“TODO EN MARÍA” (Cont. 325)

Querida Familia Religiosa:

Con etas palabras de nuestras Constituciones, quisiéramos compartir con ustedes la experiencia del mes mariano en nuestra pequeña parroquia bizantina al norte de Sicilia. No podíamos dejar atrás el vivir también nosotros, de modo especial, el mes mariano en esta inmensa isla. El objetivo era llevar una imagen de la Virgen por las casas, enseñando a rezar a aquellos que desconocieran la potente intercesión de la Madre de Dios y con aquellos más devotos, hacer apostolado en sus casas. Así fue que desde el 1° de mayo una imagen de tamaño mediano de la Virgen de Fátima, comenzó su peregrinación por las casas y calles de Contessa Entellina. De este modo cada día la Virgencita acompañada por una hermana, visitaba una familia que se encargaba de difundir la noticia e invitar a la mayor cantidad de personas posible, entre amigos, vecinos, parientes y todo aquel que quisiese participar (para la familia resultaba todo un evento) y todos juntos, rezaban el Rosario. Poco a poco se fue corriendo la voz por todo el pueblo y muchas personas venían a pedir que la Virgencita pasara por sus casas. La imagen de la Madre de Dios debía pasar por sus hogares como una bendición y ellos debían cumplir la misión de invitar a otras personas para honorarla con el Santo Rosario. Muchas veces, incluso, la llevaban en procesión de familia en familia.

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Pero la Virgen no podía ausentarse tampoco en el Oratorio. Los niños también tenían que participar del apostolado mariano. Se nos ocurrió entonces hacer cada domingo en el Oratorio, con la misma imagen peregrina, una procesión por las calles del pueblo, haciendo cada vez, un recorrido diverso. Los niños debían ser los “misioneros de María” haciendo recordar a quien lo hubiese olvidado, que el mes de mayo era el mes de María. La procesión comenzaba a las 16.30, pero los niños ya a las 14.30 llegaban para preparar el anda, adornarla con flores, o simplemente para asegurarse un puesto para llevarla a cuestas. Cada domingo se veía un gran grupo de niños (entre 30 y 40) acompañados por las hermanas y por nuestro párroco: “Papás Jani Stassi”. Al paso de la procesión iban tocando unas diez campanitas, se cantaba a la Virgen y se hacían paradas para rezar los misterios del Rosario. Nadie entendía qué sucedía, pero apenas oían el sonido de las campanas, se asomaban por las ventanas de sus casas y de inmediato se unían a la ceremonia.

 

Concluimos el año catequístico también con la procesión de los niños. La Virgen debía reinar en cada apostolado nuestro y a Ella ofrecimos cada alma que Dios nos confía para llevarla hacia la Patria Celestial.

 

En Cristo, Verbo Encarnado y en su Santa Madre,

Madre María Eleusa

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