SUBSIDIO PARA EL SEGUNDO MES (SETIEMBRE) DE LA NOVENA DE MESES EN PREPARACIÓN PARA EL CENTENARIO DE LAS APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA EN FÁTIMA

Queridos Padres, Religiosos, Religiosas y miembros de la Tercera Orden:

Este segundo mes –setiembre de 2016– tendremos presente la Inmaculada Concepción de María Santísima. Esta prerrogativa nos recuerda la gran verdad de que María fue concebida sin pecado original.

Recordemos que el objetivo de esta Novena de meses es elevar nuestras oraciones como Familia Religiosa, asociada a nuestros amigos y a todos los que quieran asociarse a nosotros, implorando a la virgen el triunfo de su Inmaculado Corazón y una nueva manifestación de su ternura maternal en estos tiempos tan difíciles para la Iglesia, para las familias y para los hombres en general. Hemos señalado tres intenciones especiales:

1. Pedir el triunfo del Inmaculado Corazón de María sobre los peligros por los que atraviesa la Iglesia en nuestro tiempo.
2. Pedir su especial protección por los cristianos perseguidos, de modo singular en Medio Oriente.
3. Pedir por nuestra Familia Religiosa y por las vocaciones.

Como subsidio que envío es el capítulo correspondiente a este dogma del libro “La Virgen María”, de Antonio Royo Marín: La Inmaculada Concepción de María, por Antonio Royo Marín.

También puede leerse la exposición del docto P. José Antonio de Aldama: “La inmaculada Concepción de María”

En este dogma la Iglesia sostiene que la bienaventurada Virgen María desde el primer instante de su concepción, por un singular privilegio de Dios, en previsión de los méritos de Cristo, fue preservada del pecado original.
Inmune de toda culpa original significa que no contrajo el pecado original. Y como en este orden de la Providencia la carencia de pecado original supone la santificación por la gracia, por tanto hablamos de modo indistinto de la inmunidad del pecado original y de la inmaculada o purísima concepción.
Y esto desde el primer instante de su concepción. María no fue santificada en el seno materno antes de su nacimiento, sino en el momento mismo de su concepción; y ciertamente en el mismo primer momento de la unión del alma con el cuerpo.
Esto tuvo lugar por un singular privilegio divino. Se dice “privilegio” porque es una verdadera excepción en la ley general por la que los hombres, propagados por generación natural, son concebidos en pecado original. Y decimos “singular”, porque o sólo a Ella le fue concedido, o al menos solamente de Ella consta.
La causa de este privilegio en María se debe a los méritos previstos de Cristo Redentor. Cae por tanto María bajo la redención de Cristo, aunque de cierto modo más sublime.
El Papa Pío IX definió solemnemente esta verdad como dogma de fe en el año 1854. Por tanto es una verdad de fe divina y católica solemnemente definida.
En 1953, en preparación del primer centenario de esta definición dogmática, el Papa Pío XII publicó una hermosa encíclica, que lleva por título “Fulgens Corona”. Esta puede leerse cliqueando aquí: Pío XII y la Encíclica Fulgens Corona.

Como libros del mes, recomendamos (para descargar cliquear el título):

San Alfonso M. de Ligorio, “Las glorias de María”.

P. Leonardo Castellani: “El Rosal de Nuestra Señora”.

Recuerdo nuevamente que quienes deseen renovar la Consagración a María Santísima con el método de San Luis María de Montfort, que dura 33 días, según el plan del santo, en caso de que deseen hacerlo en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, recuerden que deben comenzar el 5 de noviembre, terminando el 7 de diciembre.

No perdamos ninguna de las oportunidades de honrar a nuestra Madre, en particular viviendo en gracia de Dios, practicando la caridad unos con otros, y realizando obras de misericordia con los más necesitados. Estemos atentos a las diversas actividades que puedan organizarse en cada parroquia y casa religiosa (Rosario, Misas en honor de la Virgen…). Una gran oportunidad para honrar a María Santísima en este mes de agosto, lo tenemos en los festejos de la Solemnidad de la Asunción de Marín, el próximo 15.
Tratemos, asimismo, de confesarnos cada mes, comulgar cuando nos sea posible, y rezar por las intenciones del Santo Padre.

En Cristo y María

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

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