Hna. Mary Altar of Sacrifice y Hna. María Espejo de Paciencia, misioneras en Papúa

Querida Familia Religiosa,

Del hermoso lugar llamado “El Último Paraíso” queremos compartir con ustedes las  gracias recibidas en los últimos meses. Desde cuando nos preparábamos para nuestra nueva misión en Papúa Nueva Guinea hasta nuestra llegada. A principios del 2019, en el Estudiantado Internacional en Italia, recibimos nuestros destinos: la misión en Papúa, allí empezó nuestra nueva aventura misionera. Con la emoción de ser la primera misión para mí y con la experiencia de más de 10 años de apostolado de la Hna. Espejo de Paciencia.

Del tiempo previo al viaje queremos contarles que como corona de nuestro último años de formación, San José proporcionó todo lo necesario para que  todo nuestro grupo de tercer año pudiera peregrinar a España, Lourdes y Fátima. Esta fue una gran oportunidad para pedir todas las gracias que necesitaríamos en la próximas tierras de misión. Entre las gracias recibidas en esta peregrinación, a demás del fortalecimiento espiritual  quiero mencionar y agradecer también la curación física de mi espalda, cosa que pedí  y me concedió Nuestra Señora de Lourdes.

Al regreso de la peregrinación  comenzamos el proceso previo al viaje: tramitar la visa , realizar las visitas médicas de rutina y completar todo lo necesario para conseguir los documentos.

Pero aún faltaba para viajar al este, y el Señor nos dio la oportunidad de ir a Argentina, la cuna de nuestra querida Familia Religiosa. Cuanta gratitud de haber podido conocer los lugares donde empezamos, ser bienvenidas en cada comunidad, sentirse como en casa y poder enamorarnos más del carisma. El espíritu de hospitalidad brilló en la caridad de cada miembro durante todo el camino.

De ahí fuimos a visitar a nuestras familias por un tiempo antes de partir al otro extremo del mundo.

Regresamos a Roma para esperar los documentos y Nuestro Señor lo tenía planeado porque todo se dió de tal modo que llegamos justo a tiempo para experimentar la extraordinaria gracia de ir al IVE Meeting. Fue una bendición especial para reforzar nuestro amor a nuestra familia religiosa y el espíritu de las misiones; ¿cómo no se ensanchará el alma viendo nuestros misioneros y sus fieles de todo el mundo? Se podía palpar la unidad en el carisma.

 

El tiempo se extendió un poco, al fin después de 7 meses esperando, por fin tuvimos las visas en nuestras manos y estábamos listas para partir a la misión.

Todo listo, pero teníamos que resolver un problema, teníamos muchas más cosas de las que permite el pasaje, muchas maletas llenas de cosas para la misión.

Pedimos a San José su protección, intercesión y ayuda durante el viaje desde Roma a Papúa. Toda venía bien, podíamos sentir la protección paternal del santo. Pero en nuestro segundo (de tres!) vuelos, saliendo de Singapur, después de esperar 14 horas en al aeropuerto, muy cansadas ya pero muy alegre porque finalmente podríamos llegar a la capital de Papúa… en las últimas 2 horas antes de embarcar el tercer avión, nos enteramos de que no podemos llevar todo el equipaje que teníamos para la misión, porque era demasiado peso y no teníamos suficiente dinero para pagar los kilos extras. Rezamos nuevamente a San José, pensando: el tocara el corazón de los empleados, que nos ayudarán en algún modo, pero parecíamos no tener opciones. Dios quería que realmente confiamos en su Divina Providencia. En el último momento cuando estábamos ya dejando varias de las donaciones que traíamos, miramos a todos lados para ver si había alguien que nos llevara algo. Por entonces, todos ya habían despachado sus maletas y estaba ya por embarcar. Solamente quedó un matrimonio que, si bien había despachado el equipaje, permanecían aun allí porque querían cambiar sus asientos, entonces les pedimos ayuda. Allí San José actuó claramente y tocó el corazón del único hombre que nos podría ayudar. Este era un papuano, que generoso se ofreció a pagar por todo el equipaje hasta la destinación final. Nosotras cuestionamos su oferta porque la tarifa era una gran cantidad. El nos dijo, “Si hermana, yo puedo pagarlo todo. Ustedes vienen para ayudar a mi país, ahora yo puedo ayudarlas a ustedes.” Después, nos enteramos que este hombre generoso, instrumento del Patriarca San José es un político del interior del país.

Después de de la larga travesía y con la gracia de Dios llegamos a Vánimo, Papúa Nueva Guinea. Fuimos recibidas con cálidas sonrisas de las hermanas y las chicas del hogar junto con muchas canciones, abrazos y flores.

Aunque ha pasado poco tiempo en la misión, ahora entendemos porque a Papúa se lo llama “Paraíso.” Es porque el trabajo detallado de la mano creadora de Dios brilla en un lugar tan escondido de nuestro mundo “moderno.” La vista de la selva con sus exuberantes árboles verdes y flores coloridas envuelven el paisaje del mar azul con las ondas blancas que tocan suavemente en la costa. En la noche, el coro de las aves e insectos cantan bajo la luz de la luna hasta que amanece el sol con un coro distinto, el de los pájaros tropicales.

Ahora, querida familia religiosa, nos encomendamos y encomendamos los frutos de nuestra nueva misión a sus oraciones, sabiendo que siempre estamos unidos en el Santo Sacrifico de la Misa y en la aventura misionera.

Nuestra Señora, Reina del Paraíso, ruega por nosotros!

En Cristo y María,

Hna. Mary Altar of Sacrifice y Hna. María Espejo de Paciencia, misioneras en Papúa