idioma-griegoEn más de una ocasión, después de contar en griego algo que hice o que voy a hacer, me han preguntado: “¿una vez?, ¿muchas?, ¿siempre?”. Entonces es cuando me he dado cuenta que muy probablemente usé el tiempo verbal equivocado.

Esto es porque en griego con los tiempos verbales se expresan matices que en español indicamos de otro modo. Es un pequeño cambio en la conjugación, pero cambia mucho el significado de lo que decimos.

Así, por ejemplo, cuando en español decimos “iremos a Misa”, nuestro oyente entiende una acción que haremos en el futuro.

En griego hay dos modos de decir “iremos a Misa”. Según como se conjugue el verbo, se puede querer hacer hincapié en la acción que vamos a hacer: “ir a misa”, o se puede indicar la duración en el tiempo o continuidad de esa acción: “iré a misa cada día, cada domingo, por un determinado período de tiempo”. Es una riqueza lingüística del griego, pues se trata de un pequeño cambio en el verbo, pero que cambia mucho el sentido de la que vamos a hacer o de lo que hemos hecho. Pues no es lo mismo escuchar: “te perdonaré (esta vez)” que “te perdonaré (siempre)”; “tendré misericordia (en esta ocasión)” que “tendré misericordia (de ahora en adelante)”; “me confesaré (esta tarde)” que “me confesaré (frecuentemente)”.

Es un matiz implícito en el verbo, y quien tiene el griego como lengua propia, percibe la diferencia. Por eso es importante para los que tratamos de hablar griego, intentar expresarnos bien para evitar equívocos, sobre todo a los comienzos, pues con el tiempo el uso se hace más automático.

Ciertamente ayuda mucho el preguntarnos: “¿una vez?, ¿muchas?, ¿siempre?” para saber qué tiempo verbal usar.

Pero no sólo ayuda para hablar correctamente griego, sino para examinar nuestras obras. Pensar en lo que hemos hecho o en lo que vamos a hacer y en la cantidad de veces, nos da la medida y también el alcance de nuestras acciones. Puede ser muy útil, por ejemplo, para hacer un examen de conciencia para prepararnos para una buena confesión, o para examinar las obras que hemos hecho durante el día.

Por eso a veces es bueno detenerse un momento y preguntarse: “¿qué haré?”, y esto “¿una vez?, ¿muchas?”.

Pero no es suficiente hacer buenos propósitos, también hay que llevarlos a la obra. Por eso también es bueno detenerse un momento y preguntarse: “¿qué hice?”, y esto: “¿una vez?, ¿muchas?”.

Y para esto, siempre contamos con la ayuda de Dios.

P. Higinio Rosolén, IVE

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