Isabel_la_Catolica_Volutariado_Servidoras

“Por esto estén alegres, aunque por un tiempo tengan que ser afligidos con diversas pruebas. Si el oro debe ser probado pasando por el fuego, y es sólo cosa pasajera, con mayor razón su fe, que vale mucho más. Esta prueba les merecerá alabanza, honor y gloria el día en que se manifieste Cristo Jesús. Ustedes lo aman sin haberlo visto; ahora creen en él sin verlo, y ahora se sienten llenos de una alegría inefable y celestial al tener ya ahora eso mismo que pretende la fe, la salvación de sus almas”. (1 Pedro 1, 6-9)

Querida Familia Religiosa,

este versículo siempre ha sido especial para mi… Sí, tuve que pasar por diversas pruebas, sí pasé por el fuego. Pero ‘la prueba merecerá alabanza, honor y gloria’. Y aunque es cierto que San Pedro se refiere a la salvación de las almas, sin embargo creo que análogamente se puede aplicar a la experiencia que tuve en los pasados meses.

Soy estudiante de magisterio de Bélgica. Tengo un intenso deseo de entregarle a Dios lo que Él me pida. Con la intención de colaborar alguna vez con el hermoso apostolado de la enseñanza, fue que comencé mis estudios de magisterio, lo cual en el Bélgica de hoy, no fue fácil: ‘aunque por un tiempo tengan que ser afligidos con diversas pruebas’. ¡Sí! estaban presentes las pruebas. Pero por gracia de Dios; el amor a Él, a su Iglesia, a la Familia Religiosa y la vocación a la cual pienso que Dios me llama, solo crecieron en medio de las pruebas.

Empecé a organizarme para poder ir a hacer las prácticas en Argentina, al colegio Isabel la Católica de las Servidoras en San Rafael. Este permiso que me fue concedido al fin del segundo año de estudios ¡Qué alegría, qué Providencia!

El 4 de febrero, llegué a Buenos Aires y primero pasé algunos días en la hermosa comunidad de La Plata, aprovechando que allí se encuentra la hermana Marie du Montfort, quien estuvo muchos años misionando en Holanda y habla perfectamente bien el holandés. Las hermanas allá hicieron todo lo posible para sacarme el acento español que me caracterizaba, pues el español que yo había aprendido era de España y se me creaban importantes problemas con el ‘vosotros’, ‘tú’, etc. Después de un lindo tiempo – campamento con las chicas incluido y mi primera experiencia con la verdadera pobreza – viajé a San Rafael.

¡Oh! ¡Qué lindo San Rafael! ¡Cuánto podría escribir sobre los 3 meses que he estado en ese lugar! Estos tres meses los viví en el convento de las hermanas de la comunidad Santa María de Cleofás (más conocidas como “cleofitas”), a quienes les estoy muy agradecida por todo lo que me enseñaron, como por ejemplo una sabia lección: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Creo que Se rió un montón con todos los planes con los cuales llegué. En cambio, me regaló cosas mucho más lindas de las que yo hubiese podido planear.

Las prácticas

Quiero destacar aquí no sólo lo grandioso de la comunidad de las hermanas y del colegio en sí, sino de los mismos alumnos. Un día, dando clases en tercer grado, los chicos se quejaban de la tarea: que era mucho, que estaban cansados, que hacía mucho calor etc. De repente, un chico levantó la voz diciendo: “chicos, no se quejen, lo podemos ofrecer a Jesús”. Casi me desvanecí, viniendo de colegios donde no enseñan la verdadera fe, donde los chicos no tienen idea de la Iglesia, ni de lo que es un ‘sacrificio’. Y este chico, de tercer grado (8-9 años), propone ofrecer la tarea, el calor, el cansancio, a Jesús. Así es el colegio en muchas cosas, podría contar tantos ejemplos de este tipo…

Disfruté mucho de los recreos Eucarísticos y las Santas Misas, viendo la devoción de los chicos, su piedad, su amor por Jesús y la Virgen. ¡Gracias Hermanas y maestros por enseñarles esta actitud!

Testimonios en el secundario y terciario

Con mis apenas 19 años de edad, sin tanta diferencia con las chicas del secundario, las hermanas me preguntaron si me animaría a ir a hablarles a las alumnas para contar la razón por la cual había pedido venir a Argentina y por supuesto también sobre mi vocación. De esta forma conocí el secundario y después también el terciario, visitando todos los cursos. Aquí quiero remarcar la diferencia con las reacciones de mis propios compañeros de la universidad.

Un ejemplo. En mi universidad, me dijeron: ‘no puede ser, VOS vas al convento?’ y hacían preguntas de cualquier tipo, demostrando que no tienen ni idea de lo que es la Vida Religiosa, no saben que todavía existen religiosas y chicas que entran. En el colegio fue todo lo contrario: algunas chicas vinieron después a pedirme oraciones, a contarme que también están discerniendo la vocación o que ya tienen la misma vocación… Realmente es un motivo de inmensa gratitud el haber podido contar mi historia vocacional, haber pedido oraciones para la situación en Europa, especialmente en Bélgica y los países de alrededor. Y sobre todo una alegría conocer a estas chicas, formadas en ‘nuestro’ colegio, muy distinto que los colegios que conocí.

La vida en la Congregación

‘Has tenido fiestas por montón’ me cantaron las hermanas en la canción para mi cumpleaños. Es verdad: el mejor período para ir a San Rafael es desde febrero hasta mayo. Fui a todas las fiestas, las Santas Misas, los fogones, las cenas, los almuerzos … Además también pude participar de algunas peregrinaciones, dos retiros de día, la fiesta de ‘nuestra’ comunidad, algunos cumpleaños y mucho más. Doy gracias a Dios por todos estos regalos y más regalos espirituales.

¡Qué alegría ver y conocer tantos miembros de la Congregación, el carisma plasmado en vivo! Todo lo que aprendí, me acompañará en mi propia vida religiosa que está por empezar.

Doy gracias a todas las hermanas que conocí por regalarme tantos recuerdos, momentos compartidos y oraciones. Especialmente a las hermanas de la comunidad Santa María de Cleofás, que ha sido mi casa por tres hermosos meses. No solo estuve “alojándome” allá, no: estuve viviendo allá. Era mi casa. ¡Muchas gracias Cleofitas!

Gracias Señor por dejarme experimentar esta alegría inefable y celestial. Gracias por mandarme de vuelta a Bélgica con tantos recuerdos, tantas hermanas que están rezando, tantos ejemplos y mucho más…

Encomiendo mi vida religiosa que ha de empezar, a las oraciones de todos ustedes.

En Cristo y María

Dietlinde

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