Para los seminaristas de la “Finca” (Seminario Mayor “María Madre del Verbo Encarnado”)

Quisiera dedicar esta crónica al P. Tomas Orell y a todos los seminaristas del Instituto, y ¡ya verán el porqué!

En el año 2003, con un grupo de seminaristas comandados por el Padre Tomas Orell, tuvimos la gracia de hacer el viaje a las reducciones Jesuíticas del Guairá, y luego la Misión Popular en Brasil, ese año nos tocó la comunidad Santa Lucía en “Fontes”, Embura. Como en casi todas las misiones, fuimos testigos de la gracias de Dios actuando en las almas y como fruto visible, la recepción de los sacramentos, el grupo de jóvenes, el de niños, el grupo de hombres, personas que acompañamos, amigos en Cristo. Por ejemplo vive hoy con nosotros el hermano José Reinaldo, que ayudó en la misión siendo un joven de la parroquia. La Santa Cruz Misionera (que ese año fue hecha con un eucalipto de casi 15 metros y llevaba el recordatorio: “Cristiano, ten siempre en la memoria: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria”), y muchos otros frutos que solo el Espíritu Santo conoce.

El hecho es que a veces el mismo Espíritu Divino, nos lo quiere hacer conocer a nosotros, no sé por qué, pero lo hace; de todos los argumentos que se conocen el que más me convence es que:  el Espíritu Santo sopla donde quiere, cuando quiere y como quiere.

Es así, que el domingo de Ramos fui invitado a celebrar la Santa Misa, en la comunidad de “Fontes”, después de 10 años y ahora como sacerdote….

Me recibió con un abrazo uno de los muchachos que se casó en la Misión, y me dijo: “desde ese tiempo que no he dejado de venir a la Iglesia”; y me presentó a sus dos hijos. Lo mismo sucedió un minuto después con otro joven que también se casó en esa oportunidad; me recordaron que habían sido 70 los matrimonios realizados durante la Misión… Comenzando con ellos, siguió un gran número de personas que me saludó expresando que tenía los mejores recuerdos de aquella Santa Misión.

Uno de ellos se acordaba hasta de un asado que habíamos hecho con el grupo de hombres (s.w.a.t), en el cual el padre Tomás contó cuentos argentinos en portugués y la inolvidable voz del coche-parlante gritando a toda hora: “Salva tu Alma”… Además, me comentaron que desde esa Misión en adelante, la comunidad había siempre crecido, y lo experimenté ya que celebré la procesión de Ramos y la Santa Misa con la Iglesia llena y hasta con gente afuera. Después de la Misa me quedé un rato largo conversando con la gente y ya arreglamos para hacer mas visitas.

Esto me lleva a decirles a los seminaristas que siempre tenemos que poner todo lo que tenemos, porque no sabemos cómo, cuándo ni dónde, Dios lo hace fructificar. Solo depende de nosotros el trabajar buscando El Reino de Dios y su Justicia y el resto se nos dará por añadidura.

Gracias a todos los superiores por enseñarnos a misionar.

¡Viva la Misión!!!!

P. Emilio Rossi IVE

Padre Emilio Rossi, IVE junto a algunos fieles de la comunidad de Embura (Brasil)
Padre Emilio Rossi, IVE junto a algunos fieles de la comunidad de Embura (Brasil)

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