¡Ustedes están locos! ¿Qué hacen ahí?

Las reacciones de la gente cuando contamos sobre nuestra misión en Medio Oriente son muy variadas. Pero hay una que se repite en el tiempo una y otra vez.

Muchas veces hemos escuchado expresiones como las de arriba por el hecho de estar en estos lugares.

Normalmente lo que se hace es volver a repetir que Cristo dijo “id por todo el mundo” y no solo a los lugares que conocemos, que entendemos, que nos pueden parecer seguros, o con mayoría de cristianos, etc.

Padres Luis y Jorge, IVE junto a una familia de Irak
Padres Luis y Jorge, IVE junto a una familia de Irak

También que tenemos que ir donde hay más necesidad y donde nadie quiere ir.

Con esto último nos acercamos un poco más a la respuesta concreta de por qué estamos aquí. Si nadie quiere venir y Cristo nos mandó a todo el mundo, algunos tenemos que estar aquí.

Dios nos llama a todos a evangelizar, como enseña el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium. La gran mayoría debe ser testigo del Evangelio en su familia, entre los suyos, en el lugar de trabajo. A unos pocos los envía lejos. Y Él elige donde enviarnos.

Cada misión es por esto mismo sagrada porque viene de Dios. La iniciativa es de Dios, como extraña pero hermosamente, dice también el Papa: Dios “primerea” y llama a la Iglesia a primerear, nos llama a primerear.

Y eso es lo que intentamos hacer cuando respondemos a Su llamada. Es por eso que estamos aquí.

A esto hay que sumarle el hecho que estamos en deuda con esta porción del rebaño de Cristo. Porque ellos padecen persecución por su fe. Porque ellos están dando su vida por Dios y por nosotros. Si creemos en la comunión de los santos tenemos que ser consientes de todo lo que hacen por nosotros.

Y aquí llegamos a un elemento que no se considera. A veces hasta los misioneros que están aquí no lo tienen en cuenta. Y es que no somos dignos de servir a esta gente.

¿Quién soy yo para servir en una tierra de mártires? ¿No es acaso un regalo de Dios poder hacerlo?

Como siempre ocurre con las “cosas de Dios”, el que nos llame a ayudar es un don. Podemos caer en la tentación de pensar que somos generosos por hacerlo, cuando en realidad somos siervos inútiles y mezquinos y Él es el generoso que nos está dando este increíble regalo.

Por eso decía San Pablo: “predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! (…) Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo” (1 Co 9, 16 y 23).

Si esto se aplica a cualquier misión, ¿no se aplica de un modo especial a los lugares donde la Iglesia más sufre? ¿No estamos en deuda acaso con estos cristianos perseguidos?

A lo mejor estamos locos por estar aquí, pero si Dios nos ha llamado a predicar en tierra de mártires, ¿no estaríamos más locos si no lo hiciéramos?

Contamos con sus oraciones para ser fieles en esta misión.

¡Que Dios los bendiga!

P. Luis Montes, IVE

Fuentes: http://amigosdeirak.verboencarnado.net 

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