anciano_irak¿Cuánta gente murió por causa de la guerra en Irak?

De acuerdo a quién provee las cifras los números van de 150.000 a 1.500.000.

Los dos estudios más serios al respecto también varían mucho:

La organización Opinion Research Business estimó en 1.033.000 las muertes violentas producidas en Irak debido a la guerra, desde 2003 hasta 2008.

Amy Hagopian, de la Universidad de Washington publicó un estudio en la revista PLoS Medicine el 15 de octubre de este año afirmando que la cifra total de muertos entre el comienzo de la guerra y junio de 2008 fue de 460.800.

Como bien dice el profesor Raymond Baker “hay algo cegador en la destrucción a una escala tan horrible. Es simplemente demasiado doloroso debatir sobre los métodos para calcular el número de inocentes matados brutalmente, cuando las cifras nos llevan casi de inmediato a mucho más de cientos y cientos de miles de seres humanos“.

Pero, dejando de lado el hecho de las enormes diferencias entre ambos estudios, y tomando como base este último, tenemos aún algo que agregar.

Según el informe, del medio millón de muertes que dejó la guerra de Irak el 60% son directamente atribuibles a la violencia y el resto se derivan del colapso de las infraestructuras y otros problemas asociados a la guerra, como el desmantelamiento de la sanidad, la ausencia de salubridad y la pérdida de medios de transporte y comunicación.

La mayoría de las muertes se debieron directamente a la violencia, sobre todo de disparos, coches bomba y explosiones. Las enfermedades cardiovasculares fueron la causa principal de casi la mitad de las muertes no violentas. Estas muertes no violentas fueron causadas por la desviación del sistema de salud que se enfocó a atender la crisis (perdiendo así su capacidad de atender enfermedades), la interrupción de las redes de distribución de suministros esenciales, y el colapso de la infraestructura que protege el agua potable, la alimentación, el transporte, la gestión de residuos , y la energía. Además, la guerra contribuye a un clima de miedo, humillación, y la interrupción de los medios de vida, todas cosas que socavan la salud.

Como se puede ver el estudio es exhaustivo y contempla los diversos elementos que producen víctimas en la guerra.

Sin embargo no contempla todos los elementos y deja fuera –porque excede su cometido- realidades que se ven in situ.

Me voy a referir solo a una de ellas que es la realidad de las víctimas silenciosas, gente que muere sin ser tenida en cuenta, que ni siquiera son contadas en las estadísticas. Y dentro de este grupo, hago mención ahora solo a los ancianos.

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Es cierto que el estudio habla de los ancianos. Pero no suficientemente. Porque es normal considerar que los ancianos mueren, que les ha llegado su hora. Pero son miles aquellos hombres y mujeres que debilitados por los años han muerto y mueren, porque los efectos de la guerra continúan.

Es conocido, al menos en parte, el deterioro ambiental que ha producido este conflicto. Antes de comenzada la guerra Irak tenía un porcentaje de casi 75% de territorio desértico. Esto ha aumentado notablemente con el paso de los tanques, las toneladas de bombas y misiles que se usaron, la contaminación de los ríos, el uso de uranio empobrecido, etc. Las tormentas de arena se han multiplicado e incluso la temperatura ha subido en verano y bajado en invierno al acentuarse el clima desértico. El verano pasado tuvimos en la ciudad tres semanas con una máxima que superaba cómodamente los 55º. Y un año antes superó los 60º.

¡Y en esos veranos el promedio de electricidad que llegaba a los hogares de gran parte de Bagdad era de una hora! Y esto porque el país no se recupera todavía de los destrozos de la guerra. El daño a las infraestructuras ha sido inmenso.

Y por eso, cada año mueren muchas personas mayores que no pueden soportar esas temperaturas.

Estas son también víctimas de la locura de la guerra moderna. Pero son víctimas silenciosas que nadie considera. Es la eutanasia de la guerra.

¡Y cuánto pierde la sociedad con la pérdida de los ancianos!

Como bien enseña el Papa Francisco: “Qué importantes son los abuelos en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia. El Documento conclusivo de Aparecida nos lo recuerda: ‘Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida’ (n. 447). Esta relación, este diálogo entre las generaciones, es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar”. (Angelus, 26 de julio de 2013).

Y es un tesoro que se está perdiendo en este país, y así la reconstrucción se hace todavía más difícil. ¡Recemos por los ancianos y por los que pierden con su desaparición!

P. Luis Montes, IVE

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