Por: Maria Mater Unionis, SSVM

Fairbanks, 21 de noviembre de 2023

Querida Familia Religiosa,

¡Hoy llegamos a menos -19oC en Fairbanks! El día para nosotras empezó a las tres de la mañana con el III Congreso de la Virgen de Luján. Tempranito, pero sin dudar ni poder dudar, todo esfuerzo vale la pena por estar unidas a toda la Familia Religiosa en esos momentos tan especiales.

Por eso, en esta ocasión, quisiera compartir algo de lo que hicimos aquí este año, que siempre será un granito de arena, sumado a todo lo que hacen los nuestros alrededor del mundo.

En los meses que precedieron a la fiesta de la Virgen de Luján, al comienzo de este año, por ser la primera vez que, como Familia Religiosa, íbamos a celebrar a nuestra querida Madre en Alaska, queríamos ofrecerle algo grande.

Nada podría ser mayor que el ofrecerle nuevos esclavos de amor. Decidimos, por tanto, empezar por los niños.

La Virgen de Luján

Decidimos invitar a los monaguillos y al grupo de las hijas de María para la consagración a la Virgen. Empezamos a reunirnos dos o tres veces al mes para tener una pequeña charla y rezar el Rosario.

Era impresionante ver cómo respondían los niños a las enseñanzas sobre la consagración; con frecuencia nos emocionaba ver con qué devoción hablaban de la Virgen. Y cómo esperaban con inquietud, preguntándonos una y mil veces, si íbamos a rezar el Rosario en procesión, llevando a la Virgen de Luján. Minutos antes del Rosario empezaban a discutir entre ellos: «Yo la quiero llevar», «¡No!, la quiero llevar yo».

Fue providencial mi viaje a Brasil, con ocasión de mis votos perpetuos el 19 de marzo, porque pude pasar por el Santuario de la Virgen de Luján y allí dar gracias por mis votos y encomendarle especialmente a los niños que se estaban preparando para la consagración, entre otras muchas intenciones.

Como pasa en todas nuestras misiones, la gente empieza a demostrar gran devoción a la Virgen de Luján. Todos los niños de nuestra parroquia y los de las parroquias vecinas que vienen al Oratorio los sábados, la conocen muy bien. Así como su historia, su estatua siempre está presente en las ocasiones importantes y todos la quieren mucho.

¿Saben ellos o no?

Algunos días antes de la Consagración, los niños empezaron a escribir la Fórmula. Como es de suponer, no todos pudieron, pero al menos lo intentaron.

Algunas personas en la parroquia nos preguntaron si los niños sabían lo que estaban haciendo. Y les contestábamos siempre lo mismo, que ellos sí saben y con mucha más profundidad y simplicidad que la mayoría de los adultos. Y eso lo percibimos cada vez que les presentamos una Verdad nueva sobre la Consagración: ¿quién mejor que los niños para entender la profunda relación que hay entre madre e hijo? ¿Quién mejor que ellos entiende esa dependencia que tenemos de nuestra madre para todo? ¿Quién mejor que ellos entienden cuando hablamos de total confianza y amor filial? Y así, cada Verdad Sobrenatural que les íbamos enseñando, las recibían en sus corazones con la pureza que solo los niños tienen.

Unas semanas antes de la Consagración, les preguntamos si de verdad ellos mismos con su libertad querían hacerla y uno por uno fue contestando que sí, «yo quiero». Con excepción de un niño que dijo que lo quería pensar mejor, pero días después volvió y me dijo que lo había pensado bien, y que quería hacer su Consagración a la Virgen.

Para toda la preparación seguimos el libro escrito por el padre Bernardo Ibarra, IVE, My consacration to Mary.

Durante los doce días antes de la Consagración, cada niño hizo la preparación con sus papás en casa, con excepción de los tres días previos a la fecha que la hicimos juntos en la parroquia. El día de la Virgen llegó muy rápido.

El día de la Virgen de Luján

Antes de la Santa Misa al atardecer, rezamos el Rosario en procesión. Y claro, ahí estaba la Virgen de Luján, más hermosa que nunca. Nosotros pintamos su Rayera, que estaba un poco desgastada, y yo le traje un manto nuevo desde Brasil.

Meses antes, cuando empezamos a rezar el Rosario en procesión con los niños, pedimos al diácono Chuck que construyera unas andas que fueran muy livianas para que los niños las pudieran llevar sin demasiado esfuerzo. Así, aquel día las Hijas de María pudieron llevar a la Virgen durante todo el Rosario y los monaguillos iban con la Cruz y las Ciriales.

En el momento de la Consagración, todos de rodillas leyeron su fórmula y, al final, recibieron las medallitas de la Virgen de Luján que traje desde Luján, Argentina.

En la Iglesia no había mucha gente, porque se trataba de un lunes por la tarde, pero los que estaban quedaron muy edificados. Y claro, nosotros los religiosos estábamos de modo especial muy impresionados con la devoción de los niños.

No terminó todo ahí. Al final de la Misa tuvimos una fiesta en el salón de la parroquia para celebrar ese día tan importante. Cada niño al final recibió una pequeña imagen de la Virgen de Luján.

Apenas me senté en la mesa con los niños, por algunos minutos me puse a escuchar su conversación. ¿Y qué se decían? Hablaban de cómo explicarían a los que les preguntaran, el significado de que ellos fueran esclavos de la Virgen María…

Que Dios nos de la gracia de ser y saber formar hombres y mujeres «libres… libres… libres… libres… libres… libres con tu libertad… que vayan por todas partes con… el santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, a ladrar como perros, a quemar como brasas e iluminar las tinieblas del mundo como soles»[1].

Leer estas palabras de San Luis desde Alaska da mucha esperanza, especialmente aplicadas a los niños, ya que de verdad ellos son el sol en medio de las tinieblas que nos envuelve por meses invernales. Quizás ellos serán parte de esos apóstoles de Jesús y María de los últimos tiempos de los cuales profetizaba San Luis María de Monfort, enviados a quemar como brasas este mundo tibio sin luz, apartado de Dios.

¡Muy feliz día de la Presentación de la Virgen!
Entre el cielo y la nieve,
Maria Mater Unionis, SSVM

 

[1] San Luis María Grignion de Montfort, Oración abrasada.