Por: P. Diego Cano, IVE

Dar es Salaam, 18 de marzo de 2022

Previo al inicio de la cuaresma hacemos un retiro para los catequistas. Les dije en la anterior crónica que les contaría un poco de esta actividad que precede a la celebración del miércoles de cenizas. Es una muy buena oportunidad para reunir a los catequistas, y poder darles algo que les sirva de progreso espiritual, y para que ellos mismos se enriquezcan con la oración y la recepción de los sacramentos.

En el retiro participaron todos los catequistas de las dos parroquias que atendemos, Ushetu y Kangeme, y lo realizamos todos juntos en la parroquia de Ushetu, por la razón de que aquí tenemos todas las comodidades, en cambio en la parroquia de Kangeme, se hace un poco más difícil. Los catequistas son treinta aproximadamente sumando los de ambas parroquias. Los hombres son la mayoría, sólo hay tres mujeres catequistas. Esto es así porque muchas veces el catequista debe ocuparse de una aldea, y por eso para una madre de familia a veces es un poco difícil por las obligaciones hogareñas. De hecho, una de las tres catequistas pidió permiso para no venir, pues estaba con un bebé pequeño, de algunos meses, y también tiene otros seis hijos que atender en la casa.

Aquí entonces les cuento que un catequista en África es realmente un guía de la comunidad, no sólo quien enseña a los niños el catecismo, como estamos acostumbrados en occidente. El catequista dirige la liturgia de la Palabra cada domingo, enseña catecismo a niños y adultos, visita a los enfermos, dirige los funerales cuando el misionero no puede ir, prepara a los matrimonios, etc. Recordemos que algunas aldeas de nuestra misión sólo tienen misa dos o tres veces en el año, y por lo tanto es muy importante que un catequista está presente siempre para que se reúnan cada domingo en la iglesia a rezar. Incluso en este tiempo de cuaresma se reúnen todos los viernes a rezar el vía crucis en comunidad en cada capilla. Es por eso que también es tan importante tener buenos catequistas, pues son ellos los que están presentes cada semana, y depende mucho del catequista el espíritu de cada aldea.

Como algunas vez les he contado, allá lejos y hace tiempo, los catequistas son personas que a su vez tienen sus familias, que deben trabajar en el campo, y seguir con sus negocios. No reciben ningún tipo de ayuda de la iglesia por ser catequistas, tan sólo pequeñas ayudas de la comunidad, como algunas ofrendas en especies los días domingo, pero ciertamente que es muy poco. En nuestras parroquias lea ayudamos también con los servicios de salud, y siempre que surja alguna necesidad urgente. Pero hay que decir que los catequistas se ofrecen a realizar este apostolado por vocación. Y como toda vocación les exige renuncia a muchas cosas, y entrega a Dios. Como recompensa, tienen la alegría de predicar el Evangelio, de llevar las almas a Dios, y ver crecer la fe en sus aldeas.

Les decía más arriba que este retiro es una oportunidad única en el año, pues asisten generalmente todos los catequistas, sin faltar. La razón es que si no vienen, el miércoles de cenizas no tienen las cenizas bendecidas para hacer la celebración en sus aldeas, y les contaba en la crónica anterior que es mucha gente la que participa de esa ceremonia. Aprovechamos entonces tan buena oportunidad para darles charlas y estar con ellos el mayor tiempo posible. Pudimos hablarles sobre un punto central en el sacramento de la penitencia, que es el dolor de los pecados. Y que a su vez es una característica de este tiempo cuaresmal, buscar la conversión y el arrepentimiento. En otra charla el P. Víctor les habló de la oración, y cómo mejorar la oración de los catequistas, para poder guiar a los demás fieles en esto. Durante el retiro se celebraron dos misas, participaron de la adoración, rezaron el rosario, y tuvieron posibilidad de confesarse todos.

Al ver las fotos del retiro, recuerdo que son días de grandes gracias, y les pido a ustedes que recen por ellos, para que perseveren en su vocación, para que crezcan en las virtudes, y sean santos catequistas. Recen por ellos y por sus familias, para que Dios los cuide, y cuide con salud a todos los suyos, por la generosidad de entregar tiempo y sacrificio en favor de la iglesia. Pensemos que muchas aldeas se deberían cerrar en caso de no tener un catequista que la guíe.

Una de esas fotos nos muestra a los catequistas en la procesión de la tarde, y portando cirios encendidos. Esto es un signo muy relacionado con los catequistas, que deben llevar la luz de Cristo a sus hermanos, y a tantos paganos. Hoy mismo leía de san Ambrosio, que explicando el sentido de “las tinieblas exteriores” (Mt 22,13) de las que habla la parábola de los invitados al banquete de bodas, significa “todo aquél que es excluido de las promesas de los mandamientos celestiales está en las tinieblas exteriores, porque los mandamientos del Señor son luz (cf. Jn 12,35); y todo el que está sin Cristo está en las tinieblas, ya que la luz interior es Cristo”. Por eso mismo es tan lleno de sentido el rito de la luz en el bautismo, cuando el bautizado ha sido iluminado por Cristo, muriendo al pecado y resucitando a la Vida Eterna. Rito que tiene relación directa con la Vigilia Pascual, donde se realiza el Lucernario, rito de la Luz, bendición del fuego, del cirio pascual, encendido a partir del fuego bendito, y que enciende los demás cirios portados por los fieles. Cristo resucitado que ilumina a todos los que participan de la gracia.

Los catequistas deben iluminar a los fieles y a los infieles, y llevarlos a la luz de Cristo. Pidamos para que ellos mismos lleven esa luz en sus almas, y puedan ser antorchas en medio de las tinieblas del paganismo.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE