• Una inmensa alegría:

Queremos compartir con ustedes el gran gozo de haber podido finalizar la construcción de la capilla de nuestro Monasterio, que por gracia de Dios, hemos inaugurado el día 28 de noviembre junto a la Familia Religiosa presente en Arequipa.

altar

Si bien para todo convento es central la capilla, podemos decir que lo es mucho más para una comunidad de clausura, ya que es el lugar más frecuentado por las hermanas. Desde allí se adora al Santísimo Sacramento dos horas diarias y también en vigilias de oración continuada; se canta la liturgia de las horas siete veces al día y sobre todo se hace presente el mismo Sacrificio del Calvario en cada Santa Misa. La capilla es nuestro centro en la vida Monástica. Poéticamente lo expresaba el P. Segundo Llorente, hablando de la vida de las monjas de clausura:

“Viven cerca del Sagrario

mientras les dure la vida,

con fuego en el corazón

y lágrimas en las mejillas;

en sus ojos las miradas

a la Hostia dirigidas

pidiendo a Dios compasión

por las ovejas perdidas,

por todos los pecadores,

los ladrones, homicidas,

los herejes, los blasfemos,

los que viven bajo el cisma.

Piden también por los buenos

si acaso se descarrían,

que nunca se descarríen

y en su bondad siempre sigan;

y que los santos se hagan

más ‘santazos’ todavía…

La construcción de este nuevo templo ha sido para nosotras un elocuentísimo signo de cómo debemos esforzarnos, trabajando espiritualmente, por construir nuestro templo interior. En nuestras almas Dios quiere tener una digna morada y a la vez el alma debe vivir, “como desfondada[1] en la Divina Majestad. Decía nuestra patrona: “La Trinidad, he ahí nuestra morada, nuestro propio hogar, la casa paterna de donde nunca debemos salir” (Bta. Isabel de la Trinidad).

 

  • Y el gozo se multiplica:

Sin embargo la alegría no terminó aquí, sino que desbordó durante la participación de la Santa Misa del día 26 de diciembre, fiesta de San Esteban Protomártir; cuando el Arzobispo de Arequipa, Monseñor Javier del Río Alba, vino a nuestro Monasterio para celebrar la liturgia de consagración del nuevo altar.

Toda la ceremonia es muy rica en contenido. Comienza la Santa Misa con el altar despojado de mantel, de flores y de cirios. Después de finalizada la homilía, el Obispo invita a todos los fieles a cantar las letanías de los santos y luego se procede a la incorporación de algunas reliquias, mostrando cómo ellos han sido partícipes de la pasión de Cristo y ahora en el Reino Celestial asocian su oración a la del Único Mediador, Jesucristo, en favor nuestro. Estas reliquias, sobre todo los huesos de los mártires, ennoblecen la piedra del altar al ser “enterradas” bajo el nuevo calvario, donde se realiza el único y mismo sacrificio de la cruz.

Las oraciones realizadas sobre la piedra del altar evocan el misterio de Cristo, prefigurado en el Antiguo Testamento y destinado a ser “Piedra Angular”. La unción del ara con el santo crisma y perfumes aromáticos (como nardo y mirra), nos recuerda que su Santísima Humanidad ha sido ungida por el Espíritu Santo.

Al encenderse el brasero sobre el altar, colocando abundante incienso, pedimos que así como el nuevo templo se llena de este suave aroma, así también en la Santa Iglesia se aspire el aroma de Cristo.

Terminamos citando una parte de la oración de dedicación, que se reza en esta ceremonia:

 

“Que este altar, construido en el lugar de tu asamblea santa,

… sea un ara dedicada para siempre al sacrificio de Cristo.

Esta piedra, pulimentada por el trabajo humano,

sea para nosotros signo de Cristo, de cuyo lado,

traspasado en la cruz, brotó sangre y agua…

Que sea mesa del banquete gozoso a la que acudamos llenos de alegría”.

Agradecemos las oraciones de todas, como también a quienes nos han ayudado materialmente; pues gracias a vuestra ayuda el Señor se ha construido una Casa. A todos va nuestra profunda gratitud, pidiendo que Dios les retribuya con el ciento por uno y la vida eterna!

Hermanas Contemplativas,

Monasterio “Beata Isabel de la Trinidad”,

Arequipa-Perú

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[1] Regla Monástica nº 22

1 Comentario

  1. yo también me uno a la alegria de ustedes de haber inaugurado el monasterio de las madres contemplativas me gustaria ir a saludarlas

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