Es tradición en nuestro Instituto que los novicios hagan su consagración a la Virgen (futuro cuarto voto) en la Fiesta del Señor y la Virgen del Milagro, en Salta. Esto implica un viaje largo, en el que se aprovecha para visitar a las familias de la Tercera Orden de distintas provincias, y conocer el bello y heterogéneo paisaje y la historia esencialmente católica que tiene nuestra querida patria en su extensión.

Salimos de casa (Santiago de Chile) el 24 de agosto, para volver casi un mes después, el 21 de septiembre. Entre la cantidad de gracias con las que Dios nos bendijo estos días, nos detenemos en 4 de ellas:

En la primera parte del viaje, tuvimos la gracia de entrar en contacto con grandes santos de nuestra tierra: pudimos visitar y venerar las reliquias del próximamente Santo Cura Brochero, en Traslasierra (Córdoba), y tuvimos Misa en la casa donde pasó a la eternidad; en la catedral de Córdoba veneramos las reliquias de la primera beata argentina, Madre del Tránsito Cabanillas, fundadora de la Congregación de Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas; finalmente, la gracia mayor fue poder participar de la beatificación de María Antonia de Paz y Figueroa (Mama Antula) en Santiago del Estero.

Entre el 28 de agosto y el 9 de septiembre pudimos llevar a cabo una Misión Popular en nuestra Parroquia de Suncho Corral. Fue realmente un tiempo de gracia tanto para el pueblo como para nosotros, ya que para muchos era la primera misión que vivían. Se hicieron las actividades típicas de las misiones populares: acto misionero, visita de casas, catequesis para sacramentos, misión de niños y jóvenes, fogones. Para destacar: la ayuda que se pudo dar en el Colegio Humanista que nuestros padres llevan adelante, que realmente surge como un vástago en medio de la avasallante y envolvente ideología, que afecta la vida diaria y eterna del hombre, moral e intelectualmente. Este testimonio concreto de evangelización de la cultura nos alimenta inmensamente a nosotros como novicios.

El fin de toda esta peregrinación fue la Fiesta del Milagro Salteño. Allí, en la Misa de la 1 de la mañana del 15 de septiembre, con el Señor del Milagro como testigo, aunque desde lejos (pues la Misa se celebró en el atrio de la Catedral), los diez novicios hicimos nuestra pobre pero total consagración a María, en calidad de voto, entregándole todo nuestro ser, alma y cuerpo, bienes interiores y exteriores, y hasta los méritos de nuestras buenas obras pasadas, presentes y futuras. Por la tarde participamos de la multitudinaria y cada vez más concurrida procesión en honor al Señor y la Virgen del Milagro, en la que se palpa realmente cuál es el verdadero espíritu argentino, esencialmente católico, piadoso y mariano.

Es de destacar y agradecer también todo el viaje de regreso por la mítica Ruta 40 en la que contemplamos la hermosura con la que Dios bendijo nuestra Argentina: pasando Tilcara y Purmamarca (Jujuy) subimos hasta la cordillera, casi donde nace la ruta 40, y la seguimos hasta San Juan. En el camino que va desde San Antonio de los Cobres hasta Cachi (Salta), atravesamos el Parque Nacional Abra Acay, que nos llevó hasta los 4995 metros sobre el nivel del mar. Visitamos también varios pueblitos típicos con sus Iglesias del Siglo XIX, y de importancia histórica. Nuestro viaje desembocó en el Campamento del Estudiante, donde pudimos ayudar.

Tras más de 4000km de viaje, regresamos a casa, agradecidos de las abundantes bendiciones recibidas, y sobre todo más encarnados en nuestro querido Instituto, por los testimonios de entrega que nos dan nuestros sacerdotes, por la verdadera unión familiar-espiritual con nuestra Tercera Orden, y fundamentalmente por la acogida especialísima de Nuestra Señora como hijos y esclavos suyos en el Verbo Encarnado.

Agradecemos y rogamos por todos los que nos recibieron y ayudaron tan caritativamente a lo largo de esta peregrinación.

¡Nos encomendamos a sus oraciones!

En Cristo y María Santísima.

Los Novicios

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