“Es necesario subir a las montañas para abrazar en los espacios infinitos la admirable obra de Dios. Es necesario subir para recoger la invitación a hacer de la propia vida una conti­nua ascensión hacia las metas sublimes de las virtudes huma­nas y cristianas”.

 

jp2Estas palabras pronunciadas por Juan Pablo II en la homilía de una Misa celebrada al pie del Cervino en el verano de 1989, recogen el sentir de este Papa sobre algunos valores que se encuentran al entrar en contacto con la montaña y las virtudes del montañero. Juan Pablo II era un papa que amaba la montaña. Desde el comien­zo de su labor sacerdotal acudía a ellas en las que, según él mismo afirmaba, encontraba paz para su alma y ener­gías para realizar una honda labor apostólica.

La afición a la montaña en Juan Pablo II se inició en el comienzo de su tarea pastoral. Surgió con el de­seo de llegar a los jóvenes de la primera parroquia que le habían encomendado. Año tras año, con regularidad casi matemática, llevaba a los jóvenes quince días a los montes, a los ríos y lagos.

Es así como siguiendo el ejemplo de nuestro patrono San Juan Pablo II invitamos a los jóvenes de la Parroquia de San Roque en Avondale, Pensilvania a pasar un jornada contemplando las maravillas de la creación.

Este día se inició a las 8:00 con la Santa Misa y luego de la bendición del sacerdote comenzamos la escalada.

Fue un día maravilloso. Por la mañana realizamos un hiking o senderismo que duro aproximadamente 2 horas y media. Allí pudimos contemplar una hermosa vista del lago.

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Posteriormente nos dirigimos hacia el lugar donde haríamos el kayaking. Por supuesto todos con gran entusiasmo! Nos dividimos en dos grandes grupos, e iniciamos el paseo. Quiero reconocer que terminamos bastante mojados. Fue una tarde hermosa, entre juegos y deportes se nos pasó la tarde como en un abrir y cerrar de ojos.

Y no podíamos terminar nuestro día sin dar gracias a la Virgen Santísima con el rezo del Santo Rosario a orillas del lago.

Fue una gran experiencia vivida, y para la gran mayoría de los jóvenes era la primera vez que realizaban una salida así. Regresamos con la enorme satisfacción de habernos puesto una “meta alta” y de haberla alcanzado, no sin un gran esfuerzo.

Nuestro paseo no termino allí, de regreso a casa pasamos a comer unas ricas pizzas para festejar la hermosa salida que tuvimos.

Todos volvimos con el gran entusiasmo que tiene un montañero al regresar al hogar; cansado pero feliz y deseoso de volver a escalar las montañas.

Se decía del Beato Pier Giorgio Frassatti sobre la montaña:Las ascensiones a las alturas lo ponían en ocasión de contemplar las otras alturas: las del Autor de la natu­raleza, las alturas del Cielo. Siempre se remontaba a Dios al contemplar las bellezas creadas. “Querría, si mis estudios me lo permitiesen, pasarme jornadas enteras sobre los mon­tes para contemplar en aquellos aires puros la grandeza del Creador”.Escuela de abnegación, la montaña, también fue para él escuela de sangre fría y de viril energía frente a lo improvisto que puede surgir a cada paso. Múltiples circunstancias revelan que consideraba al alpinismo no como un deporte elegante o un solaz de ociosos, sino como una dura preparación para las batallas de la vida y sus inevitables engaños.

Y San Juan Pablo II también lo repetía:“La ardua ma­jestuosidad de las cumbres estimula a poner de manifiesto los valores de tenacidad y humildad, indispensables para afrontar la vida de cada día y escalar con ardor la alta montaña de la santidad”.

Pidámosle a la Santísima Virgen María, que interceda por nosotros ante Dios para que podamos un día alcanzar juntos la gran cumbre de la santidad, buscando incansablemente de escalar hacia lo alto como decía el Beato Pier Giorgio Frassati para alcanzar el Cielo donde nos encontrare­mos para gozar de la eterna felicidad.

Unidos en la oración.

Hermana María del Sacro Monte.

Grupo de “Jóvenes Testigos de Esperanza” de la Parroquia de San Roque en Avondale Pensilvania

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