está en construcción, pero ya tenemos dos aulas grandes. Con respecto a la electricidad o la luz para la noche, en este lugar ya hay luz eléctrica del estado, pero se corta siempre, a veces durante todo el día, o toda la noche. Por eso es que también hay que tener los sistemas solares en condiciones. Todo estaba muy bien, pero en la primera noche llegó una tormenta eléctrica muy grande, y cayó un rayo que hizo quemar algunos aparatos de audio, algunas llaves térmicas, y algunos cables explotaron hacia afuera… fue realmente impresionante. Yo estaba en la habitación en la casa de los padres, y rezaba para que a nadie le hubiera pasado nada. Gracias a Dios que fue durante la noche y estábamos todos acostados. Durante el día pudimos reparar todas las cosas que se habían estropeado. Finalmente, les cuento de la aventura del agua, pues tener 480 niñas, los baños y las duchas es un gran problema. En esta parroquia no tenemos pozo de agua, y por lo tanto contamos solamente con el agua de lluvia. Como es tiempo de lluvias, los tanques estaban llenos antes de comenzar el campamento, pero a los dos días ya se habían acabado, y había que comprar agua que la traen en bidones, con bicicletas. Todas las dificultades se han ido superando gracias al ingenio y la generosidad de los religiosos y de los benefactores.

En todos los campamentos, no solamente el primero del que les estaba contando, el tema de la cocina exige mucha generosidad. La comunidad de cada parroquia designa cocineras que vienen de distintos grupos. A su vez un religioso o una religiosa debe ser el jefe de cocina, y llevar todo adelante, con orden, con eficiencia, y que todos queden contentos. Es un gran trabajo.

Los días de los campamentos transcurrieron con mucha paz y alegría. Doy gracias a Dios que entre tantos niños, 1.350 en total, no hemos tenido mas que los problemas normales, como algunas fiebres o descomposturas, pero nada más. Un verdadero milagro. El clima en esos días fue muy benévolo, pues sólo dos días tuvimos lluvia al mediodía. Después, hemos gozado de días llenos de sol, con el aire fresco por las lluvias. Era hermoso poder pasar horas y horas confesando en el parque de la iglesia, mientras los niños y las niñas seguían en sus actividades, con juegos, charlas de catecismo, competencias. La tarde, como siempre en nuestros campamentos de la Congregación, termina con el rezo del rosario, al atardecer, poniéndose en manos de la Virgen.

Siempre nos sorprenden nuestros niños, pues su vida es muy sencilla. A veces me preguntan otros misioneros o misioneras, cómo podemos hacer campamentos con tantos niños. En realidad, es gracias a que ellos son muy sencillos y sacrificados. No creo que en otras partes se puedan repetir estas experiencias, pues muchos de los niños van y vienen caminando desde sus casas, no los trae nadie, ni los buscan. Duermen en el piso, tan sólo sobre un plástico, las cinco noches, sobre el duro y frío cemento. La comida es muy sencilla, que no sale del arroz y la polenta (ugali). Los desayunos son un té, con una especie de buñuelo, o simplemente el “uji”, un potaje a base de harina de maíz. Nadie se queja de nada, es increíble. Es más, en estos campamentos, como son de fin de año, con el clima Navideño, tratamos de darles mejor comida, y entonces hay carne dos veces en el campamento, a la mitad y el día de la clausura. Y esos dos días les damos también gaseosas, como una verdadera fiesta. Los chicos felices.

Cada día del campamento rezamos por los benefactores en la santa misa, en el rosario, y en la acción de gracias de la comunión. Algunos de los que nos donaron dinero nos mandan también sus intenciones, por su familia, por la salud de algún familiar, etc. Los hemos tenido muy presentes, y de verdad que los chicos rezan por estas intenciones.

Los campamentos tienen el fin de atraerlos a los chicos a la iglesia, y que puedan tener unos días de fiesta navideña, que sean una preparación para esa el nacimiento del Salvador. Muchos de ellos, como otras veces les he contado, no tendrán ni fiesta ni regalo en sus casas. Por eso, el que puedan recibir algo aquí en la iglesia, y que se preparen espiritualmente para vivir la gran celebración de la Navidad, es algo muy importante. Es muy hermoso poder predicarles en la misa, y explicarles el sentido de la Navidad, la Encarnación, del Niño Dios, de la Sagrada Familia, del Pesebre, del árbol de Navidad… etc. Los cantos que aprenden y cantan a toda voz, son una muy buena preparación para el clima navideño, villancicos tradicionales, cantos que les hablan del misterio que se celebra… como nos ha sucedido también a nosotros desde niños.

Finalmente, cada campamento termina con la fiesta, en la misa, y luego en la mesa. Y la esperada entrega de premios. Siempre nos emocionamos ante la alegría que expresan externamente con gran sinceridad. Hacemos una entrada “triunfal” de los premios, aclamada por la multitud infantil con gritos, aplausos, saltos, silbidos. Se entregan premios individuales, a las virtudes; también premios a las aldeas que más niños han venido, y a los equipos que han competido. Por último, estos años hemos podido hacerles unas camisetas de regalo a todos. Un muy buen regalo, junto con un rosario. Las camisetas de este año llevan la imagen de la Virgen de Luján, con la inscripción de Jn 19,27: “Ahí tienes a tu Madre”.

Mil gracias a Dios y la Virgen por todo. Los campamentos nos dejan molidos, en cuanto a las fuerzas físicas, pero siempre con la inmensísima satisfacción por poder estar en un lugar de misión como éste, y poder hacer estos campamentos que los hemos aprendido a hacer en nuestra Congregación, y que son parte de nuestro carisma… así los hemos aprendido desde siempre, así en cada momento recuerdo los consejos de Don Bosco, y de nuestro fundador. Y así, de esta manera, se ven los frutos. No de otra forma. ¡Gracias querida Congregación!

¡Firmes en la brecha! Y ¡Feliz Navidad y Año Nuevo para todos!

P. Diego Cano, IVE