Decía San Ignacio de Loyola: «Alabar reliquias de santos, haciendo veneración a ellas y oración a ellos; alabando estaciones, peregrinaciones, indulgencias, perdonanzas, cruzadas y candelas encendidas en las iglesias».

 

Querida familia religiosa, haciéndonos eco de las palabras de San Ignacio, estas simples líneas son solo para compartir con ustedes la alegría de haber podido regalarle a nuestra iglesia catedral un nuevo gran relicario para la veneración de las reliquias de santos, en el día de su fiesta patronal, el pasado domingo 28 de septiembre. Nunca antes la catedral de Túnez había tenido un relicario del estilo. A Dios gracias ahora también en nuestra catedral se podrán venerar las reliquias de santos incluso de varios mártires de estas tierras africanas…

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Les cuento muy brevemente su historia: este relicario come les dije antes fue inaugurado el pasado domingo 28 de septiembre con ocasión de la fiesta patronal de la catedral de Túnez. En realidad los trabajos de restauración comenzaron en octubre del 2013 y pudimos completarlos gracias a Dios, a fines de septiembre del 2014. Este gran número de reliquias nunca perteneció a la catedral, sino que más bien fue patrimonio de las distintas parroquias en Túnez durante el protectorado de Francia en el siglo XIX, y muchas de ellas veneradas en el antiguo Carmelo de Cartago. Una vez declarada la independencia en el 1964 y cerradas la mayoría de las iglesias parroquiales, estas reliquias fueron depositadas en cajas de cartones y guardadas en armarios que luego fueron colocados en una habitación de la sede de la diócesis. Allí permanecieron por casi 50 años casi en el olvido.

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Sin embargo, vista su importancia no solo religiosa sino también histórica, quisimos sacarlas del olvido y darles el lugar y la importancia que se merecen, así fue que con la autorización del nuevo obispo, empezamos con la ayuda de algunos jóvenes a trabajar en la restauración de las reliquias. Todo sería muy sencillo pero la idea era que fueran relicarios dignos. Una vez terminados los trabajos de restauración, con la ayuda de un carpintero musulmán hicimos dos grandes armarios con puertas de vidrios para que los distintos relicarios puedan ser expuestos a la veneración en el interior de la Catedral y que al mismo tiempo estuviesen seguros. Los colocamos junto al gran relicario de San Luis, rey de Francia, proveniente de la Catedral primada de Cartago y que desde hace varios años se encuentra en nuestra catedral. Con las fotos se verá mejor.

Quiero terminar con un hermoso texto del papa emérito Benedicto XVI quien hablándole a los jóvenes en Colonia les decía: “…Estas reliquias no son más que el signo frágil y pobre de lo que ellos fueron y vivieron hace tantos siglos. Las reliquias nos conducen a Dios mismo; en efecto, es él quien, con la fuerza de su gracia, da a seres frágiles la valentía de testimoniarlo ante el mundo. Cuando la Iglesia nos invita a venerar los restos mortales de los mártires y de los santos, no olvida que, en definitiva, se trata de pobres huesos humanos, pero huesos que pertenecían a personas en las que se ha posado la potencia viva de Dios. Las reliquias de los santos son huellas de esa presencia invisible pero real que ilumina las tinieblas del mundo, manifestando el reino de los cielos que está dentro de nosotros. Proclaman, con nosotros y por nosotros: “Maranatha” ―”Ven, Señor Jesús”― ».

P. Silvio Moreno, IVE

Misionero en Túnez

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