Esta es nuestra gran responsabilidad y misión ya que todo misionero, como dice nuestro Directorio de Espiritualidad, debe imitar a Cristo suprimiendo lo diabólico, asumiendo lo humano y comunicando lo divino. (Cf. DE, 46)

Desde hace ya tres años, a pedido de nuestro señor Obispo, Monseñor César Bonivento, PIME, nuestra pequeña comunidad ha estado organizando retiros espirituales para los maestros y enfermeros de la diócesis. Este año hemos dedicado los meses de abril y de mayo para este apostolado. Tres días intensivos de reflexiones, meditaciones, Santa Misa y Sacramentos… a lo cual también hay que sumar los días de viaje, ya sea en bote o camionetas 4×4, y en alguna oportunidad también se suma el viaje en canoas por casi diez horas, durmiendo a mitad de camino cuando bajo el sol y prosiguiendo al día siguiente.

La diócesis cuenta con treinta escuelas primarias, setenta y cinco preescolares y ocho centros de salud distribuidos en la zona de la costa y en la selva. En un primer momento se organizaron siete retiros para agrupar por zonas a las escuelas y poder reunirlos de modo práctico. Pero por diferentes razones solo se pudieron concretar seis retiros.

Id y enseñar… llamar a la conversión…exhortar… fortalecer… tareas tan hermosas y llenas de responsabilidad que encienden y arden como fuego devorador en el ama de todo misionero.

Gracias a Dios y a nuestros superiores pudimos predicar estos retiros de conversión, junto a la hermana M. Koluse y en el último retiro también nos acompañó la hermana Rosas, a quien agradecemos su ayuda y ejemplo. Para muchos de los maestros y enfermeros era la primera experiencia de algo así, solo para muy pocos era éste su segundo o tercer retiro.

El número de asistencia no ha sido tal vez el que esperaría todo predicador, pero no por esto dejamos de ir. El grupo menor fue de dieciséis y el mayor de cuarenta y cuatro. Todo esto sumó un total de ciento noventa y un participantes.

Siempre nos acompañó un sacerdote, ya sea el mismo párroco u otro sacerdote, pues era imprescindible para el fin de este apostolado, pues solo ellos son instrumentos para derramar la Misericordia de Dios en las almas mediante los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. Nosotras tuvimos la gran alegría de poder participar en la tarea de engendrar hijos para Dios ayudándoles a dar nuevamente vida en las almas de muchos que estaban alejados de Dios.

Fuimos y regresamos de todas estas incursiones sin mayores problemas, brindando todo lo que pudimos, ya sea desde el punto de vista espiritual como también el material. Por todo esto queremos agradecer de todo corazón la ayuda espiritual de nuestras hermanas y de todos aquellos que han estado rezando y ofreciendo sus sufrimientos y enfermedades por los frutos de estos retiros espirituales. Realmente en todo momento hemos visto la mano providente y protectora de Dios y de Nuestra Madre Santísima; nosotros solo fuimos siervos inútiles, instrumentos de la mano misericordiosa de Nuestro Padre.

Que la Virgen Santísima nos alcance a todos la gracia de siempre arder, de gastarnos y desgastarnos por el bien de las almas y por nuestra propia santificación.

Nos encomendamos nuevamente a sus oraciones.

Unidos siempre en Cristo Y María,

Hna M. Sponsa Verbi y hermanas misioneras en el Continente azul.

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