“Tengo sed” es el suspiro que Jesús, ansioso de amor, exhala desde la cruz. Es la sed de almas, como enseñan los santos, la que hace suspirar a Jesús, es esta sed la que a la vez urge a los misioneros a conquistar almas para saciar a su Divino Señor y es por esto que repetidas veces llegan crónicas de misiones populares de todas partes del mundo y sus admirables frutos que sorprenden. En esta crónica les contaremos algo sencillo, pero que nos hace admirar la obra magnífica de Dios en las pequeñas cosas, es una alegría saber que más almas se acercan a Dios y la sed del corazón de Jesús, para el que cada alma tiene valor infinito.

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La semana del 13 de octubre, realizamos desde el hogarcito Divina Providencia la misión familiar. Cada día dos hermanas con algunas de las chicas salían a visitar las familias de las niñas y abuelas del hogar que ya se les había asignado, llevando una imagen de la Sagrada Familia. Era muy edificante ver cómo la gente, a pesar de ser muy humilde, recibía a las misioneras lo mejor que podía, con gran alegría y dando todo lo que les era posible, así entre mates, gaseosa, galletas, como suele pasar en las visitas de casas, se hablaba con las familias, se las escuchaba y sobre todo ante la Imagen que llevábamos se pedía por ellos y sus intenciones, luego a aquellos que querían se les bendecía la casa.

Fue también una gracia muy grande para nosotras y nos fue de gran ayuda para conocer más a nuestras chicas, conocer su vida, su entorno familiar y la obra que Dios hizo en ellas, cómo las trajo al hogar para que lo conocieran a Él, vivan la vida de gracia y sean así para sus mismas familias el pararrayos de la ira divina y el medio a través del cual alcancen las gracias que les tiene preparadas.

Para el cierre de la misión se los invitó a todos a participar de la Santa Misa el día sábado por la tarde, luego de la cual tuvimos una cena y un divertido bingo con muchos premios. Aprovechamos la oportunidad también para agasajar a las madres por su día, que en Argentina se celebraba al día siguiente.

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A pesar de que las abuelas y niñas que por sus limitaciones no podían ir a misionar no pudieron salir, tuvieron un papel principal y muy importante en la misión porque fueron ellas las que con sus oraciones y sacrificios, que ofrecieron toda la semana con este fin, alcanzaron los frutos y muchas gracias que solo Dios conoce. La oración es lo más importante, el Papa Francisco dice de un modo muy hermoso: «En todo el mundo se comprueba una angustia terrible, un espantoso hambre de amor. Llevemos, por tanto, a nuestras familias la oración, llevémosla a nuestros niños, enseñémosles a rezar. Pues un niño que ora, es un niño feliz. Familia que reza es una familia unida».

Nos encomendamos a sus oraciones y sepan que siempre están presentes en las de estas almas puras, porque ellas siempre rezan no solo por su familia natural sino también por los miembros de su familia religiosa. Que la Virgen Reina y Madre de las Familias los proteja y los colme de bendiciones a todos. «María está siempre atenta para traer al mundo la alegría, la paz y la reconciliación. Ella nos conduce hacia Dios, y con sus ruegos amorosos intercede por nosotros». (S.S Francisco)

Hermanas del Hogar Divina Providencia

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