Por: P. Bernardo Ibarra, IVE

El mismo día en que se proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, o sea, el 8 de diciembre de 1854, Julio Chevalier, un sacerdote diocesano francés,  fundaba la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón. Un instituto que sería muy devoto del Corazón de Jesús y de su Santísima Madre. De hecho, el fundador uniría estas dos devociones al comenzar la devoción a Nuestra Señora del Corazón de Jesús. El lema de esta congregación era: «Ametur ubique terrarum Cor Jesu Sacratissimum«(Que el Sacratísimo Corazón de Jesús sea amado en toda la tierra)[1].

El propósito del p. Julio era combatir de algún modo la descristianización de la Francia de aquél entonces. Pero Dios tenía otros planes. Por pedido del Papa León XIII, la congregación salió a misionar a los países de Micronesia y Polinesia. Y así fue como esta congregación llegó a Kiribati en el año 1888, inculcando en todo el país una gran devoción al Sagrado Corazón.

Da mucho gusto pensar que, en el medio del Pacífico, el Corazón de Jesús haya establecido su trono. Aquellos 32 atolones que sobreviven al rugir de las olas del violento océano, se encuentran bajo el amparo del Corazón de Dios.

Kiriabti

¿Y a qué viene todo esto? ¿No estamos hablando de las islas Salomón? Es que los feligreses de nuestra parroquia provienen de Kiribati y es por eso que el nombre de ella es Sagrado Corazón. Estamos en las Islas Salomón, pero atendemos a kiribatianos que traen consigo todo su bagaje cultural y religioso. Ellos fueron misionados por los del Sagrado Corazón, por eso pensaba que es muy providencial que se nos haya dado esta parroquia a nosotros, casi un año después de la Consagración al Corazón de Jesús, que hicimos como instituto. Pensaba que de algún modo deberíamos seguir el mismo lema del p. Julio: que el Sacratísimo Corazón de Jesús sea amado en toda la tierra, y allí, en Waguina, también.

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Bien. Llegué entonces a la parroquia del Corazón de Jesús y enseguida me di cuenta de que tenía mucha vida y de que había muchísimo para hacer. Hay muchos apostolados y sobre todo mucha disponibilidad de la gente. Para cualquier cosa que se organice, va a haber siempre gente lista para ayudar y participar. Niños, jóvenes, adultos y familias enteras están siempre al tanto para poder tomar parte de cualquier actividad de la parroquia. Alguno pensará que como no tienen internet, ni luz ni un largo etcétera de comodidades modernas, tiene más tiempo libre para Dios. Y la verdad es que no es del todo así. Ciertamente que están más desocupados, pero también es verdad que ponen empeño y esfuerzo en llevar al día su vida cristiana. Para ellos, la vida cristiana también conlleva un sacrificio.

Creía yo que tendría mucho tiempo libre allá, pero no fue así. Todas las tardes se juntaba un nutrido número de niños y jóvenes a jugar al fútbol y al voleibol. Y aunque no siempre se los pudo acompañar, de todos modos, muchas veces jugamos con ellos. ¡Cómo lo disfrutan! Cuando llega el padre a jugar, todo parece cambiar. Ellos son muy deportistas, y como son muy habilidosos, siempre se destacan en los juegos. Cuando llovía mucho no les dejábamos jugar para que no se arruine más la cancha. ¡Cómo nos recriminaban con sus caras enojadas y tristonas! Y cuando dejaba de llover, bastaba decirles nomás y traían una arena blanquísima con la que tapaban los charcos negrísimos.

 

El oratorio por la tarde todos los días es sólo una actividad de la misión, la primera con la cual me topé. La segunda fue la Adoración y el Rosario a las seis de la tarde. Todos los días se expone el Santísimo y se reza el rosario dirigido por el prayer leader de la semana. El prayer leader es una persona, o dos -generalmente un matrimonio- que dirige las oraciones y los cantos tanto para la Misa como para la Adoración. ¡Qué gracia me dio, cuando Rianna, una prayer leader, comenzó a marcar el tiempo del canto con fuertes aplausos! Y miraba ella para atrás como para descubrir al delincuente que perdió el ritmo. Es que un kiribatiano es músico innato. El menor error en esto es reprendido y reído de todos.

Rezan ellos muchas oraciones que se las saben de memoria y parecen ser tan ancestrales como los mismos que las dirigen. Ellos no saben quién se las enseñó. Tienen unos libritos mal diagramados donde aparecen centenares de oraciones y letanías. Las rezan a toda velocidad. Trataba yo de seguirlas con la vista, aunque sea, pero en enseguida me perdía y sólo lograba alcanzarlos salteándome palabras enteras.

Terminado el rosario, cantan el Tantum Ergo en un latín impecable. ¿Quién se los enseñó? Otro misterio. Y como ya les dije, son grandes cantores. Pero de esto hablaremos en la próxima crónica.

Adoración

Al día siguiente tuvimos la Misa. Todos los días la tendríamos a las 7 de la mañana, pero los domingos a las 8:30 (así que aprovechábamos con el p. Humberto a bañarnos en el mar bien tempranito antes del desayuno…. Y como siempre, nos acompañaban los jóvenes).

Misa

El prayer leader toca, entonces, la campana llamando a las oraciones de la mañana. Las sacristanas ya están allí desde las cuatro o cinco de la mañana arreglando las cosas para la Misa…. de exageradas nomás. Hay también un lindo grupo de monaguillos, listos para ayudar. El p. Humberto hace las listas, así que se turnan muy arregladamente. Y el que falla se queda sin el pícnic en la isla. ¡Santo remedio al olvido!

Con el p. Humberto nos turnábamos para presidir y predicar. ¿Qué predicarles en inglés? ¿Entenderán los que les digo? Varios de ellos hablan un inglés bastante bueno, que lo aprendieron en Honiara o en algún lugar más poblado. Otros lo balbucean y otros casi que no saben qué cosa es el inglés. De todos modos, se predica para que los que entienden entiendan, y para que los que no, que por lo menos vean que el cura enseña. Sermones sencillos y de tipo misiones populares.

Me acuerdo que me tocó presidir y predicar en la fiesta de San Juan Pablo II. No teníamos ninguna imagen de él. Lo único que había era un póster grande con los 266 papas. Varios días antes lo habíamos pegado al fondo de la Iglesia. Así que no hice más que empezar el sermón diciéndoles que ese día se celebraba el papa número 264 y que podían verlo al fondo, en el nuevo póster. ¡Se me caía la cara de vergüenza! Ni una foto de nuestro padre espiritual. Pero ellos eran felices mirando detalladamente el póster, algo totalmente nuevo.

Celebrar la Misa allí fue ciertamente para mí, de mucho consuelo. Me acordaba de lo que decía Segundo Llorente: “Estos consuelos no los gustan los mundanos. Los tiene reservados Dios para sus misioneros. El que quiera hacer la prueba que se haga misionero”. Renovar el sacrificio del Calvario en eso confines del mundo es algo indescriptible. Basta pensar cuánto nuestro Señor es consolado al saber que se cumple su deseo de ser amado por todos los corazones; cuán feliz Jesús se pone al ver que se conmemora su muerte en semejante paraje.

Además del grupo de monaguillos y sacristanas, y del oratorio, también tenemos grupos de hombres, de mujeres, de jóvenes, la Sunday School y la legión de María.

Las mujeres de la Legión de María

Los hombres son los grandes trabajadores. El p. Humberto los reúne todos los martes para hacer trabajos en el área de la misión. Y luego les damos un gran almuerzo. Arroz, pescado, batatas y ñame. Con eso están más que pagados. Recuerdo ahora a John quien se encarga de encender y apagar el generador de la parroquia que se usa durante la Misa y Adoración diarias, a Michael, el catequista y secretario parroquial, a Tebaia el lanchero del bote fueraborda de la parroquia, a Dominic el electricista y el hacelotodo de la isla y a varios otros más.

Grupo de Hombres

Las mujeres también están siempre a la mano. Y aunque son a veces un hueso duro de roer, de todos modos, son una excelente ayuda en el trabajo apostólico. Se turnan para cocinarnos todos los días, y lo hacen muy bien, ciertamente, de tal modo, que nunca pasamos hambre en absoluto. Muchas de ellas son sacristanas y miembros de la Legión de María. Con ellas pude recorrer muchas de las islas vecinas visitando casas, llevando la imagen de la Virgen y rezando el rosario, como les contaré en la próxima parte. Andan siempre con sus lava-lava, que es una prenda típicamente polinesia. Es un tipo de pollera larga tradicional, muy vistosa y colorida. Ninguna mujer entra a la Iglesia sin ella. Sería demasiado ridículo e irrespetuoso. También la usan los varones para ceremonias más importantes… así que tuve que recibir varias de esas como regalo de despedida.

La Legión de María también es muy fuerte. Todos los sábados se reúnen por lo menos cuatro grupos diferentes de acuerdo a las edades. Y es más fuerte aún, durante el mes de octubre, cuando la imagen de la Virgen recorre las casas de la aldea. Es cosa digna de verse y oírse cómo estas señoras cantan a la Virgen… con qué entusiasmo y vigor. Yo las escuchaba y no podía dejar de pensar en las palabras de Sta. Isabel: “bendita tú entre todas las mujeres”, y en la profecía que la misma Virgen profirió: “Me llamarán bendita todas las generaciones”. Ambas cosas se cumplen al pie de la letra en Waguina, dos mil años después y a más de 14 mil kilómetros de distancia de Ain Karim, lugar de la visitación.

También están los jóvenes… el alma de la parroquia y de la isla. Es difícil contarles en breves líneas cómo son los jóvenes de Waguina. Son muy fuertes y de muy buena madera, listos para ayudar en lo que sea, pero también para tirarse a dormir en cuanto encuentren un lugar llano. Con ellos pude estar mucho tiempo. Por las mañanas salía usualmente a recorrer la aldea en busca de los jóvenes que no van al colegio, ya sea porque tiene trabajo en la casa o porque son perezosos. O ambas dos. Bastaba una sonrisa y un buen mauri (hola), para ganarse su confianza. Se dedicaban o a la pesca, al buceo o a plantar algas (seaweeds, conocida como eucheuma), y como no trabajaban todos los días, los juntaba yo para ocuparlos un rato en el área de la misión y luego bañarnos en el mar. Allí hacíamos carreras y competencias de buceo: “A ver quién llega más profundo”. Y en todo me ganaban. Se sumergían en la profundo sin problema alguno. El problema no era sumergirse sino más bien aguantar sin respirar por largos minutos. Para ellos, pan de cada día… Y esto nos da pie para hablar del tema del buceo.

Varios de los jóvenes salen, día por medio, a bucear madreperlas para luego vender el nácar iridiscente. Pueden bucear hasta a 40 metros de profundidad. Con un compresor de aire que colocan en el bote y una manguera de por los menos 50 metros, se internan en lo profundo del mar por no más de 20 minutos. De lo contrario alguno de los miembros del cuerpo podría quedar paralizado por la presión del agua (como de hecho sucedió varias veces entre la gente de la isla). Allí, sin necesidad de linterna, buscan las madreperlas, poniendo literalmente sus vidas en las manos del compresor que les mande el oxigeno desde la superficie. Al subir deben hacerlo bien lentamente, no vaya a ser que el cambio de presión sea tan brusco que mueran de síndrome de descompresión. Así le sucedió desafortunadamente a un joven, tan sólo unas semanas antes de que yo llegase a la isla.

Otros jóvenes no quieren arriesgar la vida y se dedican a plantar algas (seaweed). Trabajo de muchas horas de sol y agua. Clavan varias estacas en la arena debajo del agua, en zonas donde el mar no tiene más de cuatro metros de profundidad. Luego atan sogas largas uniendo las estacas. El resultado es una era submarina. Es justamente en esas sogas donde atan brotes de algas que en un par de meses crecen fácilmente. Se cosecha con la mano y se va colocando en la canoa que flota a la altura del hombro y del pecho. La canoa hace de mesa. Luego la secan en largos muelles. Les gusta mucho hacer este trabajo, en especial a los jóvenes. Me decía Baren, uno de ellos: “Es muy lindo pasarse un día trabajando con las algas. El cuerpo se cansa, y aunque se está en el agua, se traspira mucho…. Y eso es muy sano. Después se come bien y se duerme mucho mejor. Me encanta ir a las plantaciones”.

Por último, mucho de los jóvenes pescan. Son grandes pescadores, y como tienen el mar a sus anchas, basta salir con el bote por un par de horas para volver a casa con unos 40 o 50 pescadotes de todo tipo. Suelen salir día por medio. Luego de la pesca, se reservan unos pocos pescados para ellos y el resto va a para al mercado del pueblito. Lo que sobre se ahúma para poder conservarlo. No todos tienen refrigeradores, pero sí todos sus hornos hechos con barriles de gasolina. Los entretiene mucho el coser las redes, y cuando se fabrica una nueva, se invita a la mayor cantidad de gente posible. Dicen las tradiciones que mientras más gente participe, más pescados sacará la red. Así dicen ellos. Me acuerdo ahora de los mellizos Tekesipa y Rakesipa, que, junto con su papá y su hermano menor, Oten, salían a pescar muy seguido. Nos traían a la parroquia sus pescados ahumados que eran deliciosos. Y como recuerdo me regalaron varios para que me lleve devuelta a Filipinas.

Jóvenes del Grupo San Francisco Javier

Pero también están los jóvenes que van al colegio. Son los menos. Con ellos nos juntábamos por las tardes, ya que recién a las 2:30 terminan las clases. Entre ellos estaban Oste, Tabe, Teipora y Sipere quienes siempre acompañan a la parroquia. Y aunque van al colegio no tienen nada que envidiarles a los que no, porque ellos también tienen sus aventuras. Me acuerdo ahora que volviendo de decir Misa en Arnavon -como contaré en la próxima crónica- Oste y Sipere compitieron para ver quién descortezaba más rápido un coco con los dientes. Yo estaba asombradísimo al ver como metían sus dientes en semejante corteza. Sipere ganó… y Oste se excusó diciendo que su coco era más grande.

Pero lo que más me impresionó de los jóvenes es su devoción. Además de dirigir los cantos casi todos los domingos y de practicarlos con entusiasmo varios días antes, tienen una costumbre del todo particular. Todos los meses, desde el día 9 hasta el 18, hacen una novena a
Santa Teresita a las cinco de la mañana. Rezan oraciones y cantan de lo lindo. Es impresionante cómo están ahí en la Iglesia tan tempranito, en la oscuridad de la madrugada. Es gracioso también, porque llevan sus sábanas y se acurrucan en las bancas. Más de uno se queda dormido, por supuesto. Pero, de todos modos, ¡cuánto me hacía reflexionar! ¡Qué bien cumplida está la obra de Sta. Teresita! Ella ha llegado hasta el fin del mundo. Y estos jóvenes, aunque no tienen ninguna imagen de la santa carmelita, de todos modos, a ella le rezan y cantan.

¿Qué más se hace en nuestra Parroquia de las Islas Salomón? La verdad es que todavía nos falta uno de los apostolados más importantes de la parroquia: el Jardín de Infantes. Contamos con un jardín para niños que se encuentra justo al lado de la casa parroquial. Allí se da clases a por lo menos unos 30 chiquitos. Todos los días tienen sus buenos días, donde les contamos historias de santos o algo del catecismo. La verdad es que son terribles… como en muchos lados. Corretean, llorisquean y es toda una odisea tenerlos sentados por lo menos unos cinco minutos. La varita mágica para domarlos son los caramelos. Les gusta mucho venir al Jardín y disfrutan haciendo lío.

La última vez que les di los buenos días, les conté la historia de la aparición del Sagrado Corazón a Sta. Margarita de Alacoque. Puse mucho suspenso a la historia para mantenerlos bien atentos y gracias a la profesora que traducía -que hacía un excelente trabajo- pudimos lograr tenerlos callados por diez minutos. Comencé preguntándoles porqué Jesús tiene su corazón afuera del cuerpo si es que todos nosotros lo tenemos escondido adentro de nuestro pecho y terminé contándoles que Jesús se sacó el corazón para mostrárselo a Sta. Margarita. Les decía que Jesús tenía las manos con sangre y que su corazón estaba lleno de fuego y espinas. ¿Y Margarita? Súper asustada y boquiabierta. ¿Y qué quería Jesús? Que le saquemos las espinas, con nuestras buenas obras.

Yo por dentro me reía mucho porque los niñitos lo expresaban todo con sus caras. Abrían los ojos, arqueaban las cejas y movían los labios. Están tan acostumbrados a escuchar y retener en la memoria lo que se les dice, que cualquier cosa bien dicha los entretiene como si fuese una buena película. La falta de internet y electricidad tiene muchas ventajas.

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Estas son sólo pinceladas aguadas de lo que es nuestra misión allí, en las Islas Salomón. Hay mucho para contarles… y hay mucho más que no se puede simplemente contar. Hay que vivirlo. El contarlo lo arruinaría… Pero lo que sí quiero contarles es algunos otros apostolados que hice en altar mar, visitando islas y caseríos perdidos en esas llanuras infinitas de mar y cielo, queriendo hacer que el Sagrado Corazón sea amado ubique terrarum.

Fin de la Segunda Parte

P. Bernardo Ibarra, IVE

18 de diciembre de 2019

Lipa, Fillipinas

[1] Cf. Péloquin, Z. (1912). Missionaries of the Sacred Heart of Jesus. In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company.