Por: Maria Mater Unionis, SSVM

 Fairbanks, 22 de enero de 2024

Querida Familia Religiosa,

Esta crónica va con mucho retraso, pero quiero dejar por escrito en esta y en la siguiente, lo que fue nuestro primer Oratorio de Verano y Jornada de Jóvenes en Alaska.

Ya lo sabían los niños

Para el Oratorio de verano llegamos a tener ciento veinte niños algunos días; fueron dos semanas desde las 9hrs hasta las 16hrs.

El Oratorio fue muy esperado por los niños. La idea en verdad surgió de uno de ellos, de cinco años. Durante el invierno, Jude empezó a decir a los otros niños: «¿Saben que durante el verano vamos a tener dos semanas de Oratorio igual que el verano pasado?». Jude se refería a la misión popular que tuvimos cuando llegamos a Fairbanks, donde todas las tardes teníamos actividades con los niños. Al volver a la casa les dije a la madre Salvation y a la hermana New Eve: «me parece que el Oratorio de Verano ya fue anunciado por Jude a los otros niños, ahora no nos queda otra opción, sino escucharlos».

Todos nos decían que nunca en la diócesis habían tenido un acontecimiento así con tantos niños. Pero en todos los Estados Unidos hacen un campamento de verano llamado Vacation Bible School (VBS) que sería traducido como “Escuela Bíblica de Vacaciones”. Originalmente creado por los protestantes, hace algunos años viene adquiriendo mucha fama en la Iglesia Católica. La intención es muy buena: hacer que los niños conozcan más a Dios durante el tiempo de vacaciones de verano.
Aquí en la diócesis de Fairbanks ya se venía haciendo este campamento (VBS) desde hace unos tres años, y, naturalmente, cuando anunciamos que íbamos hacer el Oratorio de Verano, todos empezaron a llamarlo VBS. Hicimos mucho esfuerzo en explicarles que el Oratorio de Verano no era un VBS, que tampoco tenían el mismo estilo, ni el mismo horario, ni las mismas actividades, sino que se trataba de un Oratorio con el espíritu de San Juan Bosco, donde buscaríamos vivir estos tres principios: razón, religión y caridad (amorevolezza) y la máxima sería: «corran, salten, griten, jueguen, pero no pequen». Y así, en ese espíritu de familia oratoriano, como nos enseñó nuestra querida Familia Religiosa, pasamos esas dos semanas.

Mejor que vacaciones en Hawái

Empezábamos a las 9am con la Santa Misa, y también muchos de los papás participaban. El tema de los sermones eran las virtudes cardinales y teologales, cada día un padre del IVE exponía una de esas virtudes.

En seguida teníamos juegos afuera. El tiempo que se pasa en el exterior durante el verano es muy apreciado para los alaskeños: sentir el sol quemar la piel y calentar el cuerpo, correr libre y transpirar sin preocuparse, respirar el aire fresco durante horas sin sentir dolor en los pulmones, todo eso es una preciosidad que duran poco aquí, por eso lo disfrutan con mucha intensidad.

Después de los juegos, teníamos merienda y catecismo, luego el almuerzo seguido de más juegos y las charlas donde cada grupo tenía un tema: los más chicos estudiaban y hacían manualidades relacionadas con la vida de Jesús, los niños mayores aprendieron sobre el Sagrado Corazón de Jesús y los jóvenes sobre los tres Sagrados Corazones de Jesús, María y José.

Luego teníamos Adoración y confesiones. Era muy hermoso ver cómo los niños todos los días hacían fila para confesarse con solo decirles que los padres estaban disponibles para escuchar confesiones para los que lo necesitasen.

Después de la Adoración, un poco más de juegos y teníamos las buenas tardes sobre la Virgen y terminábamos todas las actividades del día rezando el rosario en procesión. Los niños llevaban las estatuas de la Virgen de Luján y de San Juan Pablo Magno.

Hicimos dos salidas de mucho fruto con los jóvenes: una a la montaña, donde tuvimos la Santa Misa, y otra a un lago, donde pasamos horas en los kayaks.

Una de las mamás de una familia de ocho hijos al final de la primera semana nos comentó: «Esto es un campamento católico de verdad, no como lo que nosotros estábamos acostumbrados. Muchas gracias por hacer esto por nuestros niños». Y en el último día del Oratorio, una mamá de seis niños nos dijo: «Mis hijos me dijeron que estas dos semanas fueron las mejores de sus vidas, que nunca se divirtieron tanto antes. Y yo les dije que el verano pasado habíamos ido a Hawái, y ellos me contestaron que esto fue mejor que Hawái». Los niños saben muy bien por la pureza de sus almas distinguir las cosas.

Otra anécdota muy edificante fue la que nos contó una familia de Point Hope, una aldea más al norte de Alaska donde no tienen una Iglesia Católica, o sea que nunca tienen Misa. Esta familia católica viene a Fairbanks en verano y durante la Navidad. La mamá nos contó que uno de los niños fue al médico una mañana, y cuando conducían hacia el Oratorio el niño le preguntó si ya se había pasado el tiempo de ir a la Misa. Como la mamá le dijo que sí, el niño le preguntó: «¿Entonces todavía tengo que ir al Oratorio? Porque mi parte preferida es la Misa».

Y lo que hicimos aquí no fue nada de extraordinario, es lo que hacemos todos nosotros en todas nuestras misiones alrededor del mundo. Por eso, una vez más, experimentamos en nosotras mismas que vale la pena ser fieles a nuestro carisma. Intentar hacer lo que no es propio nuestro es hacernos daño a nosotros mismos y a las almas que nos fueron confiadas.

No puedo terminar esa crónica sin agradecer a todos los voluntarios que nos ayudaron todos los días con una increíble generosidad y buen espíritu. Y agradecer a Dios por habernos dado tantas gracias en la Familia Religiosa.

¡Viva San Juan Bosco!
¡Viva la misión!

Entre el cielo y la nieve,
Maria Mater Unionis, SSVM