Por: María Dovire, SSVM

Querida Familia Religiosa,

Por gracia de Dios, con un grupo de doce chicas de nuestros apostolados hemos pasado un hermoso fin de semana en nuestro convento con la visita al monasterio, aprovechando las vacaciones de otoño en los colegios.

Nos reunimos en nuestra parroquia de Pumpėnai y viajamos al monasterio de nuestras hermanas contemplativas (a 25km de la parroquia). Para todas las jóvenes fue el primer encuentro con un monasterio de vida contemplativa. Las hermanas contaron sobre su vocación y vida monástica, subrayando que es una vocación, una vida de mayor entrega y sacrificio por amor a Dios. Las jóvenes se sorprendían y preguntaban si las hermanas no se cansaban de los sacrificios que impone este estilo de vida… a lo que las hermanas respondieron que Dios, el Autor de la vocación, da la gracia de responder cada día y llevar todo sacrificio por su amor. Fue un gran testimonio de la vida consagrada y de un amor radical. Las jóvenes quedaron muy impactadas.

Después de la visita al monasterio, pasamos una tarde en nuestro convento en clima muy familiar y de alegría. A pesar de que la gran mayoría de las chicas no son muy practicantes, se captaba el deseo y sed de algo más profundo, de Dios y de su cercanía, tal vez todavía no del todo consciente. Las jóvenes con mucho interés escuchaban sobre nuestras misiones en distintas partes del mundo, hacían preguntas sobre temas de la fe y moral y prefirieron simplemente escuchar y conversar con las hermanas antes que los juegos y diversión que les habíamos preparado.

En un momento de la tarde fuimos a la capilla para las buenas noches y un momento de oración. Les leímos el testimonio de Suhail Abo Dawood, un joven de nuestra parroquia en Gaza que cuenta cómo la fe y la amistad con Cristo lo sostiene en tan dolorosas pérdidas y difíciles momentos. «Seguiremos orando, ayunando y agradeciendo a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros mientras estemos vivos. Nos sacrificaremos por Jesús como Él se sacrificó por nosotros primero», escribe el joven. Era otro elocuente testimonio de amor entregado, radical y de una verdadera amistad con Cristo. A partir de este testimonio hemos hablado a las jóvenes cómo es preciosa la amistad con Cristo que nos sostiene en cada momento, que es fiel y nunca nos falla, que nos da libertad interior y la plena realización de nosotros mismos. La acción de Dios que pudimos palpar en sus almas sin duda es un don inmerecido de Dios, pero tal vez atraído por las oraciones de un alma sacrificada en el silencio de su monasterio o arduas circunstancias de su misión.

La mayoría de las chicas se quedaron a dormir en nuestra casa. El domingo por la mañana, se volvieron a sus hogares muy agradecidas y con deseos de otros encuentros. Algunas de ellas participaron de la Santa Misa, cosa muy significativa e importante, ya que ni ellas ni sus familias frecuentan la Santa Misa los domingos.

Que el Señor haga crecer las semillas de la fe y la sed de Dios en sus almas y les ayude a corresponder a su amistad tan preciosa y grande.

Hna. María Dovire

Misionera en Lituania