El día 5 de diciembre 2021 pudimos formalmente iniciar una nueva fundación bajo el patrocinio de “Nuestra Señora de Iberskaia” en la ciudad de Samara, situada al rio Wolga. Las integrantes de la comunidad son la M. Maria Kristinopilska y la hermana María Dieva Viernaia. En Samara la comunidad católica ha podido recuperar su templo neogótico, usado durante el período soviético para actividades culturales, lo cual salvó este hermoso edificio de la destrucción. Su presencia es emblemática y marca el centro de la ciudad con un elocuente signo de una presencia católica. Cuando las voces tuvieron que callarse, las piedras aún hablaban. Esta casa de Dios ha hablado de Su presencia.
Sin embargo, no es Samara el lugar sobre el cual quisiera hablar aquí. Lo que más me ha golpeado es que Samara nos ha llevado de nuevo a los raíces de la misión de nuestra Familia Religiosa en Rusia. Esto porque cae bajo la atención pastoral de Samara la pequeña ciudad de Buguruslan, a más o menos 3 horas de manejo. Fue precisamente la parroquia de Buguruslan, bajo el patrocinio de los Santos Pedro y Pablo, la primera parroquia del IVE en estas tierras. Después de un tiempo inicial en la zona de Marx, Mons. Clemens, pidió a la comunidad católica de Buguruslan si quisiesen acoger a los Padres del IVE de forma permanente. Inicialmente entusiasmados, los católicos reunidos repensaron la propuesta, porque no tenían fondos mínimos, ni una casa para ofrecer a los pobres misioneros. Fue María Fix, valiosa mujer que durante los largos años del régimen ateísta había guiado espiritualmente la comunidad católica, cuando no había ningún sacerdote que pudiera atenderlos, quien, apenada profundamente por esta respuesta negativa, tomó coraje y escribió que haría todo lo posible para atender bien a los Padres, de compartir lo que tenían, confiando en la providencia de Dios. Tantos años habían sido privados de la eucaristía, comida celestial, que no podían por un poco de comida terrenal, perder la oportunidad de recibir regularmente la Sagrada Comunión. Fue gracias a Maria Fix que se fundó en 1993 la parroquia en Buguruslan. Ella misma escribió su testimonio acerca de la fundación de la Iglesia, “el barquito de Pedro,” una simple casita de madera y un poco de terreno sobre el cual levantaron una pequeña capillita.

«En el año 1993, a través del Padre Clemens Pickel de Marx, han llegado a nuestra comunidad dos sacerdotes, el Padre Juan Carlos y el Padre Eugenio. La comunidad era pequeña 10, 13 personas, pero eso no hizo retroceder a los sacerdotes. Padre Juan Carlos viajó a su patria, a América[1] para mendigar dinero; partió el 2 de enero, volvió el 13 de febrero del 1994. Después se compraron una casa donde se realizaba el culto Divino. Los sacerdotes planeaban como podría nacer una Iglesia allí – y se limpió el jardín de la casa para colocar la Iglesia en éste.
Aún no ha pasado un año, y ahí está verdaderamente terminándose la Iglesia (el barquito de Pedro) frente a nuestros ojos. ¿Quién hubiera pensado o creído que algún día podría nacer una Iglesia Católica en Buguruslán? Pero sí, así ha sucedido, – mas no según nuestra voluntad sino por voluntad de Dios. Los caminos de Dios son maravillosos, solamente que nosotros, seres humanos, muchas veces no los podemos entender.
El 15 de abril de 1995, la noche de Sábado Santo (la Vigilia pascual), hubo una festiva inauguración de la Iglesia con el Padre Juan Carlos y toda la comunidad, y se celebró allí la primera Santa Misa. La resurrección de Jesucristo, Nuestro Salvador.
¡Cuántos esfuerzos y pasos, noches de insomnio, desánimo, etcétera habrá tenido que pasar el Padre Juan Carlos! Pero él lo ha logrado, a pesar de que mucha gente piensa y dice, por qué una Iglesia – los ancianos están muriéndose y los jóvenes no quieren saber nada al respecto.- NO -y otra veces NO, Dios lo ha querido y Él seguirá ocupándose en adelante.»[2]
Como muchas veces, Dios nos muestra Sus caminos que son inescrutables. Después de que se fundó la capillita en Buguruslan, al breve tiempo los Padres del IVE fueron trasladados a la ciudad de Kazán y Buguruslan empezó a ser atendido regularmente desde allí, aunque esto implicaba un viaje de unas nueve horas. Después de la muerte de María Fix el 26 de septiembre 2005 la capilla empezó a depender pastoralmente de las parroquias de Oremburgo y luego de Samara.
Cuando visitamos Buguruslan el 18 de noviembre 2021, pudimos constatar con tristeza que la condición actual “del barquito de Pedro” está cerca de un naufragio… Si no se hace algo pronto, el edificio caerá y las almas seguirán cada vez más alejados de Dios. Por esto no es de sorprenderse nuestra fundación en Samara. Buguruslan tiene una madre en el cielo, que delante el Trono del Padre Celestial habrá intercedido para lograr la fundación en Samara, por el simple hecho que Buguruslan depende pastoralmente de esta parroquia y nadie como María Fix llevaba en el corazón la preocupación por la salvación de sus almas.
Al visitar la capilla de Buguruslan, me parecía ver aún sentado allí, en una sillita de madera muy vieja, “die Mutter”, como los fieles la llamaban que tanto la amaban. No podía no observar su actitud orante, abstraída de todos los que nos movíamos alrededor de ella. Cuando María estaba con Su amado Jesús, parecía que se hablaban de corazón a corazón.

María tenía muy presente la muerte y lo que podía esperar el hombre después de haber sido juzgado por Su justo Juez. Por esto mismo se preocupaba mucho por la salvación de las almas y si no podía indicar el camino al cielo por medio de sus obras y palabras, trataba de hacerlo por medio de su oración. Ella escribió y dijo muchas veces: “Si fuera joven con gusto trabajaría, iría por todas las casas, no descansaría hasta llevarlos a todos a la Iglesia, pero el estado de mi salud no me lo permite, así que rezo, rezo, rezo para que se acerquen a Dios.”[3]
Si bien la fundación del “barquito de Pedro” se dio cuando ella era ya muy anciana, su edad avanzada no le impedía de salir en búsqueda de las almas a quienes ella llevaba en sus oraciones. Cada vez que visitamos a Buguruslan, ella salía a misionar con nosotros. Nos corregía, porque no habíamos avisado con más anticipación de nuestra venida, para que ella pudiera convocar los católicos para venir a Misa. Llamaba a uno por uno por teléfono o iba personalmente a sus casas para avisarles de la Misa y los preparaba para confesarse y comulgar.

A los que ya no podían salir de sus casas por enfermedad o ancianidad, íbamos a visitarlos con María. Aun si la nieve nos llegaba a las rodillas, María venía. En casa llevaba generalmente un vestido simple y un pañuelito blanco o azul en la cabeza, pero para salir a misionar se ponía nuestro hábito. Por practicidad y con mucha libertad de espíritu, usaba una túnica que había acortado hasta debajo de las rodillas, para caminar con más facilidad por la nieve o el barro de las calles sin asfaltar. Tenía mucho sentido de humor y disfrutaba poder salir en comunidad con nosotras y los Padres. Nos agarraba de brazo y nos llenaba de cariño, siendo ella la madre de la comunidad de Buguruslan.

María era amiga fiel y afectuosa. Al llegar a las casas humildes de sus amigas era pura riza y también cálida en su preocupación por los demás. Frecuentemente hablaba en alemán cuando se sentaba con sus amigas para preguntar cómo estaban. Era toda una madre. Pasaba tiempo en la casa de su amiga del corazón, Amalia Mosman. Ella había sido protestante, hacía recordar Maria frecuentemente, pero al haberse casado con Clemens Mosman, un católico fervoroso, poco a poco se había convertida a ser una muy buena católica. En la casa de Amalia y Clemens se solía celebrar la Misa cuando algún sacerdote venía a Buguruslan. Nosotros nos juntamos también allí para compartir un almuerzo de papas y tomates de su huerta o un té que con mucha generosidad siempre nos brindaba Amalia. Allí mismo había estado el beato P. Alexander Saritski, las dos veces que visitó la comunidad de Buguruslan. Luego de él fue Mons. Joseph Werth el primero en celebrar de nuevo la Misa allí y posteriormente empezaron a ir Mons. Clemens Pickel y los Padres del IVE. María amaba a cada sacerdote con gran respeto y sostenía a todos con sus fervientes oraciones, especialmente a los dos Obispos de Saratov y Novosibirsk ordenados en 1998.

Con Amalia cantaban numerosos cantos de la Iglesia a dos voces. Era una alegría escucharlas. Antes o después de la Misa, se solían sentar juntas en la casa parroquial de nuestros Padres comentando el diario católico “Svet Evangeli” que solíamos traer cuando las visitábamos. Ella seguía las noticias de la Iglesia y sabía que por medio de su oración estaba en el corazón mismo de la Iglesia. Esto se lo había hecho entender Santa Teresita del Niño Jesús cuando sus reliquias pasaban por Buguruslan durante el verano del 1998. María no era una mujer doblegada sobre sí misma, sino abierta e instruida, con un gran sentido de la universalidad de la Iglesia.
Las últimas veces que pude visitar a María de Todos los Santos dormíamos en un cuarto en la casa de Tanía y Anton, el hijo de Magdalena, hermana de María, en cuyo departamento María vivía en un pequeño dormitorio. Los hijos iban a dormir en la parroquia y nos dejaban sus divanes para dormir allí. Cuando estábamos allí con María, le gustaba mucho conversar. Sacaba debajo de su cama dos cajas grandes con los recuerdos de su vida y compartía con nosotras. Miramos fotos y ella nos contaba anécdotas y reflexiones. Nos mostraba sus cuadernos y contaba cómo misionaba – ofreciendo a los fieles literatura de vida de santos, documentos copiados a mano en pequeños cuadernos por ella y Magdalena. Tenía cuadernos con material catequético y rituales para sacramentos, matrimonios y funerales. Numerosas eran las oraciones y cantos para los diferentes tiempos litúrgicos, sobre todo en alemán. Había copiado la lista completa de todos los Papas desde San Pedro, que mostraba el nombre del Papa Benedicto XVI agregado último – ¡Un Papa alemán!
No nos podíamos aburrir con María. Era tan graciosa y profunda a la vez, tan amable y cariñosa. Nos hablaba hasta que se nos cerraban los ojos y ella se resignaba a dejarnos dormir. Éramos su comunidad y disfrutaba también de todo lo que le podíamos contar de la misión y de la Iglesia en el mundo entero. Se interesaba con corazón de Madre por todo y todos. Su alegría era sincera, nunca superficial, cálidas y maternales sus conversaciones. Era una mujer extra-ordinaria. Su presencia en el corazón del “barquito de Pedro” de Buguruslan, hacía de este lugar una escuela de santos.

Antes de iniciar la fundación en Samara pudimos peregrinar a la tumba de María de Todos los Santos. Al lado de ella está enterrada su hermana Magdalena y también está su madre. Después de una pequeña búsqueda encontramos las tumbas de Amalia y Clemens Mosman y de numerosos otros católicos de Buguruslan. Sin duda, muchos de ellos fueron bautizados, instruidos y a veces hasta enterrados por Maria. Delante de las tumbas cubiertas de nieve cantamos y rezamos, sabiendo que es precioso a los ojos de Dios la muerte de sus santos.
Maria de Anima Christi
[1] La señora Anita Cesner, miembro de la tercera orden de nuestra congregación en Brooklyn, New York, de origen cubana, donó 10.000 US$ de sus propios ahorros para la construcción de la pequeña capilla de Buguruslán.
[2] El texto es una traducción del original en alemán, escrito de puño y letra por María Fix, acerca de la fundación de la Iglesia Católica en Buguruslan.
[3] Extracto de una carta del 25 de mayo del 2000.




