El pasado miércoles 25 de setiembre, Dios nos bendijo con una gracia muy especial, y ciertamente inusual. Junto a la comunidad de las Servidoras y algunos jóvenes celebramos la santa Misa de acción gracias por el 70 aniversario de ordenación sacerdotal de un ‘confesor de la fe’, el Padre Albinas Pipiras (95 años).

El padre Albinas, sacerdote lituano, ha trabajado por más de 50 años como párroco de la parroquia San Pedro y san Pablo, en el pueblo vecino (Pušalotas) donde nosotros trabajamos, y también por algunos años fue párroco en nuestra parroquia de Pumpėnai.

El padre Albinas realizó sus estudios en el seminario de Kaunas durante la segunda guerra mundial, fue ordenado sacerdote (1949) durante la época de persecución más cruel en Lituania -la época stalinista (1945-1953)- y ejerció el ministerio sacerdotal durante el régimen ateísta comunista (Lituania se independizó recién en el 1991).

 Después de la santa Misa, tuvimos la cena festiva en nuestra casa parroquial. Durante la cena entre cantos y anécdotas el padre Albinas fue relatando algunos de los sufrimientos que tuvo que padecer por parte del régimen. Nos hizo acordar al apóstol San Pablo cuando narra todo lo que sufrió por causa del Evangelio (cf. 2Cor 11,23-33).

El sufrimiento que más impresiona, e incluso hasta ahora es visible, fue que en 1986 tres hombres incursionaron en su casa parroquial y con un hacha le golpearon en la cabeza. Lo arrojaron al sótano y lo dejaron allí inconsciente y medio muerto. Él dice que por milagro de la Virgen fue rescatado del sótano. Pues en su casa tiene un gran cuadro de la Virgen con el Niño Jesús en brazos, él recuerda que la Virgen hizo algunos ruidos e inmediatamente algunos vecinos vinieron a ver qué sucedía. Ellos lo llevaron al hospital más cercano.

El cirujano que lo atendió dijo que había muy pocas probabilidades de ser curado, o si se curaba quedaría con graves secuelas (hemiplejia, inconsciente, ciego, entre otras), pues el impacto del hacha había afectado al cerebro.

Sin embargo, ya con 95 años de edad, el padre Albinas conserva un gran sentido del humor, vive solo en su casa, es totalmente independiente y posee una memoria prodigiosa, se recuerda hasta de los apellidos de quienes ha bautizado. Asombra su energía y ganas de vivir, no se pierde ningún evento importante, sigue participando de las reuniones de clero. Le gusta mucho cuidar su jardín, tal es así que quiere comprar más terreno para poder extender su huerto y jardín.

Todo esto nos habla de un sacerdote que a pesar de los años, ve muy poco y le cuesta escuchar, no ha perdido la jovialidad de espíritu, el amor por la eucaristía, cada día celebra, prácticamente de memoria porque no ve bien, la santa Misa en su casa.

Damos gracias a Dios por habernos hecho conocer a este fiel sacerdote de Cristo, que a pesar de las dificultades por las que tuvo que pasar supo mantenerse firme y fiel, las amenazas y peligros no frenaron su ímpetu apostólico.

En las palabras de agradecimiento que nos dedicó dijo: “Uds. son misioneros del Verbo encarnado, hermoso nombre. Y como tales su misión es ser otros Cristo. La presencia de ustedes en nuestra Patria ha traído alegría y nuevos ánimos. Sean alegres y lleven alegría a los demás. La alegría anima el corazón y quita las preocupaciones. Sigan sirviendo a Dios y a su pueblo. Dios les bendiga en vuestra labor y suscite muchas vocaciones para vuestra congregación”.

Demos gracias a Dios por el don del sacerdocio y pidamos para cada uno de nosotros a imitación de este ejemplar sacerdote la gracia de ser fieles misioneros, de llevar a Cristo, el Verbo encarnado, a todas las almas aún en medio de grandes y graves dificultades, como nos lo pide nuestro Carisma: “a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, aún en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas.” [const. del IVE n° 30]

Padres de la comunidad Teofilius Matulionis

Pumpėnai – Lituania