“El Señor me lo dio el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor” (Job 1,21).

La jornada de hoy trascurrió entre un truncado alto del fuego y  el adiós a dos cristianas.

La primera, Solanj Tarazy Um Elias. Señora muy alegre, de rito griego ortodoxo, mayor ya, 91 años. Por gracia de Dios pudimos asistirla en sus últimos momentos. Dos días antes, y en medio de esta guerra, nos pidieron que la asistiéramos. No solo fui yo, sino que, al saber que todavía no la había visitado un doctor, llevé a uno conmigo.

Hoy sufrió una deficiencia cardiorrespiratoria y nos dejó, para marchar hacia la casa del Padre eterno. Quienes pasaron por aquí la recordaran como la señora que “hablaba alemán”. Nos enseñó una oración para antes de dormir, que le había enseñado su abuela y que nosotros la enseñamos a los niños en la escuela de verano.
Participamos de la sepultura y el pésame a los familiares, quienes se mostraron muy agradecidos. Laus Deo!

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La segunda, Jalila Farah Aiad Um Jerjis. Su caso conmocionó a los cristianos y a todos en el día de hoy, ya que murió víctima de un violento y masacrante ataque aéreo. La familia estaba compuesta por papa George Kamal Aiad, mama y dos hijos jóvenes Jerjis y Anton. A las 12:00 de hoy, un misil hizo impacto en la casa, reduciéndola a escombros. Cobro la vida de Jalila, quien murió carbonizada. El papa resultó con heridas leves. El hijo mayor, Jerjis, está en estado de coma profundo. Sufrió la amputación de ambas piernas, una mano, profundas quemaduras en la cara e incineración pectoral, según nos informaron los médicos en el hospital.
Antón, hijo menor, no estaba en casa cuando sucedió, había venido a Misa a la Iglesia Ortodoxa y se entretuvo un momento en nuestra parroquia.

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Tremenda la conmoción de todos, especialmente de los cristianos. Este hecho hace ver que, por un lado, los misiles verdaderamente no hacen acepción de personas, simplemente caen y matan; y por otro, que no hay lugar seguro en toda la franja. Son hechos, no palabras.
Hoy también el Santo Padre suplicaba por un alto del fuego y por la paz exigiendo a los responsables de velar por la paz. Pues bien, desde nuestra Gaza sufriente y en comunión con el Papa Francisco, exigimos un alto del fuego inmediato que detenga esta masacre.
No era una terrorista y no creo haya sido una amenaza para nadie. Una persona como cualquier otra, que muy bien podía ser mi madre.

Todos despedimos a estas Señoras con la expresión bíblica, que expresa la auténtica resignación cristiana delante de estos duro sucesos de la vida: “el Señor me lo dio el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor” (Job 1,21).

Nos encomendamos a vuestras oraciones.

In Domino

P. Jorge Hernández, IVE

Fuente: www.ivemo.org

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