Por: P. Luis Martinez, IVE

A 15 años de la fundación de nuestro monasterio

Este 22 de febrero, día de la cátedra de San Pedro, nuestro Monasterio cumple 15 años de fundación y queríamos dar gracias a Dios haciendo un breve resumen de su pequeña historia.

El Monasterio nace como iniciativa de la misma iglesia de Túnez, en un sínodo celebrado a fines de la década del 80, donde ya se planteaba la necesidad de contar en esta diócesis, que comprende todo el país, con una comunidad de vida contemplativa cuyo fin sea principalmente la oración. Durante mucho tiempo se buscó una comunidad, sin que se encontrase ninguna Congregación que pudiese asumir esa misión.

El 13 de noviembre del año 2005, el papa Benedicto XVI beatificó a Carlos de Foucauld, gran misionero francés en el desierto de Argelia. Providencialmente, para ese evento tan importante, nuestro fundador y Superior general en ese entonces, el padre Buela, tuvo un encuentro con el obispo de Túnez. Y a pedido de este obispo, se gestó el proyecto de que sea nuestro Instituto el que fundase el Monasterio, habida cuenta que nuestra Familia religiosa se encontraba presente en este país desde hacía ya dos años.

Una vez aceptada la fundación, se decidió enviar al primer monje para que fuese preparando el inicio de la comunidad, esencialmente estudiando la lengua francesa, que está comúnmente extendida en Túnez (la lengua oficial es el árabe tunecino).

Yo fui el primer monje en llegar, padre Luis Martínez, el 17 de abril del 2006; y por 10 meses formé parte de la comunidad del IVE en la Catedral de Túnez, en espera de un compañero, que finalmente fue el padre Jaime Martínez, ordenado a fines de ese año, el cual llegó a la misión en febrero de 2007, unos días antes de la fundación.

A pedido de nuestro Instituto, el Monasterio recibió el nombre del nuevo Beato: “Carlos de Foucauld”. Porque nuestra misión se parecería en muchas cosas a la suya: él vivía como monje en medio de musulmanes, haciendo de su oración y testimonio de vida entregada solamente a Dios el principal instrumento de evangelización.

El sitio en el cual se ubicó la nueva fundación monástica fue La Marsa, que es uno de los departamentos del gran Túnez, a 17 km de la capital. En una antigua casa, ya centenaria, de dos plantas, que sirvió históricamente como casa de descanso para los sacerdotes, casa de familia, comunidad religiosa y también como residencia para colaboradores.

En el nuevo Monasterio los monjes ocupábamos, al inicio, una parte de la planta baja con tres habitaciones, una cocina, dos baños, una pequeña sala y un comedor; enfrente de ese departamento adaptamos dos habitaciones para la capilla y la sacristía. El predio que recibimos era de casi una hectárea, con un gran parque y, además de la casa principal, un pequeño depósito y un gran galpón con tejas. Este terreno había sido anteriormente mucho mayor, y abarcaba incluso el espacio contiguo al nuestro, que hoy ocupa la parroquia “San Cipriano de Cartago”; pero durante la independencia nacional, en los años 60, la Iglesia tuvo que fraccionar el terreno para evitar la expropiación.

Comenzamos a vivir allí el día 22 de febrero de 2007, ya que queríamos que el día de la fundación coincidiera con la hermosa fiesta de la Cátedra de San Pedro; dos días después fue la fundación para la diócesis, con la bendición de la casa y una Misa en la parroquia, con la cual se daba inicio oficial al Monasterio.

En los primeros tiempos nuestra vida fue muy sencilla, éramos una comunidad nueva y muy pocos conocían nuestra actividad y nuestro estilo de vida.

En el año 2010, el obispo decidió renovar la parte de la hospedería; al mismo tiempo, y viendo que los fieles comenzaban a ser más numerosos en nuestra Misa, se decidió transformar el antiguo galpón en una capilla (según el acuerdo de este país con la Iglesia Católica, nosotros no podemos construir nuevos edificios, sólo adaptar los existentes).
Esta nueva capilla trajo consigo un incremento de los fieles y de las personas que venían a rezar con los monjes; si bien la capilla tiene capacidad para treinta personas, en los años sucesivos tuvimos que incorporar sillas para los días domingos y las grandes ceremonias, cosa que ha continuado hasta la actualidad.

En el año 2012 se bendijo una casa nueva para la hospedería que cuenta con 12 habitaciones y una cocina. Esto significó la consolidación de nuestro Monasterio como la Casa de Retiro de la diócesis, accesible a todos los sacerdotes, religiosos y laicos, de nuestro país y del norte de África (Túnez, Libia, Argelia y Marruecos). En este lugar se han celebrado encuentros de obispos y de Conferencias episcopales, Capítulos provinciales y retiros de distintas Congregaciones religiosas.

Pero, como en toda obra religiosa, no es el aspecto material el que debemos considerar sino más bien los frutos espirituales que Dios en su misericordia nos ha concedido y de los cuales nos ha hecho, de alguna manera, partícipes.

A pesar de estar en un país musulmán (al 99,99%), en nuestro Monasterio se celebraron bautismos, primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios; muchas personas descubrieron la fe católica y otros volvieron a la práctica de los sacramentos; en nuestra capilla se impuso la sotana a un novicio del Instituto y varios laicos realizaron su admisión a la Tercera Orden Secular y la consagración a la Santísima Virgen María bajo voto.
Ya desde el inicio, y con un conocimiento incipiente del francés, pudimos predicar Ejercicios Espirituales, algo que ha continuado hasta nuestros días, ya que una o dos veces por año se predican para los laicos.

Nuestro Monasterio fue también casa de ingreso para algunas de nuestras vocaciones. En él hicieron su postulantado el padre Steve (misionero en Francia) y el novicio Elie (actualmente en formación en Italia), mientras que el seminarista Michel (también actualmente en Italia) realizó su año completo de Noviciado. Cada domingo, después de la Misa, nuestros fieles rezan un misterio del Rosario por las vocaciones, y los jueves por la mañana, desde hace ya 10 años, los laicos amigos ofrecen la adoración continuada. Y Dios ha bendecido estas insistentes súplicas, así como también el trabajo que realizan en Túnez los sacerdotes y las hermanas de nuestra Familia religiosa.

A lo largo de estos 15 años, Dios nos concedió la gracia de predicar una gran cantidad de retiros para jóvenes y adultos, tener grupos de formación, de lectura de la Suma Teológica, incluso de contar siempre con monaguillos en nuestras Misas. También para la diócesis el Monasterio se convirtió en un centro de espiritualidad muy querido para todos.
Para finalizar quisiera agradecer en primer lugar a Dios nuestro Señor por todos los beneficios recibidos durante estos 15 años; a la Santísima Virgen María y a San José, nuestros celestiales protectores; al patrono de nuestro Monasterio, “Carlos de Foucauld”, quien será canonizado en este año, lo cual es una gracia muy especial para nuestro Monasterio.

A los monjes que han formado parte de nuestra comunidad y a los actuales miembros de la comunidad. Al padre Buela y a los padres Carlos Walker y Gustavo Nieto, Superiores generales; y a los sucesivos padres provinciales, por la ayuda y el apoyo que nos han brindado en todo este tiempo. A los padres del IVE y a las hermanas Servidoras que han pasado por esta misión, por su confianza, su amistad y su ayuda espiritual, pastoral y material para con nuestro Monasterio. Y también a muchos laicos: los miembros de la Tercera orden, los que nos han ayudado y los que concurren habitualmente al Monasterio y se sienten allí como “en su propia casa”, como nos suelen decir.

Decía Carlos de Foucauld en una carta: “¿Mi presencia hace algún bien aquí? Si no lo hace, la presencia del Santísimo Sacramento sí puede hacer ciertamente mucho bien: Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar… No creo hacerles mayor bien que el de llevarles, como María en la casa de Juan durante la Visitación, a Jesús, el bien de los bienes, el santificador supremo, a Jesús que estará siempre presente entre ellos en el Tabernáculo… Jesús ofreciéndose cada día sobre el santo altar para su conversión, Jesús bendiciéndolos cada día para la salvación: éste es el bien de los bienes, nuestro Todo, Jesús” (Carta a Marie de Bondy, 9 de septiembre de 1901).

A las oraciones de todos encomendamos nuestro Monasterio.

P. Luis Martinez, IVE