“La Iglesia, en el nombre mismo de Cristo, tomo posesión un día de toda vuestra capacidad de vivir y de amar. Era vuestra profesión monástica. ¡Renovadla a menudo! Y, a ejemplo de los santos, consagraos, inmolaos cada vez más, sin pretender siquiera saber cómo utiliza Dios vuestra colaboración”[1].

Sin título1

Las palabras de San Juan Pablo II, a quien consideramos Padre de nuestra Familia Religiosa, resonaban en nuestros oídos durante la Santa Misa celebrada el pasado 17 de mayo; en la cual dos de nuestras hermanas, María Siempre Virgen Torres y María de Betharram De Arza Blanco, fueron admitidas definitivamente a la vida contemplativa.

La Santa Misa fue presidida por el R. P. Alberto Barattero, Padre espiritual de las SSVM y concelebrada por el R.P. Gonzalo Ruiz. Estaban presentes la M. María de Anima Christi, Superiora General, la M. María Corredentora, Superiora Provincial y la M. María Orante, Secretaria Provincial.

Por admisión a la vida monástica en nuestro Instituto se entiende, la incorporación definitiva a la vida contemplativa.

Sin título2Como lo indica nuestra Regla, es competencia de la Superiora General permitir el ingreso a la vida contemplativa de las candidatas que lo solicitan, como también, admitirlas definitivamente, oído el parecer de su Consejo, después de un período de prueba de cuatro años.

Durante dicho tiempo, en vistas a las admisión, se consideran en la candidata principalmente: la participación en el coro, la adoración diaria al Santísimo Sacramento, el espíritu de penitencia, el ejercicio de la caridad fraterna, la práctica del silencio, la fidelidad a la celda, el apostolado monástico, la guarda de la clausura y la generosidad en el trabajo[2].

El ferviente deseo de estas dos hijas del Instituto, de donarse enteramente a Quien las llamó a una vida de mayor intimidad con Él en el silencio y la oración, se expresa hermosamente en la fórmula de pedido de admisión, que leen durante la ceremonia, y cuyos párrafos queremos destacar:

“Con el deseo de ser dócil al Espíritu Santo, que condujo a Jesús al desierto, para compartir la soledad de mi Esposo, que por medio del Espíritu Eterno se ofreció al Padre, yo, Hna. …… comprometo todas mis fuerzas a vivir con fidelidad la vida contemplativa en el Instituto “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”. Se trata pues de vivir “la intimidad con Dios en todo lo que piense, en todo lo que hable y en todo lo que obre”[3], buscando en ella la absoluta fidelidad al Espíritu Santo, ya que como dicen nuestras Constituciones “nuestro pobre aliento únicamente es fecundo e irresistible si está en comunicación  con el viento de Pentecostés”[4].

Sin título3

Continúa la candidata declarando ante los presentes que desea “vivir el misterio de fe de la Iglesia, mostrando a todos la primacía del amor a Dios y el valor de las virtudes mortificativas y donarme a Dios en intercambio de amor”. En efecto, por medio de nuestra vida escondida, alimentada solo de la fe, buscamos cumplir sencillamente lo que pide nuestra Regla: ser “testigos de lo trascendente”, porque queremos proclamar con nuestra vocación y género de vida que Dios es todo y que debe ser todo en todos[5]. Este ferviente deseo de dar a Dios lo que es de Dios, de pagar amor con amor y mostrar el valor de las virtudes mortificativas nos atañe muy de cerca, no sólo como contemplativas sino por el mismo hecho de pertenecer a nuestra Familia Religiosa, la cual, para imitar mejor al Verbo Encarnado desea “vivir intensamente las virtudes del anonadarse: humildad, justicia, sacrificio, pobreza, dolor, obediencia, amor misericordioso…, en una palabra tomar la cruz”[6].

Y todo esto con un fin que expresa a continuación la misma fórmula: “por la salvación de las almas, y de modo particular por todos los miembros de nuestra Familia Religiosa, especialmente por los sacerdotes”.  Esto se comprende perfectamente a la luz de nuestra Regla que indica la particular participación que tiene la contemplativa en la misión apostólica de la Iglesia y de nuestra Familia Religiosa, “no de cualquier manera, sino que con su vida de oración y penitencia “están a la vanguardia de todas las obras de apostolado”[7], siendo “piezas claves del empeño apostólico de nuestro Instituto”[8].

De aquí el especial compromiso que tenemos, de “apoyar y respaldar” con nuestras vidas la misión de los sacerdotes en la Iglesia y de modo particular los sacerdotes de nuestra Familia Religiosa, “pues el sacerdote es mediador entre Dios y los hombres. Es ordenado para consagrar; como instrumento divino presenta al Padre el mismo Hijo que, por amor, se inmola verdaderamente de modo sacramental bajo las sagradas especies”[9].

Esta misión particular se verifica especialmente en relación al Santo Padre, haciéndonos eco en nuestras vidas del pedido que hiciera S. Juan Pablo II: “Os encomiendo la Iglesia, os encomiendo los hombres y el mundo. A vosotras, a vuestro ‘holocausto’ me encomiendo yo mismo, Obispo de Roma. Estad conmigo, cercanas a mí, vosotras que estáis en el corazón de la Iglesia”[10].

Finalmente, para poder ser fiel a esta vocación particular, la candidata termina pidiendo “la intercesión de Nuestra Señora, de quien soy esclava, de los Doce Apóstoles, de San José y de nuestros santos Patronos, esperando alcanzar la perseverancia en este propósito por el amor y la gracia de la Santísima Trinidad”.

A continuación, la M. María de Anima Christi admitió definitivamente a las dos hermanas a la vida contemplativa y como signo de ello le entregó a cada una la Regla Monástica, pidiendo que se manifieste en sus vidas lo que con diligencia han aprendido.

Al finalizar la Santa Misa compartimos un almuerzo en un clima familiar y de mucha alegría con los Padres y Madres presentes. Por la noche siguieron los festejos al interno de la comunidad para homenajear a nuestras hermanas María de Betharram y María Siempre Virgen.

Damos gracias a Dios por estas dos nuevas hermanas admitidas definitivamente a la vida contemplativa. Agradecemos a los Padres del IVE y a las Madres que estuvieron presentes y nos acompañaron en este día.

Nos encomendamos a sus oraciones para poder ser en todo momento “testigos de lo trascendente” para Gloria de Dios, para el bien espiritual de nuestra Familia Religiosa y de la Iglesia toda.

En Cristo y María,

Hna. María del Cielo

Monasterio “Beata María Gabriela de la Unidad” – Pontinia (Italia), 19 de mayo de 2014

Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará 

Deja un comentario