Dios mediante, dentro de poco menos de un mes, dejaré de ser Maestro de Novicios, y entre las muchas gracias que el Señor me ha otorgado con este oficio, una no menor, es haber tenido el privilegio de predicar seis veces Ejercicios Espirituales de un mes –terminé los últimos hace escasos días.

06 EE 2014Se trata de los Ejercicios Espirituales llamados “típicos” y que San Ignacio recomendaba no predicarlos a cualquiera (para no perder el tiempo). De hecho, dejó escrito que son raros los hombres –raris hominibus– a quienes se les pueden predicar los Ejercicios enteros. Y esto, como veremos, porque las exigencias no son pocas, porque no es fácil que alguien tenga un mes completo disponible para algo así pero, sobre todo, porque hace falta que sea una persona que tenga “grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad” [5][1], que “en todo lo possible desea aprovechar” [20], que si se ve inclinado a alguna cosa sin saber si es la voluntad del creador, pida “a Dios nuestro Señor el contrario” [16] … y podríamos seguir…

Nuestras Constituciones indican que debemos hacer estos Ejercicios “hacia el término del noviciado” y luego, en la medida de las posibilidades, cada diez años. En estas seis tandas, los han hecho en nuestra Provincia[2] –ya que también se predican en otros lugares– unos 120 novicios, 30 sacerdotes y 6 laicos.

Es una gracia poder predicarlos porque, por un lado, se llegan a conocer más a fondo los mismos Ejercicios –con el bien espiritual que esto conlleva– y, por otro, por el gran bien que se puede hacer a las almas que los reciben. Haciendo las aclaraciones del caso pueden aplicarse al predicador de Ejercicios estas palabras:

“Agrada más a Dios y le glorifica más el predicador o maestro espiritual que convierte a un solo pecador llevándolo hasta la perfección cristiana, que el que convierte a muchos, pero dejándolos tibios e imperfectos” Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana, n. 362.

Algo más que podría agregar, incluyendo y entrelazando lo nombrado, es poder percibir de cerca que los Ejercicios son realmente una “máquina de convertir”[3] o, quizás mejor, “una máquina de hacer santos”.

¿Cómo logran esto? Sin duda que la genialidad de San Ignacio es única en la historia; hablando del libro de los Ejercicios, lo expresaba hermosamente el P. Castellani:

“Este cuaderno contiene las experiencias ascéticas de un soldado del Renacimiento, y su elaboración por él mismo, de un método y un training (entrenamiento) aplicable a todos. ¿Se ha reflexionado lo suficiente sobre la enorme paradoja que tal hecho involucra? El hecho es éste: una experiencia religiosa concreta, una conversión, ha sido como desindividualizada y arquetipada, sin convertirse por eso ni en un rígido esqueleto ni en un fantasma abstracto.

Pienso que si los E.E. no existieran, parecerían imposibles. Si antes de San Ignacio hubiéramos presentado el proyecto a los teólogos y a los filósofos, se hubieran reído, o tal vez enojado –según el humor. Algunos los hubieran declarado imposibles: utópicos. Otros, los hubiesen tenido por heréticos: pelagianos. O se hubieran escandalizado ante la sola idea…”. La Catharsis en los Ejercicios Espirituales, p. 15.

Basta un poco de objetividad o haber hecho una sola vez los Ejercicios, para aplicarle las palabras que los hechiceros usaron al hablar al Faraón sobre los prodigios hechos por Moisés: Dígitus Dei est hic (el dedo de Dios está aquí) (Ex 8,15).

San Ignacio mismo, en su Autobiografía, hablando en general de las grandes consolaciones e ilustraciones sobrenaturales tenidas en Manresa, donde escribió y experimentó lo sustancial de los Ejercicios, refiere que “en este tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole…, y siempre ha juzgado que Dios le trataba desta manera; antes si dudase en esto, pensaría ofender a su divina majestad”[4].

Pero más allá del método Ignaciano, o para decirlo mejor, como parte integrante del mismo, utilizan los Ejercicios lo que la espiritualidad de todos los tiempos ha llamado “las dos alas de la santidad”, que son la penitencia y la oración. Los Ejercicios conllevan como fin propio el “vencerse a sí mismo” [21], y, como pasa con todo en esta santa gimnasia ignaciana, el ejercitante no solo lo aprende de manera intelectual, sino que de hecho lo ejercita durante el mes de retiro: un mes sin hablar (salvo con el predicador), sin comunicación con el exterior, rezando mucho –que por momentos, como veremos, puede tener cierto cariz mortificante–, el ayuno y algunas otras penitencias, son el modo de vivir aquello que el Señor mandó con diáfana claridad: Si no hacéis penitencia, todos igualmente pereceréis (Lc, 13, 5).

Esta penitencia es principalmente interior y consiste en “dolerse de sus pecados con firme propósito de no cometer aquéllos ni otros algunos” [82]. La penitencia exterior, la más sonora –la que nombramos– es fruto de la primera y está casi escrupulosamente regulada por el Santo de Loyola en orden a conseguir el fin principalísimo de los Ejercicios que es: “buscar y hallar la voluntad divina” [1], o sea “ordenar su vida” [21].

“Vencerse a sí mismo” para ordenar su vida”, es todo lo que procuran de una y mil maneras los santos Ejercicios. Y el principal obstáculo que encontrará este “soldado cojo y calvo”[5] para llegar a tal fin, serán las “afecciones desordenadas” [1]. Imposible en estas breves líneas explicar a fondo de qué se tratan (lo haremos en las lecturas recomendadas), pero baste decir que por afecciones desordenadas se entiende cualquier querer, sea o no pecaminoso, que es mío sin ser también de Dios, es decir, un querer que no posee el orden que la sabiduría divina da a todas las cosas.

El vencerse se da sobre todo por la penitencia, como dijimos; esto ya nos llevará a quitar algunas afecciones desordenadas… y por tanto, a preparar el terreno para ordenar la vida a Dios. Pero la actividad en la cual propiamente San Ignacio llamaba Ejercicio, lo sustancial, lo determinante, el momento crucial, la batalla decisiva –con uno mismo y con Dios– en la cual se da tanto el vencimiento como la penitencia, se descubre y neutralizan las afecciones desordenadas y se ordena la vida a Dios, es la oración. Será por eso que San Ignacio nos hace dedicar a esto “algunas horas”…

Pide el Santo que el ejercitante se sumerja en el trato con Dios cinco veces al día durante una hora, y enfáticamente aconseja: “procure siempre que el ánimo quede harto en pensar que ha estado una entera hora en el exercicio, y antes más que menos. Porque el enemigo no poco suele procurar de hacer acortar la hora de la tal contemplación, meditación u oración” [12].

Al terminar cada una de estas cinco horas, pide el santo que se hagan quince minutos de examen de la misma oración, lo cual también es oración… [77]. Manda también que se haga el examen particular –seguimos rezando… tres veces al día, y el examen general por lo menos una vez, por la noche. De la inteligencia de los Ejercicios, algunos grandes comentaristas opinan que conviene prepararse para la oración, lo cual concretizan en quince minutos anteriores a la hora fijada; en este tiempo de precalentamiento, también se está rezando.

Si a esto le sumamos la Santa Misa con su posterior acción de gracias, el rezo del Oficio Divino y el Santo Rosario, estamos hablando de 9 hrs. de oración diarias… y si multiplicamos esto por treinta días, dejando de lado algunas horas que son opcionales y un par de días (y medios-días) que son de recreación, rondamos por las 250 hrs. dedicadas pura y exclusivamente a rezar… o sea más de diez días completos… ¿puede no haber fruto así?…

¿Y qué hace el resto del tiempo el ejercitante? Algunos momentos dedica a llevar a cabo lo necesario como para que, al terminar los treinta días, el alma gozosa no se decida a separarse del cuerpo que, quizás menos pesado, la sigue atando a esta tierra… Poco más de 2 hrs. diarias recibe, por parte del predicador, explicaciones sobre el ejercicio y materia para meditar y contemplar. ¿Y lo demás? Piensa, medita y reflexiona…

Al acostarse piensa “a la hora que me tengo de levantar y a qué, resumiendo el exercicio que tengo de hacer” [73]; al levantarse, “no dando lugar a unos pensamientos ni a otros” [74] y, así también durante los ratos libres… piensa sobre el fin para el que fue creado [23], en sus pecados, en su muerte que algún día irreversiblemente llegará de las postrimerías correspondientes: juicio, cielo o infierno; analiza una y otra vez consolaciones (donde Dios le habla) y desolaciones (donde se entromete el enemigo), etc. pero, por sobre todas las cosas, piensa, reflexiona y medita en la vida de Nuestro Señor Jesucristo “para que más le ame y le siga” [104].

¿Parece mucho esto? No se trata más que de cumplir lo que Nuestro Señor nos dijo, primero directamente: es necesario orar siempre y no desfallecer (Lc 18,1); estad en vela, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza (21,36); Velad y orad (Mt 26,41); y luego por los Apóstoles: Aplicaos asiduamente a la oración (Rm 12,12), perseverad constantemente en la oración (Col 3,2), noche y día (1Tes 3,10).

Esto se está haciendo un poco largo y temo cansarlos; así que termino exhortándolos lo más vivamente que me salga a que hagan Ejercicios Espirituales: si es en retiro, mejor, y mientas más días puedan “mayor y mejor” [83][6]. Si no pueden retirarse, por Internet también hay frutos, ¡y no pocos! El deseo de santidad y de ser generosos con Dios puede suplir muchas cosas.

He podido constatar, en estos seis años, el “milagro” de la santificación de muchos ejercitantes, y como parte de esto, la alegría silenciosa que tienen durante los Ejercicios y, luego de ellos, muy sonora… (al menos en el caso de los novicios)  Los sacerdotes/misioneros, a esa alegría se le suma cierta “santa pena” porque a veces son más de 10 los años del último que han hecho; y en otros –entre los que me incluyo– esa alegría se trasforma en deseos de poder realizarlos… (y ya les voy pidiendo oraciones para el próximo enero…)

Termino, ahora sí, con las palabras del Beato Juan Pablo II:

“La escuela de los Ejercicios Espirituales sea siempre un remedio eficaz para el mal del hombre moderno arrastrado por el torbellino de las vicisitudes humanas a vivir fuera de sí, excesivamente absorbido por las cosas exteriores; sea fragua de hombres nuevos, de cristianos auténticos, de apóstoles comprometidos. Es el deseo que confío a la intercesión de la Virgen, la contemplativa por excelencia, la maestra sabia de los ejercicios espirituales”[7].

 


[1] Todos los número entre [ ] corresponden al libro de los Ejercicios Espirituales.

[2] Provincia “Nuestra Señora de Luján” que abarca Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay.

[3] Leonardo Castellani, La Catharsis en los Ejercicios Espirituales, p. 15. Cita con esta frase al hermano Pedroche en su protesta a la Inquisición de Toledo.

[4] Autobiografía n.27; MHSI Fontes narr. I p.400.

[5] Son palabras del P. Castellani a su santo fundador… de lo contrario no me atrevería a escribirlas…

[6] A mediados del siglo pasado se predicaban muchas tandas de Ejercicios Espirituales en España y sin embargo no se percibía mucho cambio en la sociedad… el P. Casanovas, gran comentador de los Ejercicios y muerto por los comunistas, afirmaba que según su opinión, el “problema” radicaba en que no se predicaban los Ejercicios “típicos”, es decir, de 30 días.

[7] Juan Pablo II – ANGELUS del 16/12/1979 con ocasión del 50 aniversario de la Encíclica Mens Nostra de Pio XI

——————–

Más textos sobre el tema:
– Algo que escribí hace ya 10 años (parece mentira!) para invitar a hacer Ejercicios Espirituales, que terminó siendo luego un artículo de nuestra revista Diálogo: Por qué hacer Ejercicios Espirituales… (Descargar AQUÍ)
– Un hermoso escrito del entonces novicio Bernardo Ibarra, al concluir su mes de Ejercicios: Tengo sed. (Descargar AQUÍ)
– Homilía del P. Leonardo Castellani del 31 de julio de 1966 sobre San Ignacio: (Descargar AQUÍ)
– Excelente comentario, referido a la oración, de SS. Benedicto XVI a la lucha misteriosa de Jacob con Dios, Dios vence… (Descargar AQUÍ)
– Un artículo -de unos años atrás- del P. Alberto Giampieri S. J. sobre El pensamiento de los Papas sobre los Ejercicios Espirituales… (Descargar AQUÍ)

Deja un comentario