Por: Hna. Maria Mater Unionis, SSVM
Nome, 23 de febrero de 2023
Querida Familia Religiosa,
El grito de Cristo resuena hoy una vez más en nuestras almas misioneras: el «Duc in altum» ha hecho que les dirija esas líneas desde el Estrecho de Bering, el temido mar de Bering.
Al mirar el mapa no tiene sentido que para viajar del norte se vaya al sur y del sur volvamos al norte, pero no hay vuelos directos desde Fairbanks a Nome, por eso ayer salimos de Fairbanks en el vuelo de las seis de la mañana y paramos en Anchorage, y desde Anchorage tomamos el vuelo que nos trajo a Nome.
Acá vinimos por tres días con la intención de conocer la aldea y preparar una misión popular para junio.
Desde la ventana
Desde Anchorage a Nome lo que se veía por la ventana era algo magnífico. Las fotos son una pálida imagen de lo que nuestros ojos alcanzaron a ver. La nieve y las montañas, el mar, el sol… lo que se veía, eso es lo que es capaz de volver loco a un poeta.
¡Con nuestros mismos ojos vimos por primera vez el famoso río Yukon! Extasiada, no podía creer que finalmente nos habíamos encontrado y que mis ojos lo estaban contemplando, aunque desde la ventana del avión… y mi pensamiento voló hacia las líneas de mi amigo, el P. Segundo Llorente, cuando describía la primera vez que avistó el Yukon: «Yo escuché hablar del río y había leído sobre ello con bastante frecuencia. Una emoción inigualable me invadió cuando lo vi»[1].

Unos minutos más y avistamos el temible mar de Bering. Y como no podría ser de otro modo, estaba cubierto con un manto blanco por donde los alaskeños suelen transitar.
Un poco más y llegamos a Nome.
Al bajar del avión tuvimos la primera sorpresa: el aeropuerto es tan chiquitito que no cuenta con más de una gran sala, que se atraviesa en treinta segundos.
Cuando bajamos, Nome dio la bienvenida a nuestros cuerpos mortales quemándonos con el frío mezclado con el fuerte viento, y empezamos a ponernos más camperas, los guantes y la bufanda. Yo me paré para sacar fotos y una señora me empezó a gritar diciéndome que tenía que entrar en el aeropuerto.
Nos vino a recoger el padre Alfonso, quien nos llevó a donde sería nuestra casa por esos días. Junto con el padre Alfonso está el padre Miguel, los dos cuidan de la aldea de Nome y de otras seis aldeas.

Tras las huellas nevadas de gigantes
Salimos a caminar por la aldea y lo primero que encontramos fue la primera iglesia católica de la ciudad, construida en 1901 por los misioneros jesuitas, el padre Jacquet, belga, y el padre van der Pol, holandés. Al año siguiente, en 1902, llegaron las hermanas de la Providencia y construyeron un imponente hospital, que fue abandonado en 1918. Infelizmente esa hermosísima iglesia desde alrededor del año 2000 pertenece a la ciudad y la usan como punto turístico y para eventos sociales.

La Iglesia Católica en Nome tiene una gloriosa historia, construida por héroes y misioneros jesuitas que lo dieron todo sin reservarse esfuerzos para transformar esta aldea de pagana en católica. Acá el padre Segundo Llorente fue párroco por catorce meses, de 1964 hasta finales de noviembre de 1966 después de haber estado en Alakanuk por catorce años. Pero el campeón y memorable sacerdote de esta misión es el padre Bellarmine Lafortune, SJ, un canadiense francés que llegó en Nome en 1903 y permaneció allí durante los siguientes cuarenta y cuatro años, hasta su muerte.
Nos contó el padre Alfonso, el que nos recibió, que el padre Lafortune es muy querido en Nome y lo recuerdan con mucha gratitud. Segundo Llorente lo conoció y le dedicó una de sus primerísimas crónicas a él y a su monstruosa obra misionera en Nome y en la Isla del Rey (King Island). Por eso, la nueva parroquia en Nome tiene en el pasillo que lleva a la iglesia esa foto del Padre Bellarmine Lafortune.

¡Camina mar adentro!
Ayer el día estuvo hermoso. Salimos a caminar, y aunque hacía mucho frío y había bastante viento, se podría pasear por la aldea. Nos aventuramos a caminar en el mar, y como todo está congelado, no se puede navegar con los barcos, solo transitar en trineos o motos de nieve. Acá en cambio decimos: “¡Camina mar adentro!”.
Estábamos caminando en el mar, ¡en el mar de Bering! ¡En el congelado mar de Bering! ¿Cómo puede ser que yo, que crecí en las playas de Brasil junto al mar, ahora esté caminando sobre uno? ¿Dónde están las olas de esta playa?

El mar Bering es muy conocido por ser muy violento, feroz, impío… y ahora está congelado, indefenso e inmóvil. Pero cuando se descongela es uno de los más duros para navegar. Después de caminar unos diez minutos, avistamos la «floresta nacional de Nome» y fue difícil contener la risa. Al principio el hielo se empezaba a romper, lo que nos asustó, pero luego vimos a una moto de nieve pasar delante nuestro, entonces recobramos la confianza de que caminar allí era seguro, por más irónico que eso pueda sonar. «Seguro» no porque tuviéramos más fe en el Señor que San Pedro, sino porque la naturaleza en Alaska es un misterio y metros y metros de su profundidad está congelada.


Por la tarde el padre Alfonso nos llevó a conocer la aldea de punta a punta. Todo el recorrido en coche no duró más que diez minutos. En la crónica siguiente les contaré un poco de la situación actual de la aldea de Nome.
Entre el cielo y la nieve,
Hna. Maria Mater Unionis
[1] Memoirs of a Yukon Priest, p. 22.





