Por: P. Lorenzo Senaccioli, IVE

 

Querida familia religiosa, quería compartir una reflexión con ustedes.

Aquí en la misión en Tajikistán, como en otras misiones, a veces se experimentan pequeños milagros, pequeñas flechas de aliento que Dios, como excelente arquero, sabe dirigir con precisión a los corazones de quienes las saben reconocer.

Niños que se acercan a Jesús por primera vez, que tartamudean leyendo en su cuaderno el “Ave María” arrodillados en la iglesia, sin ni siquiera saber del todo quién es esta María y qué significan esas palabras que dicen, jóvenes que vienen aquí para buscar respuestas, para saber qué es este templo, “quién es ese hombre clavado en la cruz?”, “cual es la verdadera religión?” … adultos que piden ser cristianos y quieren un libro de oraciones…en resumen, se puede ver que el Espíritu Santo no está sin hacer nada!

Son, a veces, gotas de rocío en el desierto, en muchas de nuestras misiones. Destellos de luz en las nubes. Pensemos en las misiones más difíciles… estos son los consuelos que Dios ha reservado para sus misioneros, de los cuales habla el Padre Segundo Llorente en su libro.

Aquí pongo parte de una carta escrita por el beato P. Clemente Vismara, un gran misionero italiano que evangelizó aldeas paganas en montañas remotas en Birmania, en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando Jesús era un perfecto desconocido para la mayoría de los pueblos de Asia…

En la carta encontramos un poco de lo que a veces se experimenta en nuestras misiones, y una profunda reflexión … Se titula: “Si hubiera aquí un santo”.

[…] De todos estos pequeños hechos, que podrían multiplicarse si no tuviera miedo de aburrirlos, tal vez piensan que solo nos falta un punto para que todas estas personas budistas pasen del lado nuestro. Si fuera verdad!… Pero tengo dudas y me parece que todavía estoy lejos de mi objetivo. De decir a hacer hay en medio lo que sigue. Es cierto, también tengo esperanzas: el ambiente es bueno, sin duda, de lo contrario no habría venido a establecerme aquí.

Y sin embargo! Y sin embargo! Nos falta algo, o mejor dicho me falta algo que no puedo encontrar y no sé qué es, lo que da el último empujón y echa a todas estas personas en el redil.

Que puede ser? No encontrarlo me atormenta. Quizás no he podido convertirme a mi mismo todavía?… Si hubiera un santo aquí, tal vez sería cosa de nada para él.

Quizás pierdo el tiempo quedándome aquí? Ni siquiera esto puede ser cierto, los enfermos me lo muestran, que vienen a ser tratados, las personas que vienen a escucharme hablar, a curiosear. Parecería que no deberían venir, que deberían dejarme vivir en mi sopa, sin embargo, se acercan a nosotros, sin saber ni siquiera ellos, atraídos de qué. Yo no voy a ellos, pero son ellos quienes vienen a mí. En los veinte días de mi estadía nunca he llamado a nadie. Ni siquiera los conozco por su nombre, y ellos me llaman “El sacerdote de Monglin” porque no saben mi nombre.

En sus ojos, parece que puedo leer: “tu ley es hermosa. Tememos que sea verdadera, más verdadera que la nuestra… » […]

Queridos amigos, “si hubiera un santo aquí”… pronto muchas más personas se acercarían a Jesús. Sí. También es culpa nuestra, si muchas personas aún no se convierten, de nuestros pecados, de nuestra tibieza, de nuestros temores de arrojarnos al vacío y arriesgarnos por Cristo.

El cura de Ars le dijo al sacerdote que se quejaba de su parroquia: “Usted durmió en el suelo? Se azotó? Ayunó por esas almas?”, podemos agregar: “Celebraste o participaste de la Santa Misa con la mayor preparación, devoción y recogimiento? Probaste todo lo que pudiste para ese apostolado? Has sido fiel a tu hora de adoración diaria?”

Y a pesar de nuestras miserias, Dios, que es bueno, nos hace ver estas maravillas, pequeñas, pero grandiosas, si las observamos bien. Pequeñas flechas de amor y aliento.

A veces el Señor nos sirve almas en una bandeja de plata. Todo lo que tenemos que hacer es acogerlas con amor y sacrificio. Solo querer ayudarlas y…morir un poco más a nosotros mismos. Y animarnos a soñar un poco más. Sí, soñar, desear a lo grande y rezar para que los sueños se hagan realidad, porque, lo hemos escuchado varias veces: “Los sueños de Dios siempre son muchos más grandes que los nuestros!”

Si tuviéramos seminarios de santos, si tuviéramos santos misioneros, podríamos convertir países enteros! Si 12 pescadores lo han hechos! Cómo? Dices que fue más fácil porque tenían a Jesús entre ellos? También nosotros lo tenemos, y ademas tenemos más medios que ellos. Y a pesar de que entre ellos había un ingrato, un resentido, un calumniador, un tibio…lo hicieron!

No eran mejores que nosotros, tenían miedo, sin filosofía ni teología, no entendían casi nada de lo que Jesús les enseñaba, solo le daban problemas…pero cuando entendieron quién era a quién seguían, cuando entendieron cuál era la fuerza de la cruz, desearon esa cruz y subieron a su Calvario, hicieron el “clic” total, abrieron las velas y despegaron, sin excusas, con entusiasmo, frente a gobernadores, reyes, frente a la muerte, no cedieron de un solo paso.

“Si hubiera un puñado de sacerdotes como este aquí”, dijo el demonio a un alma, “todas las almas me serían robadas”. Hablaba del cura de Ars.

Bueno amigos, nosotros somos más que un puñado, y tenemos de nuestro lado que todo lo que hacemos lo hacemos con María, la “Omnipotencia Suplicante”, porque somos esclavos de Su amor. Y estamos en casi todas partes del mundo. Y tenemos más medios de los que tenía el cura de Ars. Así que….Mucho animo! Adelante a hacer el bien!

Los obstáculos no cuentan, los fracasos no cuentan, aquellos que quieren evitar que hagamos el bien no cuentan. Nuestra santidad cuenta.

Si hubiera un santo aquí!”…

Si, aquí, en Tajikistan, en el seminario, en el estudiantado, en Siberia, en África, en Brasil, en Papúa, en América, en Alemania, en Medio Oriente, en China, en Africa…“Si hubiera un santo aquí!..”

Los santos, siempre los tenemos entre nosotros, a veces los tenemos ante nuestros ojos. Los ejemplos heroicos, los tenemos en nuestra familia religiosa, de todo tipo! Entonces? Fuerza!

A trabajar duro, no perdamos el tiempo, que es poco!

Viva nuestra pequeña familia religiosa!

 

Lorenzo Senaccioli, IVE

Misionero en Tayikistán