Querida Familia Religiosa:

A través de esta crónica quisiéramos hacerlos partícipes de algunas de nuestras actividades en las parroquias en las que hacemos apostolado, remarcando sobre todo el hermoso trabajo que hemos emprendido para los niños durante las dos últimas semanas de vacaciones.

En Francia, durante el período escolar, los niños tienen cada seis semanas de clases, dos de vacaciones. Estas semanas sin clases sólo afectan a los escolarizados, mientras que los padres continúan sus jornadas de trabajo normal (en la mayoría de los casos trabajan padre y madre). Normalmente, para que los niños no queden solos en casa, se los confían a la guardería que abre sus puertas a partir de las 7.30 de la mañana o los dejan al cuidado de algún familiar (preferentemente los abuelos). Ante esta realidad, se nos ocurrió proponerles a los Papás que envíen a los niños a nuestro “Oratorio”, que en este caso sería una especie de guardería, pero con un tinte más religioso.

Fue así que comenzamos la experiencia. Los niños llegaban a las 9 y a las 9.30 comenzábamos el día con la oración, confiando a Nuestro Señor la jornada y a nuestros seres queridos.

Elegimos como tema del Oratorio las obras de misericordia; los buenos días (pequeño pensamiento al comenzar la mañana) estaban orientados a explicárselas y a darles ejemplos concretos de la manera en que ellos podían vivirlas. Luego exponíamos el Santísimo Sacramento y hacíamos 15 minutos de Adoración guiada. Aquí tenemos que reconocer que los niños nos sorprendieron, puesto que estaban muy atentos y seguían con mucha devoción las oraciones que se les iban proponiendo.

Dado que las maestras entregan a cada niño un cuaderno con tareas que deben completar durante las vacaciones, dispusimos una hora por día para estos menesteres. Recurrimos a la ayuda de algunos parroquianos, quienes colaboraron con entusiasmo. Los que terminaban las tareas o incluso no tenían nada que hacer, tenían tiempo de lectura.

Entonces, una vez cumplido el deber, comenzaban los juegos. Primero se trataba de una búsqueda del tesoro con mensajes para decodificar, relacionados con las obras de misericordia. También había juegos competitivos, momentos verdaderamente de sana alegría para los niños. Luego el almuerzo y al finalizar los niños podían colorear, dibujar, jugar con plastilina, o con los juguetes. Finalmente teníamos una hora de actividades manuales.

 Concluíamos con la Santa Misa y con la merienda.

 Además de estas actividades ordinarias, pudimos realizar algunas salidas:

  • Hicimos una bicicleteada, con una buena guerra de hojas: niños contra niñas.
  • En otra ocasión unos parroquianos nos prestaron su casa. Aprovechamos el gran terreno que tienen y no sólo eso, sino que en el último piso de la casa hay una gran sala de juegos con un escenario de teatro, donde los niños se destacaron por sus habilidades de improvisación y espontaneidad. Para agradecer a este matrimonio, levantamos algunas hojas y ramas del jardín. Concluimos con la Misa y la merienda.
  • La tercer y última salida fue el jueves; fuimos a Lyon. Allí visitamos la basílica de Fourvière, dedicada a María. En esta basílica destaca el magnífico cuadro del fondo que ilustra la protección de María (sentada en el centro, en el trono) a la ciudad de Lyon. Se observa en el cuadro a una joven vestida de verde -color de la esperanza- que es cubierta con el manto de la Virgen y a la izquierda varios personajes (entre ellos la muerte, que amenaza la cuidad bajo las enfermedades y pestes, sobre todo el cólera, otro representa la guerra –un hombre que derrama la copa del veneno del odio, la división) y a la derecha algunos santos. En esta iglesia tuvimos la Misa y luego visitamos este hermoso castillo, contándoles a los niños su historia. También visitamos un parque que incluye un zoológico y varios jardines botánicos, rosales de todas las variedades y etc…

Aprovechamos mucho este tiempo, sobre todo porque pudimos conocer a los niños con los que tratamos frecuentemente, pero en otro ámbito: en lo cotidiano. Fueron días de entretenimiento, de sano esparcimiento, aprendizaje y sobre todo, de contacto con Jesús…

Finalizados los días de vacaciones de los niños, nosotras necesitábamos reponer las fuerzas. Para descansar, unos parroquianos nos prestaron su casa de campo en la montaña, en la región de Ardéche.

Es un lugar precioso, realmente no nos faltaba la recreación de la vista, de la mente y del alma: estábamos frente a la basílica de San Francisco Regis, sacerdote jesuita del 1500, misionero en estas tierras y cuyas reliquias se conservan en esta iglesia.

¿Qué más podíamos pedir, descansado el cuerpo y reconfortada el alma?

¡Ahora sí podemos retomar el día a día, con sus exigencias, desafíos, pruebas y alegrías!

Encomendamos nuestra misión a vuestras oraciones.

SSVM presentes en Lyon-Francia

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