Con ocasión del año de la misericordia, con el grupo de oración y los monaguillos de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, pudimos realizar una peregrinación a Batavia, lugar donde el apóstol de los leprosos trabajó 27 años cuidando de ellos.

Para poder llegar a nuestro destino viajamos dos horas en bus y más o menos una hora en bote. Todos los niños estaban contentos y entusiasmados por conocer el lugar misterioso. Cabe decir que ellos nunca habían ido a este lugar, cuesta mucho dinero y es un poco lejos.

Cuando llegamos a Batavia, luego de una corta introducción, rezamos el viacrucis en el cual se relata la vida del beato comparándola con la vida de Jesús.

En el tiempo de la esclavitud aquellos que se contagiaban de lepra eran enviados a este lugar en bote, donde eran olvidados y nadie se preocupaba de ellos. Vivían sin Dios, como animales. Sin embargo, cuando le preguntaron al beato Pedro Donders si quería venir a Surinam, con generosidad y entrega, dejándolo todo vino a estas tierras. Trabajó incansablemente por 45 años de los cuales 27 años con leprosos, y por gracia de la Divina Providencia nunca se contagió de lepra. Todos los días curaba sus heridas, hizo construir chozas para que tuvieran un lugar digno para vivir y sobre todo les dio la salud espiritual con la celebración de la Santa Misa diaria, y los sacramentos, especialmente de la confesión y la unción de los enfermos. Fue un verdadero padre y amigo para ellos, por esta razón el beato es muy querido, recordado y considerado un santo surinamés. Dejó huellas profundas en este pueblo.

Lamentablemente ahora no hay casi nada en este lugar, ni las chozas, ni capilla, etc. pero el hecho de estar aquí, donde el beato vivió y caminó, el respirar un clima tranquilo, la diversión sana, el clima de oración, significó muchísimo para estos niños. Muchos hacían comentarios como, “me encantaría vivir aquí”.

Lo mejor de todo fue que ellos por sí solos le pidieron confesión al padre que venía con nosotros. Fue algo impresionante, se confesaron casi todos, fue un clima de paz y alegría espiritual. Después de la Misa fuimos al lugar donde murió el beato, le dimos una vela a cada uno  y les dijimos que antes de colocarla pidan una gracia especial al beato. Muchos pidieron la gracia de que venga un párroco a vivir en la parroquia “Nuestra Señora de Fátima”. Ellos se dan cuentan del valor del sacerdote, de hecho cada semana cuando rezamos el rosario piden esta misma gracia.

Damos gracias a Dios por todos estos beneficios y encomendamos a estas almas a sus oraciones.

Unidos en el Verbo Encarnado,
Misioneras en Surinam

Deja un comentario