Debemos tener una muy grande devoción a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo: “Todo está en la Pasión. Es allí donde se aprende la ciencia de los santos”, el amor que no nace de la cruz de Cristo es débil…”, así nos exhorta nuestro Directorio de Espiritualidad (nº 137).

Es por eso que, siguiendo lo que nos transmite el carisma de nuestro Instituto y gracias a aquello que hemos aprendido en el Seminario Mayor: “María Madre del Verbo Encarnado”, cuando nos enseñaron la importancia de ir completando el “libro de la Pasión”; en nuestra Parroquia “Jesús el Buen Pastor” (Santiago – Chile) hemos logrado hacer una muestra permanente de las reliquias de la Pasión de Cristo, muestra que fue bendecida por el Obispo de San Bernardo, Monseñor Juan Ignacio Gonzalez Errazuriz el día 22 de abril.

Se trata de las réplicas de algunos instrumentos que se usaron en la Pasión de Cristo y que conservamos en la Iglesia como si fueran los mismos instrumentos que tuvieron contacto con el Cuerpo Cristo, aquellos instrumentos que algunos llaman: “los testigos del Gólgota”. Instrumentos que el mismo Cristo quiere que contemplemos para que conozcamos y aprendamos de su amor, como se lo dijo a Santa Gema Galgani: “Mira, hija mía; mira cuánto he padecido ¿Ves esta cruz, estos clavos, estas espinas? Todo es obra de amor. Mira y aprende cómo se ama”.

Aunque las fotos son más que elocuentes, pasamos a describir brevemente las réplicas. Es importante aclarar que las réplicas se hicieron siguiendo los datos que ofrece la Sábana Santa de Turín.

1)     Los flagelos

Los flagelos usados con Jesús, es decir, el “flagellum taxillatum”, conocido como el “escorpión”. Este flagelo tenía tres cuerdas de unos 35 a 45 cm. de largo y cada cuerda terminaba en dos bolitas de plomo que no eran perfectamente redondeadas, sino que tenían puntas.

2)    Los clavos

Los tres clavos que se usaron para crucificar a Jesús. Es decir clavos cuadrados, de 15 cm. de largo aproximadamente y de casi 1 cm. de espesor.

3)    El título de la cruz

El “título de la cruz”, conocido como la “tabla de Jesús” y que ha entrado en la iconografía cristiana con la abreviación I.N.R.I.

El Apóstol San Juan (19, 19-20), testigo ocular de la crucifixión, narra en su evangelio lo que estaba escrito en la tabla: “Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: Jesús Nazareno, rey de los judíos”, agregando que: “estaba escrito en hebreo, en latín y en griego”.

Es interesante notar que los tres renglones están escritos de derecha a izquierda, porque es el modo en el cual escriben los judíos.

4)    La corona de espinas

La Corona de Espinas que no tenía forma de anillo como suelen representar los artistas, sino probablemente forma de casco, como una corona oriental, cubriendo toda la cabeza. Rodeando la cabeza desde la nuca hasta la frente.

5)    La punta de la lanza

Narra el Evangelista San Juan (Jn 19, 33-34) que después de la muerte de Cristo “uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua”.

La herida del costado, que se puede observar en la Sábana Santa de Turín, tiene forma elíptica y mide 4,4 cm. por 1,4 cm. y coinciden con las dimensiones de la punta de la lanza romana que usaban los legionarios, que con la ayuda de un orfebre hemos reproducido.

6)    La Sábana Santa de Turín

Por último, la reliquia más importante es la réplica exacta de la Sábana Santa, reproducción a escala 1:1, a partir de una foto del profesor Giandurante del año 2010, propiedad de la Arquidiócesis de Turín, la réplica fue enviada directamente desde Italia.

¿Qué es la Sábana Santa? Un lienzo de lino de 4,37 m de longitud y 1,13 de anchura y de aproximadamente 1 kg de peso. Es la sábana que cubrió el cuerpo de Cristo en el sepulcro, como narra el Evangelista San Marcos (15, 43.46): “José de Arimatea… comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca”.

La Sábana Santa de Turín es la reliquia más importante de la Iglesia Católica, un valioso testigo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, por esto es llamada: “la madre de todas las reliquias”. La Sábana Santa es testigo del Gólgota y del Santo Sepulcro porque en ella, como escribe el P. José Luis Carreño, SDB: “Las gotas de sangre permanecieron con el fin de recordarnos para siempre la Pasión y las sombras (de la imagen) ‘marcadas a fuego’ para indicarnos la Resurrección, anticipo de nuestra futura resurrección”.

Es muy importante destacar que muchos Pontífices han manifestado su amor y devoción a la Sábana Santa. En estos últimos tiempos, por ejemplo, el Papa San Juan Pablo II, a quien consideramos Padre espiritual de nuestra Congregación, no ahorraba elogios para hacer tomar conciencia a todos los fieles del mundo de la importancia de la reliquia que envolvió el Cuerpo de Cristo y que se conserva en Turín. Estas son algunas de las enseñanzas que nos ha dejado el Santo Pontífice sobre la Sábana Santa: “La reliquia más espléndida de la Pasión y de la Resurrección[1]. “La Sábana Santa, reliquia extraordinaria y misteriosa, es un testigo singularísimo – si aceptamos los argumentos de tantos científicos – de la Pascua: de la pasión, de la muerte y de la resurrección. ¡Testigo mudo, pero al mismo tiempo sorprendentemente elocuente![2]. (Después de haberla venerado de rodillas): “Lo que importa al creyente es que la Sábana Santa es un espejo del Evangelio… la imagen tiene una relación tan profunda con cuanto los Evangelios cuentan de la pasión y muerte de Jesús que todo hombre sensible se siente interiormente tocado y conmovido al contemplarla”.

Esto último que dice San Juan Pablo II: “todo hombre sensible se siente interiormente tocado y conmovido al contemplarla”, es lo que hemos visto en nuestra Iglesia desde que expusimos las réplicas de las reliquias.

A pesar de la sencillez de las réplicas, sin embargo, han sido de mucho fruto espiritual para las almas de los fieles y de aquellos que vienen de otros lugares, ya que con una simple mirada a las reliquias de la Pasión comienzan a tomar un poco más de conciencia de lo que significó para Jesús su Pasión, su Sacrificio.

Algunas personas se han quedado contemplando las réplicas largo rato, en silencio, muchos les toman fotos, otros, incluso niños se han quedado leyendo las explicaciones que se han colocado cerca de cada réplica. Algunos jóvenes, más tecnológicos, han hecho la experiencia de sacar fotos a la Sábana Santa y aplicar sobre ella el efecto negativo, para quedar sorprendidos ante la aparición del Rostro y del Cuerpo de Cristo en positivo… con lo cual se van convenciendo, por sí solos, de que la imagen de la Sábana Santa no es obra humana y a su vez les despierta más interés.

Nunca sabremos hasta dónde ha podido calar en el alma de la gente ésta experiencia tan cercana a la Pasión del Señor. Rogamos a Dios que estas réplicas de las reliquias de la Pasión de Cristo, despierten en las almas el deseo de amar e imitar cada vez más a Cristo y a Cristo Crucificado, porque como dice San Luis Orione: “a Jesús se lo ama en la cruz y crucificados con Él, no de otro modo” (Directorio de Espiritualidad nº 143).

Para concluir queremos hacer los correspondientes agradecimientos:

En primer lugar a Dios y su Divina Providencia que con sus delicadezas no nos deja de sorprender.

A Monseñor Juan Ignacio Gonzalez Errazuriz (obispo de la Diócesis de San Bernardo – Santiago – Chile), quién firmó la carta de pedido para que nos enviaran la copia exacta de la Sábana Santa.

Agradeceos la ayuda de nuestros misioneros en Turín (Italia), especialmente al P. Giuseppe Calvano, IVE; que con generosa disponibilidad nos ayudó en todos los trámites para que nos entregaran la réplica de la Sábana Santa.

Agradecemos a los Novicios de nuestro Noviciado Marcelo Javier Morsella, que trabajaron en la réplica de los flagelos y del título de la cruz. También agradecemos a las Hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, de la comunidad Nuestra Señora del Carmen, que hicieron la réplica de la corona de espinas.

No podemos terminar esta pequeña crónica si dejar de agradecer a nuestro querido Instituto del Verbo Encarnado y la formación que hemos recibido en el seminario, ya que desde los primeros años de formación se nos ha inculcó el amor y la devoción a la Pasión de Cristo, de manera concreta alentándonos a que cada uno de los seminaristas se preocupara de tener y de completar el llamado “Libro de la Pasión”, que se inspira en el consejo del gran misionero San Pedro Claver, el “esclavo de los esclavos negros”, que exhortaba: “hay un solo libro que hay que leer, la Pasión de Cristo”.

Pedimos a nuestra Madre, la Virgen de los Dolores, para que en muchas de nuestras misiones se puedan concretar estos pequeños museos de la Pasión de Cristo, que hagan presente a las almas los “testigos del Gólgota” y para que los misioneros de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, seamos apóstoles de la Pasión de Cristo, lo cual, pensamos que se puede compendiar en aquello que dice San Luis María, cuando describe a los apóstoles de los últimos tiempos como aquellos que irán con el Rosario en la mano izquierda y el Crucifijo en la mano derecha. En el Crucifijo se resume toda la Pasión del Señor.

Pasión del Señor que se renueva cada día en el santo Sacrificio de la Misa.

En el Verbo Encarnado y su Madre María Santísima.

Marcelo Cano; VE.

Bendita sea la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre”.


[1] San Juan Pablo II, Regina Coeli del Domingo 30 de abril, L’Osservatore Romano, 21-22 de abril de 1980, p. 2.

[2] San Juan Pablo II, Visita Pastoral a la Diócesis de Turín, Homilía del Domingo 13 de abril de 1980, L’Osservatore Romano, 14-15 de abril de 1980, p. 4.

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