Peregrinación a Lu de Monferrato

Por gracias de Dios he podido peregrinar junto a otros sacerdotes a un pequeño pueblo piamontés, cercano a Turín (90 km), llamado Lu. Pueblo que fue varias veces visitado por san Juan Bosco y en donde nació el Beato Felipe Rinaldi, tercer sucesor de san Juan Bosco en el gobierno de los salesianos.

Nuestra peregrinación tenía como motivación encontrar al párroco de la Iglesia “Santa Maria Nuova”, Don Pier Giorgio Verri Rinaldi, sobrino segundo del beato, para entrevistarlo y que nos contase del doble milagro obrado por Dios en Lu, del cual él era parte. De este pueblo Dios suscitó 323 vocaciones, misioneros en 36 países, y todas ellas han perseverado. Hoy día aún viven 60.

Dividimos la crónica en dos partes, la historia de las vocaciones y anécdotas varias contadas por el padre Verri.

I

Breve reseña histórica de Lu di Monferrato

La historia del pequeño pueblo piamontés, perteneciente a la provincia de Alessandria, según el primer testimonio escrito encontrado, comienza a inicios siglo XI. Su nombre lo toma probablemente de una abreviación de Lucus término romano con el que generalmente llamaban a un bosque sagrado. Actualmente cuenta con 1500 habitantes.


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«Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38).

Se escucha frecuentemente decir que hay una “crisis de vocaciones”, incluso me ha tocado escuchar decir “en Italia ya no hay vocaciones”, o incluso “acá en España no hay vocaciones. “¿Ustedes tienen vocaciones? Sí. Ah!, pero son de América latina”… y otras cosas similares.

Si hay crisis de vocaciones, no es porque Dios se quedó mudo… es porque nosotros no hacemos lo que corresponde. Una vez la Madre Teresa de Calcuta en un diálogo personal con Juan Pablo II le preguntó “¿Por qué hay escasez de vocaciones?”, y Juan Pablo II le respondió: “Nostra testimonianza in questo tempo non è più affascinante[1] (“Nuestro testimonio en este tiempo no es más atractivo”).

Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba (España), decía sobre la pastoral vocacional: “se trata de una cuestión vital y de primerísima necesidad” para la Iglesia. Además indicó que es preciso “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades” [2].

Justamente en el pueblo de Lu estas dos cosas, oración y “clima vocacional”, se conjugaban de tal manera que Dios suscitó 323 vocaciones.

Don Pier Giorgio Verri nos contó que él recordaba que de niño era muy frecuente escuchar a los trabajadores cantar mientras se hacían las labores del campo, todo se hacía en gran clima de alegría. También se rezaba al menos tres veces al día, a la mañana, antes de ir a trabajar, al medio día, antes de almorzar, y a la tarde.

En este clima de alegría, de familia, de espíritu sobrenatural un grupo de madres decidieron juntarse para rezar pidiendo a Dios que de entre sus hijos surgiesen vocaciones.

«Este pequeño pueblo hubiera quedado desconocido si en 1881 algunas madres de familia no hubieran tomado una decisión que tuvo ‘grandes repercusiones’. Muchas de estas madres tenían en el corazón el deseo de ver a uno de sus hijos ordenarse sacerdote o una de sus hijas comprometerse totalmente al servicio del Señor. Comenzaron pues a reunirse todos los martes para la adoración del Santísimo Sacramento, bajo la guía de su párroco, Monseñor Alessandro Canora, y a rezar por las vocaciones. Todos los primeros domingos del mes recibían la comunión con esta intención. Después de la Misa, todas las madres rezaban juntas para pedir vocaciones sacerdotales.

Gracias a la oración llena de confianza de estas madres y a la apertura de corazón de estos padres, las familias vivían en un clima de paz, serenidad y devoción alegre, que permitió a sus hijos discernir con mayor facilidad su llamada»[3].

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Encuentro tenido en el año 1946 con todas las vocaciones del pueblo. Cada diez años se juntan
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Croquis de la ciudad. El punto rojo es la parroquia santa Maria nuova, el punto 2 es la parroquia san Nazario, lugar donde sacaron la foto en 1946.

 

El Padre Pier Giorgio Verri sigue esta buena tradición y cada martes celebra la santa Misa por las vocaciones y por las familias. Ha hecho una capilla dedicada a las vocaciones del pueblo donde están inscriptos los nombres de cada uno (no pudimos fotografiarla porque estaba cubierta por el pesebre).

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El padre Verri nos contó la historia de su vocación.

Él era estudiante de la escuela secundaria en Turín. Una vez un tío suyo que viajaba para Estados Unidos le envía desde el aeropuerto una postal pero con el nombre de Pier Giorgio Rinaldi (Rinaldi es el apellido de su mamá) y en el internado donde estaba lo conocían sólo por el apellido paterno Verri. Hasta que finalmente dieron con él y le entregaron la carta. Esto llevó que supieran que él era sobrino segundo del Beato Felipe Rinaldi. De ahí en más le insistían que debía hacerse sacerdote cosa que el rechazaba con ahínco.

Vuelve en el verano a su casa en Lu y la madre se da cuenta que estaba muy triste y que lloraba mucho, era porque no quería ser sacerdote y le fastidiaba que le dijesen lo contrario. Su mamá, muy perspicaz, se encargó de resolverle sus problemas, habló con un hermano suyo que era sacerdote para que hablase con su hijo. Este sacerdote lo llamó por teléfono y dialogaron. El sacerdote le preguntó por qué estaba mal, a lo que Pier Giorgio respondió que era la insistencia de sus formadores para que se haga sacerdote y él no quería eso. El tío le dijo: “¿cuál es la materia que más te gusta en la escuela?”, a lo que respondió “diseño”. “Muy bien entonces estudia diseño que yo te consigo un trabajo en Fiat cuando termines. No le digas a nadie y deja piensen que querés ser sacerdote y no te insistirán más”. Pier Giorgio quedó contento con la propuesta de su tío sacerdote.

Pasaron los años y llegó el último año de la secundaria. Nos decía con mucha ilusión y alegría el P. Pier Giorgio, que él tenía cuatro amigos, y un día se enteró que tres de ellos estaban por entrar en el noviciado de los salesianos… pero él no quería perderlos. Por lo que les preguntó cómo había que hacer para entrar en el noviciado. Era fin de abril cuando cada uno escribió la carta de admisión al noviciado pero antes de entregarla al director de vocaciones decidieron ponerla bajo el cuadro de María Auxiliadora en Valdocco, sin que le sacristán se diese cuenta, para que no las saque. Pasado el mes de mayo, mes de María, fueron a buscar las cartas y se las entregaron al director de vocaciones. Éste pasado algunos minutos lo llamó a su despacho. “Pier Giorgio has estado jugando con nosotros, pues finalmente querés ser sacerdote… Se ve que es algo de familia: sos Rinaldi” (haciendo alusión al Beato Rinaldi que por 10 años le negó a San Juan Bosco unírsele en la congregación).

 

II

Él nos contó también varias anécdotas muy interesantes del beato Felipe Rinaldi, que describen muy bien la calidad de éste santo sacerdote.

Don Bosco solía pasear con sus jóvenes por la región de Monferrato. En una oportunidad se dirigió al pueblo de Lu y se encontró con la familia Rinaldi, Felipe tenía 5 años. La ciudad de Lu estaba gobernado por los masones, por eso el Alcalde de la ciudad cuando supo de la visita de san Juan Bosco -quien gozaba ya de buena fama- se opuso y prohibió que le ayudasen y albergasen, y quien desobedeciese sería muy mal considerado y despreciado por los del municipio. Sin embargo el papá de Felipe Rinaldi no tuvo miedo y albergó al santo en su casa. En esa oportunidad Don Bosco comprendió el calibre del futuro beato y le propuso que lo siguiese a Turín, pero no tuvo éxito, aunque entablaron gran amistad. Al finalizar su visita lo llevaron en carro hasta la estación de Mirabello Monferrato. El Alcalde de Lu no hizo nada contra la familia Rinaldi porque eran de buen pasar económico.

Años después Felipe Rinaldi ingresó en la escuela salesiana de Mirabello (distante 5 km de Lu). Pero al poco tiempo dejó la escuela, según se cuenta, porque un salesiano lo castigó con una bofetada. La excusa que dio Felipe a sus padres era que no podía estudiar, porque leía pocos renglones y le lloraban los ojos. Este hecho es importante en la vida del Beato porque al no poseer estudios siempre fue considerado un hombre de muy poca cultura.

Muchos fueron los encuentros entre Don Bosco y Felipe Rinaldi. Felipe se dirigía y confesaba con Don Bosco, y durante 10 años se negó a seguir a Don Bosco a Turín, es decir se negaba a entrar en los salesianos. Pero en una de las visitas, Felipe tenía 20 años, estaban a la mesa y Felipe tenía a Don Bosco delante. Él cuenta que vió el rostro de Don Bosco que irradiaba luz y desde esa oportunidad nunca más pudo negarle algo a Don Bosco. Tal es así que va a la casa de los salesianos a Sanpierdarena, cerca de la ciudad de Génova, para iniciar sus estudios sacerdotales.

Otra interesante anécdota que nos contó: un sacerdote belga, también salesiano, vivía en Turín. Este sacerdote fumaba, cosa que entre los salesianos estaba prohibido, no sólo por el mal ejemplo que podrían dar sino también por el voto de pobreza. Es así que su superior lo llama para decirle que debía dejar de fumar o debía dejar la congregación. Don Felipe Rinaldi lo ve que estaba muy triste y le pregunta qué le sucedía. El sacerdote le abre el corazón y le dice las dificultades que había tenido con su superior y que había intentado dejar de fumar muchas veces pero sin éxito. Entonces el padre Rinaldi le dijo: “No te preocupes, cada vez que quieras fumar viene a mí y yo te doy cigarrillos”. Cuenta luego el sacerdote belga que al salir del despacho de Rinaldi quedó con gran paz, pues “se sintió comprendido y amado”, en seis meses dejó de fumar.

Otro episodio que muestra la santidad del Beato Rinaldi. Pasada la primera guerra mundial un joven sacerdote salesiano[4] vuelve de asistir a los soldados en el campo de batalla a la casa de la congregación en Turín y se dirige al despacho del Superior. El superior lo primero que le pregunta: “En estos años que has estado en el frente de batalla con tanto peligros y dificultades ¿cómo has mantenido los votos religiosos?” -exigiéndole cuentas-. El sacerdote, dejando caer su mochila de los hombros, sin responder salió del despacho muy triste, pues se “sintió traicionado por los suyos”. Al salir el padre Rinaldi lo ve y se alegra mucho. El Beato lo primero que hace es preguntarle “¿fuiste ya a visitar a tu mamá?”.

En el año 1889, un año después de la muerte de san Juan Bosco, el Rector Mayor, el padre Miguel Rua (segundo sucesor de san Juan Bosco, es beato) manda al Padre Rinaldi a España como veedor porque la congregación tenía tres casas allí, pero con problemas entre los religiosos y con dificultades económicas. El Beato Rinaldi obedeció y fue, aprendió la lengua y permaneció 11 años, en los cuales no sólo resolvió las dificultades que tenían sino que fundó 18 casas nuevas.

Estando en una de las casas de España llega una distinguida mujer en un carro muy elegante, y con voz furiosa y desafiante pregunta por el responsable de esa obra. El sacerdote va apresurado a buscar a Rinaldi. Cuando llega la mujer le dice: “¿Cómo hace para mantener esta obra? ¿Qué es lo que hace?”, Rinaldi permanece un momento en silencio y le responde “La Providencia de Dios”. La mujer muy enfurecida se da media vuelta y se va. El otro sacerdote, que había recibido a la mujer, se le acerca y le dice quién era esa mujer, era nada menos que la principal benefactora de sus obras. Rinaldi por cuatro días quedó con remordimiento por haber sido tan cortante con la adinerada benefactora. Estaba confesando y había una larga cola de penitentes, llega nuevamente la benefactora y hace cola, llegado su turno Rinaldi le pide disculpas por lo sucedido días atrás, pero la mujer le dice “Padre, no se preocupe. Yo quiero también ser parte de la Providencia” y le dejó un sobre con mucho dinero.

En 1921 muere Miguel Rúa y convocan a capítulo para elegir el Nuevo Rector Mayor de la congregación. Entre los electores, que eran 7, se encontraba, quien después fue el Cardenal Cagliero. El Cardenal Cagliero se encargó de “hacer propaganda” entre los electores tratando de convencerlos que eligiesen a Rinaldi, “quien posee el corazón de Don Bosco”. Pero a pesar de gozar de buena fama, él era “inculto”, (recordemos que no había terminado los estudios). Temían que fuese mal visto por los demás tener un superior mayor sin gran cultura.

Llegada la votación eligen a Rinaldi como Rector Mayor, entonces el Cardenal Cagliero se acerca a Rinaldi y le dice “recuerda que el Rector Mayor eres tú, eres tú, eres tú”. Rinaldi llevándose la mano derecha al pecho saca de su sotana una carta sellada y se la entrega a Cagliero. Éste intrigado la abre y la lee. En ella se leía “En 1884 en una charla personal que tuve con el Padre Juan Bosco, me dijo ‘serás el tercero’, yo no comprendí lo que me quiso decir.” San Juan Bosco, le profetizó que sería el tercer sucesor suyo en el gobierno de la orden.

Las primeras palabras del Padre Rinaldi a los padres capitulares fueron: “Sé que soy inculto y que muchos de la congregación no me querrán, pero al menos hagan que amen a uno de ustedes”.

Que la Virgen María nos conceda aprender de estos grandes ejemplos y así poder dar un válido testimonio que atraiga a los niños, jóvenes y adultos a seguir a Cristo, como decía San Juan Pablo Magno «vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!»[5].

Padre Marcos Coduti

28 de abril 2015

Día de San Luis María Grignion de Montfort.


[1] Esta anécdota nos la contó un sacerdote Don Claudio, en la Consolata de Turín, quien lo supo por qué se lo contó Mons. John Magee, quien fue secretario de Juan Pablo II durante varios años.

[2] Monseñor Demetrio Fernández, Iglesia en Córdoba, semanario diocesano de información y formación cristiana (2015) nº 458, p. 3. Se puede descargar en:  http://www.diocesisdecordoba.com/wp-content/uploads/2012/11/iec458.pdf

[3] Congregatio pro clericis, Adoración eucarística para la santificación de los sacerdotes y maternidad espiritual, Roma 2007 p. 18. http://www.clerus.org/clerus/dati/2008-01/24-13/Adoracion.pdf

[4] Este sacerdote predicó varias “buenas noches” al Padre Pier Giorgio Verri en el seminario.

[5] San Juan Pablo Magno, discurso a los jóvenes en Cuatro Vientos, Madrid, n°5, 3 de mayo de 2003.

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