Por gracia de Dios, se pudo realizar, una vez más, la Procesión de Corpus Christi en la llamada Opera Pía, que es un Hogarcito de ancianos ejemplarmente atendido por las Servidoras en Segni (Italia). La Procesión fue organizada por la Madre Superiora, la M. Bambino Gesù, quien nos decía: “Nosotros la hacemos por ellos, por los abuelos”.

No fue nada extraordinario, pero fue una procesión particular. Particular no solo porque fue dentro de una Obra de Misericordia, sino porque hubo que subir y bajar varias veces diversas escaleras con el Santísimo Sacramento. Estas idas y venidas se debieron a la ubicación de los diversos altares. Comenzamos en la capilla –que está en el segundo piso-, de allí fuimos al primer altar, que estaba en el primer piso y, luego, al tercer altar, que estaba en la planta baja, en el jardín. Después, subimos al segundo piso, para concluir todo en la capilla.

Si bien, para los ancianos, no fueron fáciles tantos “traslados”, ninguno expresó pesar, sino, al contrario, no cesaron de cantar alabanzas al gran Sacramento al mismo tiempo que, con gran cuidado, subían (o bajaban) cada peldaño.

En cada altar, a su vez, un cortejo de honor esperaba la solemne llegada del Santísimo Sacramento: eran los ancianos en sillas de ruedas. Todos, los que pueden caminar y los que no pueden, se unían así para adorar la Hostia Inmaculada y recibir la Bendición Eucarística.

Luego de la procesión y la reserva, tuvo lugar la colazione festiva, en la que espontanemente los ancianos dieron curso al “fogón”, el cual se desarrolló felizmente entre cantos, discursos y recitados que los abuelos se complacían en ofrecer. No faltó el clásico O sole mio, cantado por Don Quinto, quien fue interrumpido dos veces por los aplausos y ovacionado al final. Una abuela, acto seguido, se gozaba en cantar con fuerte voz un himno eucarístico, como si estuviese aun expuesto el Santísimo.

congregacion verbo encarnado
Bendición con el Santísimo Sacramento a los ancianos de la Opera Pia durante la pasada procesión de Corpus Christi.

En la misma colazione, los ancianos empezaron a manifestar su gratitud por la gracia de la procesión. La primera palabra de Adriana no fue sino un emotivo “Grazie!”. Otra abuela, luego aplaudida, dijo en alta voz: “Facciamo tanti ringraziamenti: al Sacerdote e a tutte le Suore”. Un abuelo –que no camina- se alegraba, ante todos, de que “in este Istituto” hayan “tante belle cose”. La abuelita Lucia, quien no pudo participar porque se había descompensado justo antes de la ceremonia, no sabía como excusarse por haber faltado a tan importante acontecimiento, y, con rostro preocupado, le dijo al Sacerdote: “Scuzi”, a lo cual agregó una explicación detallada de su caso. Otra anciana, no supo agradecer de otro modo que besándole la mano al Sacerdote. Otra, lo primero que dijo fue: “Ringraziamo a Dio”. A su vez, una abuela, que no camina y que hace un tiempo lloraba porque no la habían visitado sus familiares, dijo feliz: “Viva Gesù! Viva sempre Gesù e la Madonna!”.

Agradecemos al Verbo Eterno por encarnarse, por morir por nosotros, por estar presente en el divino Sacramento, por dignarse presidir esta pequeña procesión en Su honor y por colmar de gozo a las almas que de Él se alimentan en el sagrado Banquete.

En Cristo Rey y María Reina.

 

 

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