Por: P. Marcelo Molina, IVE
Una crónica muy sencilla.
Tan sencilla como la pequeña comunidad de la que quiero hablarles.
El 14 de marzo de 2022, tuve la gracia de visitar una de las comunidades de nuestra Parroquia en Limatambo, Nuestra Señora de la Asunción. Su nombre es “Chonta”, ubicada a 3300 msnm, con, apenas, 45 familias.
Después de una hora y un poco más de viaje, llegamos para poder celebrar la Santa Misa, con motivo del aniversario de fallecimiento de uno de sus habitantes. Fue una providencial ocasión, porque casi todos los habitantes participaron de la Misa, como suele ocurrir por estos lados, dato que los misioneros que pasaron por estos lugares ya deben saber.
Permítanme destacar algunos aspectos que he considerado muy relevantes y sobrenaturalmente propicios para la evangelización.
1. Una misa de aniversario de fallecimiento. Para mi admiración, se trataba del XIV aniversario de fallecimiento de un fiel nativo de estos lugares. Cuando me comprometí con esta Misa, me llamó la atención que la familia del difunto ya venía catorce años seguidos llevando al sacerdote para la celebración de esta Santa Misa: oportunidad para nosotros de ir y encontrar a todo el pueblo congregado en la iglesia; oportunidad, por tanto, para evangelizar. Y “convicción de fe” de los familiares que no se debe subestimar.
2. Un templo sencillo con varias imágenes históricas. Digo “históricas” pues, por su aspecto, daban a entender, sin equívocos, que se trataba de imágenes, bien conocidas por ellos, y que estaban desde hace muchísimos años allí en esa comunidad.
San Isidro Labrador, María inmaculada, la Virgen de los Dolores, el Niño de Dios de Praga, San Miguel Arcángel, una hermosa imagen de Cristo Crucificado de casi dos metros, y su imagen patronal, Santa Ana, creo que fueron los instrumentos y los intercesores para que la fe católica se conservase en medio de ellos. Y con esto paso al tercer punto.
3. Conservar y transmitir la fe. Se trata de una comunidad de gente sencilla, muy sencilla, y más sencilla aun en cuanto a la fe se refiere. Pero no confundamos: “sencilla”, pero “fuerte” a la vez. Han sabido conservar y transmitir la fe a largo de todos estos años. Alguno se preguntará sobre cómo sé yo esto en particular: pues me bastó escucharlos rezar y cantar. Hoy, con motivo del Camino Sinodal por el que estamos transitando, se habla muchísimo en los círculos católicos sobre el “sensus fidei” del Pueblo Dios: en esta visita me convencí muchísimo más de que el sentido infalible del Pueblo de Dios en lo que a la fe respecta es obra del Espíritu Santo, que asiste a la Iglesia para que la transmisión de la Palabra de Dios sea continuada sin alteración alguna. Es realmente la gracia de Dios la que suscita en el Pueblo fiel el amor, por ejemplo, a la Santísima Virgen María, a los Santos, a la Iglesia y a los sacerdotes, a quienes consideran realmente un regalo de Dios. Saben que la Virgen María es la madre de Jesús, y que Jesús es Dios; saben, también, que en la Santa Misa se hace presente Jesucristo; saben que el templo es la Casa de Dios y por ello lo mantienen a través de los años.
¿Qué debo hacer yo en éste y en tantos pueblos parecidos? ¿Qué debemos hacer los sacerdotes? Reconocer en la fe el camino abierto por el Espíritu Santo, para luego trabajar denodadamente para elevar todas estas manifestaciones y llevarlas a su plenitud. Recordemos que no sólo el Obispo, sino también el presbítero hace presente a la Iglesia Universal en los lugares a donde es enviado. La Iglesia subsistirá en aquellos lugares en donde un sacerdote pueda pronunciar el “tomad y comed… Tomad y bebed”, el “Yo te absuelvo”, el “Yo te bautizo…”, y en donde pueda enseñar que Dios es Uno y Trino, y que la Iglesia fundada por Jesucristo es la que subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y los Obispos en comunión con él, de los cuales nosotros somos sus estrechos colaboradores.
Para poder escribir esta crónica, investigué en Google algunos datos históricos sobre esta comunidad. Me llamó la atención que en los principales resultados de la búsqueda la única referencia que se hacía sobre este pueblo era, simplemente, que allí se encontraba el “Mirador del Cóndor”, como atracción turística; nada encontré sobre la historia y otros datos respectivos (seguramente habrá). Fui con los monaguillos a los distintos Miradores a ver los cóndores; no apareció ninguno… Bueno, paciencia, en otra será.
En los años que llevo misionando en tierras andinas, siempre me llamó la atención el cóndor andino, por la majestuosidad de su vuelo y el señorío sobre las alturas. Es por eso que, por último, deseo ofrecer las muchas o pocas visitas que el Señor de las misiones me permita realizar a esta comunidad por todos mis hermanos misioneros en el Verbo Encarnado, para que sepamos “volar alto” en la perspectiva que tengamos sobre nuestro apostolado, y para que seamos “señores de las alturas” en cuanto a la fidelidad a los principios sobrenaturales se refiere.
¡Viva la misión!
P. Marcelo Molina, IVE
Misionero en Perú





