Querida Familia Religiosa, queremos compartir con ustedes, en algunas líneas, la inmensa alegría de ser misioneros donde Dios nos quiere, donde Él nos pone y Él, a nosotras, se ha dignado ponernos en Brasil, donde la semilla “cayó en buena tierra, y brotando dio fruto centuplicado”

En nuestra Tierra de Santa Cruz, como primero nos nombraron, podemos mirar paso a paso, que el pueblo brasileño – nuestro pueblo- es un pueblo de Dios y vive sediento de Él y quiere encontrarlo y cuando lo encuentra, es el proprio Dios Quien le trae “la ropa, un anillo para su mano y le calza sus pies”[1].

Durante el mes de julio fuimos agraciadas con tres distintas grandes fiestas: los Ejercicios Espirituales para mujeres en San Pablo, el Campamento de Hijas de María y las Santas Misiones en Espíritu Santo.

En primer lugar, la fiesta del silencio.


Los Ejercicios Espirituales han sido predicados a 35 mujeres del día 7 al 10 de julio por un sacerdote del IVE. Al final de los Ejercicios, tuvimos un almuerzo festivo con presentaciones de videos sobre las Misiones de la Familia Religiosa en el mundo. Las ejercitantes se sintieron muy impelidas y entusiasmadas al ver lo que hacen los misioneros por Cristo y por la Iglesia. Es hermosísimo notar cómo ha crecido la búsqueda de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. A la hora de la despedida, una joven dijo a una religiosa nuestra: “Hermana, he encontrado acá el Cristo que se ocultaba en la tormenta del mundo”.  Verdaderamente, nuestro pueblo busca a Dios.

En segundo lugar, la fiesta de las reinecitas.


El campamento para las Hijas de María contó con la presencia de cerca de 90 niñas de 5 a 14 años de edad, del día 14 por la noche hasta el domingo 17. Sobre los niños no hay nada más que decir, ya sabemos cómo es su presencia, hay anécdotas sin fin. “Dejad a los pequeñuelos venir a Mí: no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Lc 18,16), estas solas palabras sobre ellos nos bastan. Son de Jesús, a ellas les pertenecen el Reino, Hijas de la Reina de Fátima, son ellas: las reinecitas. Las pequeñas hicieron fiesta estos días, “el Sol bailó” y el cielo descendió para contemplar tal hazaña. Y una de las tantas es de dos chiquillas que estaban charlando. Una estaba de rodillas con su maleta en una subida y la otra le decía: “¿-Qué haces subiendo de rodillas?”, y la respuesta ha sido: “¿-No has entendido a los tres pastorcitos?! Yo estoy haciendo penitencia!”.  “-Pero, no hay otra manera de hacer penitencia? ¿Qué idea es esta de subir de rodillas con tu maleta?”; y la penitente contestó dando fin a la charla: “¡-Cada una ofrece a Dios lo que puede. Él lo acepta todo!”.

Ciertamente acepta todo lo que le ofrecen las que son reinecitas del Reino que es suyo. Nuestro pueblo busca a Dios.

En tercer lugar, la fiesta de las calles.


Las Santas Misiones en estas vacaciones se han realizado en la Parroquia San José de Anchieta, en Espíritu Santo, una de las seis parroquias de los Padres del IVE en Brasil. El envío misionero fue dirigido a unos 100 misioneros, entre sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos.

La Santa Misión empezó con dos núcleos de actividades, dada la extensión de la parroquia. Así los misioneros se dividieron, llevando dos misiones paralelas, con el objetivo de centralizar todo en la Iglesia Matriz. Y así, del 9 al 17, con toda la fuerza gritábamos por las calles: “¡Santa Misión!”, a lo que el pueblo respondía más fuerte todavía: “¡Salva tu Alma!”. Este grito en procesiones, caminatas, salidas con los jóvenes, paseos con las familias, fogones…ha llegado a muchos y diversas veces nos detenían en la calle con la pregunta: “¿Qué está sucediendo en nuestro barrio?”. Y la respuesta la daba la misma gente: “¡Son las Santas Misiones!”.

El ejemplo de caridad ha movido a muchos en esas misiones, los testigos son de los más variados. Sabemos que todo proviene de aquel principio: estábamos allí por Cristo y su caridad, aquella caridad que nos apremia cuando pensamos que Él, único, sufrió la muerte por todos (II Cor 5,14), esta era la verdadera caridad que urgía.

Normalmente sucede en las misiones que la gente nos dice: “¡No se vayan! ¡Que se queden con nosotros! ¡Es tanto el bien que han hecho!”. Y en el alma del misionero suenan como eco aquellas palabras: “Quédate con nosotros, Señor, porque es tarde, y ya ha declinado el día” (Lc 24,29).  Lo tenemos por cierto que nuestro pueblo no nos busca por nosotros mismos. Nuestro pueblo busca y quiere a Dios.

Así, se han realizado las fiestas de este mes de julio en Brasil: en el silencio, con las reinecitas y por las calles. Vamos “de fiesta en fiesta hasta la Fiesta”[2]. Pidamos por los frutos de los apostolados de todos nuestros misioneros y adentremos en la barca, ¡Duc in altum![3], porque “comenzaron la fiesta”![4].

SSVM misioneras en Brasil

[1] Cf. Lc 15, 22-23

[2] Cf. Directorio de Espiritualidad [211]

[3] Cf. Lc 5,4.

[4] Cf. Lc 15, 24

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